Andrés, pieza clave en el Ayuntamiento de este pueblo de Cuenca se despide: «En todos los rincones del pueblo he tenido algo que ver»

Tras más de 25 años como secretario accidental del Ayuntamiento de El Herrumblar y, desde hace unos meses jubilado, ha sido reconocido recientemente

Un funcionario discreto pero imprescindible, que durante décadas ejerció como secretario, vivió junto a tres alcaldes la transformación de su pueblo. Su reciente homenaje reflejó el aprecio de quienes conocieron de cerca su trabajo y entrega.

El Ayuntamiento de El Herrumblar celebró el pasado 23 de noviembre un acto que no ocurre todos los días: un reconocimiento público a quien ha sido, durante décadas, el rostro discreto pero imprescindible de la administración local. Andrés Pascual Fernández (El Herrumblar, 1961), funcionario administrativo y secretario accidental durante los últimos 25 años, recibió un homenaje que —como él mismo admite— “no se esperaba para nada” y que vivió rodeado de sus familiares, compañeros y los tres alcaldes con los que ha trabajado.

Aún con las emociones a flor de piel, relata cómo vivió aquel momento:
Fue un acto muy emotivo. Me emocioné mucho”, confiesa a El Digital de Cuenca. Y añade que la presencia de tantos compañeros y autoridades le dio una sensación que aún le conmueve: “Cuando vi allí a los tres alcaldes, a mis compañeros y a mi familia pensé: no lo habré hecho tan mal”.

Un comienzo inesperado

Pascual llegó al Ayuntamiento en 1987, cuando tenía 26 años y acababa de terminar Magisterio. Aquella llegada, explica, no formaba parte de ningún plan de largo recorrido. “Creía que iba a ser un trabajo ocasional, mientras preparaba las oposiciones”, recuerda.

Sin embargo, el día a día y la cercanía de la administración local acabaron atrapándole. “Al principio no sabía nada de administración local, pero poco a poco me fui metiendo, me gustó… y ya aparqué totalmente la idea de dedicarme a otra cosa”, cuenta sobre un aprendizaje progresivo que terminaría marcando su vida profesional.

Entró como administrativo. Con los años, y debido a la escasez de secretarios habilitados en pequeños municipios, daría un paso más y asumiría la secretaría accidental. De esa manera acabaría ejerciendo como secretario durante un cuarto de siglo.

Del bolígrafo al ordenador: una vida de cambios

Pascual vivió de primera mano la transformación de la administración local. Cuando entró en la Casa Consistorial, asegura, el trabajo era completamente artesanal.
“En el 87 todo se hacía a mano. Contabilidad, actas… todo en libros, con bolígrafo”, rememora. El salto llegaría cinco años más tarde: “El primer ordenador llegó en el 92” y con ello posteriormente llegó luego la administración electrónica.

La modernización afectó también al propio municipio. Andrés recuerda cómo era el pueblo que encontró en sus primeros años: “Cuando entré, prácticamente todas las calles estaban sin asfaltar”, señala. En aquella época tampoco existían instalaciones que hoy resultan indispensables: “El Herrumblar no tenía ni polideportivo, ni auditorio, ni Casa de la Cultura… ahora tenemos de todo».

Foto: Andrés Pascual/ Cedida

Por eso, cada vez que camina por el pueblo, se reconoce implícitamente en muchos rincones fruto de décadas de trabajo administrativo: “Voy andando por el pueblo y en todos los rincones he tenido algo que ver”

Reconoce que una de las partes más gratificantes de su labor fue gestionar las subvenciones que llegaban al pueblo. “Salía una subvención para cualquier cosa: solicitarla, gestionarla, llevarla a término y, al final, ofrecerla al pueblo para que pudiera disfrutar de eso”, recuerda. “Me gustó mucho mi trabajo, realmente me ha gustado mucho”, añade, destacando la satisfacción de ver cómo sus gestiones se traducían en mejoras tangibles para los vecinos.

Gestionar para que los servicios no se detengan

La experiencia acumulada le ha enseñado que la gestión municipal está llena de trabajo invisible y de dificultades que no siempre se perciben desde fuera.

Uno de esos ejemplos, dice, son las subvenciones: “Una subvención se pide y te la conceden, sí, pero luego hay que gestionarla, licitarla, justificarla… y adelantar el dinero hasta que llega. Y en un pueblo pequeño hay que sacar el dinero de debajo de las piedras”.

También menciona la evolución de servicios esenciales, hoy normalizados, pero que hace no tanto dependían de la buena voluntad de los vecinos.
“La basura la recogía un vecino con tractor y remolque”, recuerda. O el agua potable, que “no llegó hasta 1982” y hasta entonces la gente se servía de aljibes. A todo ello se sumó la necesidad de mancomunar servicios técnicos y asistenciales, desde arquitectos hasta ayuda a domicilio.

