Dos talentos devolverán la vida a la antigua ermita del siglo XVIII de este pueblo de Cuenca

La antigua ermita de San Vicente Ferrer, cerrada durante años, se convertirá en laboratorio cultural con talleres, exposiciones y proyectos de investigación

La antigua ermita de San Vicente Ferrer, un edificio del siglo XVIII cargado de historia, silencios entre sus paredes, volverá a abrir sus puertas esta primavera como espacio un espacio “vivo”. Tras décadas de uso esporádico y largos inviernos cerrada, el lugar se transformará de la mano de la nueva asociación que estará a cargo de este espacio, Volumen Lab, un laboratorio cultural impulsado por dos jóvenes de la provincia, Rubén Chumillas y Jennifer Martínez, que han decidido que la España vaciada es un espacio desde el que crear futuro.

El proyecto nace de trayectorias personales que convergen en una misma convicción: se puede trabajar, investigar y crear desde lo rural con la misma ambición y calidad que en cualquier gran ciudad.

“Siempre quise volver al pueblo, pero no sabía cómo hacerlo siendo diseñador”

El origen de la iniciativa se remonta a 2017-2018, cuando Rubén Chumillas, natural de El Herrumblar, trabajaba como diseñador gráfico en Madrid. “Siempre había querido volver a mi pueblo, pero no tenía referencias de cómo trabajar desde lo rural”, explica a El Digital de Cuenca. La idea comenzó a tomar forma durante una estancia de dos años en un remoto fiordo de Islandia, donde colaboró con un centro cultural para nómadas digitales en un pueblo de apenas 260 habitantes.

“Me interesó mucho ver cómo gestionan un espacio así para gente que teletrabaja y que encima atrae a gente y tiene movimiento, tiene presencia a nivel también internacional”, explica Chumillas.

Fue entonces cuando el alcalde de Almodóvar del Pinar, Francisco Ibáñez, a quien Rubén conocía de proyectos anteriores, le habló de la ermita: un gran espacio cerrado la mayor parte del año, con un enorme potencial. “Me mandó una foto del patio y los techos altísimos y pensé: esto es perfecto”.

Una asociación sin ánimo de lucro para devolver vida al edificio

La idea cristalizó cuando Rubén conoció a Jennifer Martínez, artista del pueblo con formación en Bellas Artes, máster en grabado y máster de profesorado. “Quería vivir y trabajar desde el pueblo, igual que yo. Encajamos desde el primer momento”, señala él.

Junto con el hermano de Rubén, constituyeron Volumen Lab, una asociación cultural sin Ánimo de Lucro, una figura que permitiría formalizar la cesión del espacio por parte del Ayuntamiento y garantizar que las actividades sean abiertas y asequibles.

El Ayuntamiento, explican, “ha puesto todas las facilidades desde el principio”. La cesión contempla que el espacio siga siendo del pueblo y que la asociación lo mantenga vivo durante todo el año.

Un laboratorio cultural con dos tiempos: invierno de investigación y verano de talleres

El proyecto se estructura en dos grandes ciclos:

• Invierno: investigación

La ermita se convertirá durante los meses fríos en un espacio de estudio y experimentación artística, científica y social.

“Queremos investigar temas que nos interesen. Puede ser científico, artístico, mezcla de varias cosas, varios temas. Y los resultados de las investigaciones y los proyectos que desarrollemos en invierno, pues saldrían talleres para el verano y exposiciones que girarían en torno a esas prácticas”, explica Rubén.

Jennifer añade que se pueden sumar otras vertientes como son la fotografía experimental o la producción y reproducción de moldes. Chumillas señala que los proyectos van a tener una parte “científica, sociológica y puede ser incluso de literatura”, todo ellos acompañado con la participación de la gente quienes señala “responde muy bien a este tipo de planteamientos”.

Verano: talleres, exposiciones y puertas abiertas

Los resultados de esas investigaciones se transformarán en actividades para el público: talleres intergeneracionales, exposiciones y encuentros culturales.

Foto: Cedida

Durante los meses de apertura activa, habrá jornadas de puertas abiertas mensuales para que cualquier vecino pueda entrar, sentarse, leer, conversar o simplemente curiosear.

“Queremos que la gente sienta que la ermita sigue perteneciendo al pueblo, que no nos la hemos apropiado”, afirma Rubén.

Un proyecto que enlaza saberes locales y conocimientos contemporáneos

Ambos subrayan que el trabajo cultural no debe verse como algo elitista ni ajeno a la vida cotidiana del pueblo.

