El Paseo de San Antonio, uno de los nombres más antiguos del callejero de Cuenca: toda su historia

“San Antonio… romería noches suaves estivales, van ganando los trigales; patrón de la soltería”

Son ripios del “Tío Corujo” (Julián Velasco de Toledo, para más señas), quien daba cuenta de la actualidad conquense allá por los años veinte del siglo pasado, en la Prensa de Cuenca. Naturalmente, esta estrofa anuncia la fiesta de San Antonio de Padua del 13 de junio, de tanta tradición en la capital y en la provincia de Cuenca. Añeja costumbre, con menos oropel y aire festivo que hace cien años, tanto en la ermita conocida como “San Antonio El Largo”, junto al cauce del río Moscas, como en la ermita de la Virgen de las Angustias, situada en los farallones rocosos de la Hoz del Júcar, donde existe una hermandad de San Antonio desde hace más de doscientos años.

El Paseo de San Antonio es uno de los nombres más antiguos del callejero de Cuenca, que venía a ser como el camino de la Mancha, que enlazaba y enlaza con la carretera de Alcázar de San Juan, que se inicia a la altura de la ermita de San Antonio el Largo, junto a la barriada de las Quinientas y el propio Paseo de San Antonio. Desde hace quince años, además de conectar con la carretera de Alcázar, por la misma vía se accede a la Estación del AVE “Fernando Zóbel” y por un tramo del Paseo acceden las lanzaderas al punto de encuentro de la alta velocidad.

Fiesta de San Antonio, con su Reina y Damas, en 1980, con la presencia del gobernador civil, Antonio Casas Ferrer en el interior de la ermita. / Foto Pinós.

En “El Consultor Conquense” de 1894, el término municipal de Cuenca, con 9.744 habitantes, se componía fuera de la población de cuatro cuarteles y doce distritos. El quinto distrito lo integraban la ermita de San Antonio y aledaños, además de las casas de la Vega Tordera, de María del Hoyo y Bella Vista (Buenavista en el decir popular), el Martinete y el Terminillo, y por ejemplo en el distrito sexto figuraban la Casa Blanca, la de Santa Ana, Molino, Batán y Fábrica de la Noguera de la Alameda.

Eran caseríos diseminados, con fincas de labor y agrícolas. Como dato curioso, frente al caserío y ermita de San Antonio El Largo se encontraba la Fábrica de Paños, de los señores Peña Muñoz Hermanos, en la margen derecha del río Moscas. La fiesta de San Antonio constituía por tanto una auténtica romería, como también ocurría con la fiesta de San Isidro de Abajo.

En San Antonio El Largo la tradición, desde muy antiguo, era participar en la romería, en la que no faltaban los puestos de baratijas,  “confituras y torrados”. Para darnos idea de cómo era aquella romería tenemos que recordar que la casa-ermita de San Antonio El Largo, con santero incluido, quedaba muy lejos del centro de la ciudad, pues hasta 1960 no se inauguró el Poblado de Absorción “Obispo Laplana”, es decir, las Quinientas (en principio llamadas “La Katanga” por el habla popular) y en la década de los setenta se dieron las llaves de las 750 viviendas del Paseo de San Antonio y Avenida Reyes Católicos.

Vista aérea de la zona en la década de los 60.

Los datos de la ermita de San Antonio, situada en un montículo de la Vega Tordera, nos llevan hacia 1770 y en la década de 1960-70 fue restaurada por iniciativa del entonces párroco de la iglesia de San José Obrero, Domingo Muelas, pues se encontraba en estado ruinoso. No cabe duda de que el párroco Domingo Muelas y la propia Hermandad de San Antonio de Abajo la impulsaron y durante algunos años la procesión no sólo recorría el entorno de la ermita, sino que lo hizo por el Paseo de San Antonio, conocido tiempo atrás como el Antiguo Camino de la Mancha por los carreteros y conductores de diligencias camino del Sur.

Es digno de destacar que la Iglesia Ortodoxa Rumana celebra desde hace más de diez años oficios religiosos dominicales matinales en esta ermita de San Antonio de Padua, conocida popularmente como “El Largo”, además de bodas, bautizos, etc. La comunidad rumana de Cuenca ha encontrado en esta ermita, con el plácet de la Hermandad y del Obispado, el lugar propicio para sus cultos.

El Paseo de San Antonio dejó de ser paseo de paso, codo a codo con el ferrocarril, para convertirse en barriada luchadora y emprendedora. Viejos parajes son ya historia, como la reguera de Santa Ana o los solares donde se ubicaban contadas empresas de antaño, como la fábrica de maderas de Juana López San Juan y J. del Pozo, que tenían serrería mecánica en el número 20 del Paseo de San Antonio; o el almacén de leñas de Antonio Cebrián, en el número 4.

Y al principio del Paseo, casa “La Pilarica”, que surtía a su distinguida clientela de vinos, licores y resoli. También a remediar sus males iban las gentes de Cuenca, allá por 1935, al Sanatorio Quirúrgico que en el Paseo de San Antonio número 10, atendían los doctores García Cubertoret y Miguel Suay Rubio.

La ermita de San Antonio, entre la arboleda, vista desde la Ronda Oeste. / Josevi.

La barriada del Paseo de San Antonio dio el gran estirón a partir de 1973, con la construcción de las 750 viviendas y fue en 1978 cuando aquella primera directiva de la Asociación de Vecinos, presidida por Enrique López y completada con los nombres que seguidamente se citan, reivindicó la fiesta para el 13 de junio como día principal: Antonio Prieto Carretero, Teófilo Polo Marín, Luis Soriano Redondo, Raúl Huerta Sahuquillo, Ángel Pozuelo Martínez, Adolfo González Cerrillo, Alfonso Morillas Mazarío, Francisco Javier García Ruiz, Néstor López Vicente, Cipriano Lozano Carralero, Antonio Carrasco Huerta (que fundo la Hermandad de San Antonio en 1976) y Ángel Moya Pérez, tesorero, que además como buen ebanista hizo las andas para procesionar.