Un panorama complejo, pero también gratificante: «Este pueblo tiene poca liquidez” por lo que resalta la dificultad que supone sacar adelanta cualquier tipo de proyecto en consistorios pequeños.

Para Andrés, la mayor dificultad que enfrentan los pequeños municipios de la provincia de Cuenca sigue siendo la despoblación. «Nos quedamos sin gente y, sin gente, los servicios se encarecen y son más difíciles de gestionar», explica.

Sin embargo, señala que en los últimos años ha habido un cierto repunte gracias a la llegada de migrantes y al desarrollo de actividades económicas, especialmente en la industria alimentaria, como el cultivo de champiñón. «Donde hay gente, funcionan las tiendas, las carnicerías… Pero, para mí, la despoblación sigue siendo el problema más grande», concluye, subrayando la importancia de mantener población para sostener los servicios y la vida del pueblo.

Tres alcaldes y una relación impecable

Durante casi cuatro décadas, Pascual ha trabajado con tres alcaldes, cada uno con su estilo y su época. De su primer regidor, Pascasio Plaza, guarda un recuerdo especialmente cercano: “Con Pascasio fue como de familia. Era un hombre decidido, capaz de hablar con un ministro si hacía falta”.

Sobre los años junto a Bernabea Concepción —amiga de la infancia— habla con afecto y contundencia: “Fueron años muy buenos y muy intensos.

Y del actual alcalde, Leandro Blasco, destaca su implicación y su visión para aprovechar nuevas líneas de financiación: “hemos hecho también muchas cosas, especialmente con las ayudas del Plan Next Generation”.

Con todos, subraya, la relación fue excelente: “He tenido tres alcaldes y con todos muy bien”.

Momentos duros: accidentes, crisis y pandemia

No todo ha sido fácil en estas décadas. Pascual recuerda uno de los episodios más difíciles: un accidente que dejó parapléjico a un joven y cuya responsabilidad recayó judicialmente sobre el Ayuntamiento. “Fue un trago muy gordo”, admite porque “el poste que no estaba en buenas condiciones”.

Tampoco olvida los años de la crisis de 2011, cuando la falta de financiación obligó a tomar decisiones complicadas. “Nos cerraron el grifo de financiación y tuvimos que reducir personal. Hubo falta de liquidez y fue bastante complicado”.

El homenaje que no esperaba

El pasado 23 de noviembre, el Ayuntamiento organizó un homenaje sorpresa en su honor. Andrés cuenta entre risas cómo incluso su familia participó en el engaño previo:
“Hasta mi mujer estaba en el ajo y me engañó bien”, recuerda con humor. “El alcalde me llamó para ver unos papeles… y cuando llegué estaban todos esperándome”.

Foto: Andrés Pascual en su homenaje/ Redes sociales Ayuntamiento de El Herrumblar

La emoción se impuso entonces a cualquier otra sensación: “Me quedo con el orgullo y la sensación de que mi trabajo ha sido bueno, porque la gente me lo ha reconocido”.

Foto: Andrés Pascual en su homenaje/ Redes sociales Ayuntamiento de El Herrumblar

Entre los detalles del homenaje, uno le llenó de especial satisfacción: la placa llevaba grabado el escudo municipal. “Lo gestioné yo. Cuando entré no había escudo”, explica con orgullo.

Foto: Andrés Pascual en su homenaje/ Redes sociales Ayuntamiento de El Herrumblar

Una jubilación que aún está asimilando

Aunque se jubiló oficialmente en diciembre del año pasado, continuó acudiendo varios meses más para garantizar una transición ordenada.
“El Ayuntamiento ha sido mi casa. No me ha costado ningún trabajo ayudar hasta que llegó la nueva secretaria”, afirma.

Insiste en que no desea que nadie le eche de menos: “Los compañeros que se quedan son muy válidos y la secretaria que lleva ahora el área está muy implicada”. Por ello, confía en que el Ayuntamiento siga funcionando con normalidad y concluye: “Me gustaría que no me necesitaran”.

Sobre si echará de menos la secretaría, no duda: “El trabajo sí, claro que sí. Pero sabía que era el momento de parar”.

Ahora afronta una etapa más tranquila: “Tomarme la vida con más facilidad. Este año he viajado lo que no había viajado nunca”, cuenta entre risas. Tampoco descarta retomar estudios “por conocimiento”, especialmente de historia o biología, dos pasiones en su vida.

Un mensaje para sus vecinos

Tras toda una vida al servicio de El Herrumblar, Pascual envía un mensaje claro, sincero y lleno de cariño: “Ha sido un orgullo y un honor trabajar para mi pueblo. Estoy totalmente agradecido a todo el mundo”.

Ricardo Vega

Conquense de adopción. Graduado en periodismo por la Universidad de Castilla-La Mancha y con experiencia en medios como CMM, Agencia EFE y Las Noticias de Cuenca.
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