«Hola, somos Mavi y José Luis»: la frase que cada día acompaña a miles de personas en España desde Cuenca

La pantalla se ilumina, los auriculares emiten un leve clic y aparece el mensaje de inicio de turno: "Hola, somos Mavi y José Luis"

Así empieza cada jornada en el servicio «Te Acompaña» de Cruz Roja, donde dos voluntarios conquenses han convertido su tiempo en compañía para quien más lo necesita. Una frase sencilla que, para muchos, es la primera voz amable que escuchan en todo el día.

Desde una pequeña mesa en las oficinas de Cruz Roja en Cuenca, Mavi Rubio y José Luis García atienden llamadas de toda España. Llevan más de un año en un proyecto que ha contactado ya con más de 23.000 personas gracias a una red de 159 voluntarios que canalizan, a través de teléfono, WhatsApp, redes sociales y correo electrónico, un torrente de necesidades tan diversas como invisibles.

Las próximas semanas se sumarán otros dos voluntarios de la provincia, que serán formados directamente por ellos.

Un proyecto pionero contra el silencio de la soledad

Reconocido como Buena Práctica por la Red Soledades, este servicio demuestra que la tecnología puede ser un puente cuando se usa para unir y no para separar.
«La falta de comunicación es el gran problema del mundo actual«, coinciden ambos voluntarios. Y esa falta se expresa en voces que llaman desde pisos sin ascensor, pueblos despoblados o ciudades donde nadie mira a nadie.

José Luis relata la llamada de un malagueño desesperado por la situación de sus padres, mayores y con movilidad reducida: «Nos pedía ayuda porque no podía sacarlos ni a la calle. Buscamos la mejor vía para ponerlos en contacto con Cruz Roja de Andalucía y que recibieran apoyo. Notabas el alivio en su voz».

Mavi también guarda historias que no se olvidan: personas que buscan empleo, migrantes sin recursos, mayores que necesitan compañía o usuarios que solo quieren alguien con quien compartir un rato de conversación. «Cada día es distinto. A veces apenas suena el teléfono y otras no te da ni tiempo a respirar«, explica.

En Cuenca, donde un tercio de los municipios tiene menos de 100 habitantes, la soledad es un fenómeno especialmente visible. «En Fresneda de la Sierra —recuerda José Luis— llegaban a quedar solo ocho vecinos». Por eso no sorprende que muchas llamadas procedan de pueblos donde la conversación desapareció cuando se vaciaron las plazas. Como la mujer asturiana de 85 años que suele llamar para recitar poesía: «Solo quiero que alguien me escuche«, repite siempre.

Historias que dejan huella

Al otro lado del teléfono hay momentos que marcan. José Luis recuerda la voz temblorosa de una mujer nigeriana, joven, embarazada, con tres hijos —uno de ellos con discapacidad— y sin recursos: «Era un caso que te desmontaba. Cruz Roja tuvo que intervenir a fondo para que pudiera salir adelante».

Mavi narra la llamada de un hombre de Barcelona cuya familia quedó en la calle tras no obtener asilo: «Pedía ayuda para su mujer y sus hijos. No se me va a olvidar nunca». Y también aquella madre que había perdido a su hijo y buscaba un grupo donde poder expresar su duelo: «Necesitaba hablar, simplemente hablar con alguien que entendiera su dolor».

Cuenca, ejemplo silencioso de solidaridad

Aunque el servicio es nacional, la labor que se realiza desde Cuenca demuestra que las grandes cosas no siempre nacen en las grandes ciudades. A veces basta con una mesa, un ordenador y dos voluntarios que responden con calma y humanidad. Aquí se preparan ya los próximos dos voluntarios conquenses que se incorporarán al proyecto, acompañados por la experiencia de Mavi y José Luis.

Un final que no termina con la llamada

El turno acaba, pero las historias no se olvidan.
A veces, lo que permanece no es la solución, sino la gratitud. «Gracias por escucharme«, dicen muchas personas antes de colgar. Y para Mavi y José Luis, esa simple frase es suficiente. Porque, aunque no siempre puedan arreglarlo todo, sí logran algo esencial: que nadie se sienta completamente solo mientras haya alguien al otro lado dispuesto a responder.

Y cada vez que la pantalla vuelve a iluminarse, la historia vuelve a empezar con esas mismas palabras:

«Hola, somos Mavi y José Luis».

Rafael Torres

Nacido en Cuenca. Estudiante del Grado de Periodismo en 4 ° curso en la Facultad de Comunicación de Cuenca
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