Eli Martínez está afincada en el municipio conquense de Huerta del Marquesado, pero no solo se pasa las horas muertas en su taller del pueblo, sino que viaja de feria en feria haciendo gala de su oficio de artesana. «No me llamo Tania, sino Tainarte, que son los refugios de los pastores en la montaña, las tainás», sonríe por la dificultad que a veces existe para pronunciar su marca cuando sale de las fronteras rurales.
El cuero que utiliza es ternera engrasada, de curtición vegetal: «Es como el cuero que tradicionalmente usaban los pastores, solo curtido y luego engrasado, no lleva ningún tipo de tratamiento químico ni tintes, el color de la piel lo da la propia grasa». Lo compra en Palencia y presume de material porque puede: «Yo no es por nada pero utilizo el de mayor calidad que encuentro, es el típico cuero que tú por más que lo uses va a quedar más bonito, o sea, envejece como nuestra piel».



Y así es como Eli disfruta contando que su cuero no pierde color porque no está teñido y son marrones que no se los come el sol y aguantan perfectamente los arañazos o el agua: «Tradicionalmente se usaba también para trabajar en el campo y para hacer las sillas de montar, pues es un cuero muy tradicional y muy duradero».
Con su carnet de artesana trabaja en todas las ferias profesionales que puede y donde demuestra que su proceso de producción no es un trabajo en cadena, sino elaborado artesanalmente: «Soy marroquinera bolsera y me dedico a la elaboración de cinturones, carteras, monederos, bolsos y tengo también otra línea de joyería en cuero que es lo más original y lo que está menos visto». Hace pendientes, collares… y el último encargo han sido unas pulseras y gargantilla a juego para una boda de temática celta. También utiliza piedras semipreciosas como cuarzos o turquesitas, o sea, minerales.




HA SIDO MI VOCACIÓN DESDE PEQUEÑA Y AL FINAL SE HA CONVERTIDO EN MI OFICIO
Más que un negocio rentable a ella le gusta de considerarlo «un trabajo vocacional», no solo por las muchísimas horas que le dedica en el taller produciendo los artículos, sino por el tiempo que pasa fuera de casa viajando a tantos lugares. «Llevo ya dedicándome profesionalmente a esto desde el año 2009, con mucho esfuerzo porque tenemos muchos gastos…, pero ¿qué trabajo realmente hoy te da para vivir dignamente tal y como está la vida?», suspiró con aceptación. Lo que está claro es que a Eli Martínez esta dedicación la ha cautivado y por cierto le viene de muy lejos: «Desde pequeña ha sido como una vocación que tenía y al final se ha convertido en mi oficio, ¡fíjate qué bonito!, yo estoy encantada de mi oficio».
Acerca de su manera de trabajar queda patente un proceso completamente artesanal y a mano, desde el corte del cuero, pasando por el montaje y el cosido: «Utilizo las herramientas tradicionales, cuchillas, buriles, chifla, desbravadores…, mi seña de identidad es la fusión de técnicas tradicionales con los diseños más actuales», expuso.




Con su nombre mata tres pájaros de un tiro, la contribución al lenguaje de los mayores, el origen de la materia prima y el propio significado de la palabra: «Las tainás aquí en la Serranía de Cuenca, por lo menos en mi pueblo, son los refugios de los pastores, los que hay en la montaña, que en otros sitios les llaman tindás, y en otros chozos; aparte me pareció una palabra muy bonita porque era una manera de mantener vivos los vocablos tradicionales y antiguos de la zona; además de la relación que guarda mi trabajo con el oficio pastoril por el origen de mi piel», argumentaba con satisfacción.