Durante dieciocho años las fiestas tuvieron brillo en la barriada, con sus Reinas y sus Damas, hasta 1996, aunque hoy en día las fiestas de esa zona de Cuenca están más centradas en Buenavista y Santa Ana el 26 de julio. No obstante, se mantiene la misa y procesión matinal en San Antonio el Largo, el 13 de junio, festividad de San Antonio de Padua, por el recorrido habitual de la ermita y la Ronda Oeste, con acompañamiento de la Banda de Música como viene siendo costumbre.

EL CEPILLO DE SAN ANTONIO

Además del Paseo de San Antonio no podemos olvidar otra añeja costumbre como lo era el “Pan de San Antonio” en los cepillos de algunas iglesias. “Lo” de los cepillos de San Antonio tiene su gracia, por los textos que aparecían junto a las monedas de papel o de plata en distintas iglesias y en la catedral. Los lampadarios han sustituido a aquellos cepillos de época en los que los “fieles”, entre comillas, expresaban sus agradecimientos y peticiones.

En “El Correo Católico” de principios de siglo se publicaban largas relaciones de los textos que incluían en los cepillos, más conocidos como el “Pan de San Antonio”, instalados en la Catedral y en la Esperancilla. Hemos encontrado los textos más peculiares que se puedan pensar. Aquí van algunas pinceladas:

“San Antonio bendito: te doy los 25 céntimos que te ofrecí por hallar un objeto perdido, y te prometo una peseta si me concedes el favor que te pido”. Cierto egoísmo se vislumbra en algunas peticiones: “Veinticinco céntimos te doy porque me has concedido un favor y no dejes de concederme cuando te pida”.

Un tanto exigente se mostraba este peticionario: “San Antonio Bendito: Aquí te dejo diez pesetas para tus pobres: ruega para que el Señor me conceda su gracia, la permanencia final y una buena muerte”.

Pero a San Antonio no sólo iban a pedirle ayuda las mocitas casaderas o las madres agradecidas, o a dar gracias por haber encontrado un trozo de tela o la aguja en el pajar, sino que los había que tentaban la suerte y hasta la conseguían. Publicaba la prensa que, entre las monedas de papel y de plata, había cuatro recibos de lotería de Navidad, en los cuales se hace constar que el santo jugaba un real en cada uno de ellos. A las pruebas les remito porque en el periódico del 6 de mayo de 1905, en la lista del Pan de San Antonio, aparecen textos como los siguientes:

Capilla de la Esperanza: “Por la parte que San Antonio llevaba en el número 8.480 de la Lotería, doy diez pesetas”.

“Le doy a San Antonio cinco reales que le han tocado en el sorteo de Navidad de 1904”.

Cepillo de la Catedral: “San Antonio Bendito. Te ofrezco 25 céntimos de suerte en el número 12.033 del sorteo del 30 de marzo; su producto, si sale agraciado, para el pan de los pobres”.

¿Recuerdan ustedes aquella famosa frase de un tendero que anunciaba que “hoy no se fía, mañana sí”? Pues algún devoto la hacía patente en su petición: “San Antonio, un duro te ofrezco todos los meses si sacara lo que te pido. Ahora van dos reales”.

Y ya fuera del cepillo, en el cacumen del habla popular, la invocación ante el peligro. Un trabajador se encontraba limpiando los cristales del edificio de 104 plantas más alto de Nueva York, y con tan mala fortuna cayó del andamio, y en la caída exclamó: “¡San Antonio, sálvame!”. Y una mano milagrosa paró la caída del infortunado limpiacristales, pero con una pregunta: “¿San Antonio de qué?” Ante la duda lo salvó… y aquí queda la moraleja.

El Paseo de San Antonio parte desde la barriada Obispo Laplana en paralelo por Reyes Católicos, hasta el paso a nivel del desaparecido ferrocarril. Recientemente, incluido en el Plan XCuenca se construyó un aparcamiento, junto a las vías del tren, que se ha quedado pequeño, en un paseo en parte tapiado para no cruzar los raíles, que en el futuro se espera el muro sea derribado por completo o parte de él, para que vehículos y ciudadanos puedan acceder a la carretera de Valencia y no tener que dar toda la vuelta por las calles paralelas.

Desapareció del Paseo que linda con la parroquia de Santa Ana y la barriada de Casablanca (la Casa Blanca de la finca agrícola de Jiménez de Aguilar), la zona de Telefónica de tantos años y abrió sus puertas un centro comercial que predica el ahorro. También hubo junto al Paseo una plaza de toros, la de Caballer, entre 1913 y 1920, pues hubo que derribarla por fallos de cimentación, pero en esa plaza torearon Juan Belmonte y el padre de Manolete en 1915.

En las últimas décadas los Multicines y las cercanas piscinas cubiertas, y la propias instalaciones deportivas del complejo “Luis Ocaña” le dieron al Paseo y calles adyacentes, con la principal de Reyes Católicos, una mayor atracción para el ocio y el deporte. Si la ermita se denomina San Antonio El Largo, el Paseo también se hace largo, uno de los más extensos de Cuenca, con casi un kilómetro (945 metros), según el Inventario de Bienes Públicos, Viales, del Ayuntamiento de Cuenca.

(Datos: www.elblogdecuencavila.com Facilitados por José Vicente Ávila)

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