En plena Serranía de Cuenca, donde las rocas calizas parecen surgidas de un cuento mítico, hubo un día en que el silencio del monte se vio alterado por la llegada del espía más famoso del cine. En 1999, Pierce Brosnan, convertido en James Bond, recorrió los Callejones de Las Majadas para convertir este paraje remoto en un improvisado rincón de Azerbaiyán.
La producción de El mundo nunca es suficiente buscaba un escenario capaz de evocar las montañas del Cáucaso. La primera opción fue la Ciudad Encantada, pero la falta de permisos desvió la atención hacia los Callejones, un laberinto pétreo esculpido por la erosión durante millones de años. Su mezcla de pasillos estrechos, torres naturales y arcos imposibles encajaba a la perfección con el paisaje que exigía la trama del oleoducto.
Quince días de trabajo
Durante semanas, Las Majadas vivió un pequeño terremoto. Camiones, grúas y técnicos ocuparon pistas y explanadas. Muchos vecinos participaron como extras caracterizados como trabajadores azerbaiyanos, y ganaron unas 5.000 pesetas al día por su papel. Para ellos, la experiencia fue tan sorprendente como divertida, con largas esperas, mucha curiosidad y anécdotas que aún circulan en el pueblo.
La presencia de Pierce Brosnan y Sophie Marceau aportó, además, un toque de glamour inesperado. El actor irlandés, alojado en el Parador, paseaba por la Plaza Mayor con una naturalidad que hoy sería difícil de imaginar. Mientras tanto, en el set, los asistentes repasaban encuadres, iluminaban las rocas y preparaban el falso oleoducto que debía impresionar al público internacional.
Las escenas rodadas en Cuenca ocupan apenas unos minutos de la película. Sin embargo, requirieron más de quince días de trabajo, entre el montaje del decorado, las pruebas con dobles y los ensayos. El rodaje culminó incluso con una fiesta en la capital que muchos recuerdan como una noche irrepetible.
Un paraíso natural
Hoy, caminar por los Callejones es también pasear por aquel plató improvisado. Las rocas, con sus formas caprichosas -setas gigantes, tormos, muros ondulados-, mantienen intacta la atmósfera fantástica que cautivó al equipo de rodaje. Estos corredores naturales, antaño usados por pastores, son ahora una de las rutas más apreciadas por senderistas y familias.
Mirando al suelo es fácil encontrar huellas de ciervos o jabalíes, y al levantar la vista destacan los buitres leonados y águilas que sobrevuelan el paraje. Completar la excursión con los miradores del Picón del Tío Cogote, el Parque de El Hosquillo o el nacimiento del río Cuervo permite al visitante seguir inmerso en esta mezcla de naturaleza y fantasía.
El paso de James Bond por Cuenca fue breve, pero suficiente para situar a la Serranía en el pequeño mapa de los escenarios cinematográficos. Allí, donde el agua y el viento llevan siglos esculpiendo la piedra, Hollywood encontró un decorado perfecto. Y aunque el mundo nunca sea suficiente, Cuenca, por unos días, sí lo fue para el célebre 007.
Durante semanas, Las Majadas vivió un pequeño terremoto. Camiones, grúas y técnicos ocuparon pistas y explanadas. Muchos vecinos participaron como extras caracterizados como trabajadores