“Para nosotros, la cultura es un proceso que construimos entre todos cada día. Nadie es inculto”, recalca Rubén. “Queremos que la gente aporte lo que sabe, porque en los pueblos hay un conocimiento no formal que es valiosísimo”.

Un proyecto de pigmentos profundamente local y científicamente riguroso

Aunque Jennifer tiende a restarle importancia, su proyecto sobre pigmentos naturales es, en realidad, uno de los trabajos de investigación más exhaustivos realizados recientemente en el municipio. Se trata de una iniciativa financiada por la Diputación de Cuenca dentro de su línea de apoyo a proyectos de investigación, y que ha requerido un año completo de trabajo de campo, laboratorio y análisis.

Lejos de ser un estudio generalista, el proyecto se ha centrado exclusivamente en la flora, los minerales y las tierras de Almodóvar del Pinar, convirtiéndose así en una investigación profundamente localizada. Jennifer recorrió durante meses los parajes y montes del término municipal para recolectar 129 especies diferentes, elaborando para cada una de ellas una ficha completa: identificación, contexto natural, características del material y posibilidades de extracción de color.

El proceso posterior fue especialmente complejo. A través de distintos métodos —maceraciones, licuados, decocciones y técnicas tradicionales adaptadas a procesos contemporáneos—, Jennifer ensayó las condiciones ideales para obtener pigmentos y tintes estables, aptos para ser utilizados en diversas técnicas artísticas. El objetivo no era solo producir color, sino desarrollar métodos reproducibles que permitieran entender qué posibilidades ofrece el entorno natural del municipio para generar obra artística desde lo local.

Pero el proyecto no se quedó en la parte experimental. Una pieza clave fue la participación de Coral Ramos, joven del pueblo con formación en Trabajo Social, que se encargó de diseñar y analizar la dimensión sociológica del proyecto. Ella estudió cómo se construye el conocimiento en procesos creativos comunitarios, qué sabían los participantes antes de los talleres y qué aprendieron durante ellos.

Para ello, organizaron tres talleres diferenciados por edades (3-6 años, 6-11, 12-18 y adultos), en los que se recogieron datos mediante un test previo de conocimientos y otro posterior. Esta estructura permitió evaluar con precisión el impacto educativo del proyecto, no solo desde la dimensión artística, sino también en términos de memoria del territorio, vínculo con el entorno natural y apropiación comunitaria del conocimiento.

“La gente salió encantada, agradeciéndonos lo aprendido. Y dijimos: este es el camino”, señala Rubén.

Rural vs. ciudad: ventajas de un pueblo en la España vaciada

Trabajar desde Almodóvar del Pinar no es, para ellos, una renuncia, sino una elección consciente.

Rubén lo tiene claro: “Aquí hay menos ruido. Menos estímulos. Eso me permite crear mi propio lenguaje sin estar condicionado por lo que se hace en las grandes ciudades”.

Jennifer por su parte destaca lo económico: “La vida es más asequible, y eso permite que la cultura sea accesible a todos. Nadie debería quedarse sin aprender por no poder pagarlo”.

Chumillas insiste en la riqueza humana: “En Madrid te relacionas con gente de tu edad y tu sector. Aquí hablas con personas de todas las edades y profesiones. Eso da una perspectiva del mundo muchísimo más amplia”.

Compartir para crecer: redes entre asociaciones

Volumen Lab quiere colaborar con otras iniciativas rurales de la zona y del país.

“No tiene mucho sentido que nosotros trabajemos aquí un tema, no lo compartamos con otra asociación que esté a lo mejor a veinte kilómetros trabajando sobre ese mismo tema. No tiene ningún sentido que no entablemos un diálogo, que no hagamos intercambios de información y que no intentemos colaborar”, explica Rubén.

“La idea es compartir esta información de manera pública, para que todo el que quiera acercarse a los diferentes temas que tratemos tenga todo lo necesario para poder replicarlo, para poder hacerlo también ellos, porque es una manera de crecer, yo creo que bastante importante”, señala Jennifer.

Ya han establecido contacto con colectivos como Resucitadero, en Madrid, dedicados a recuperar materiales descartados para crear objetos culturales.

Un espacio histórico que se renueva: del rayo a la creación contemporánea

La ermita, con su singular historia, es casi un personaje más del proyecto.
Rubén relata fascinado la leyenda del carro abandonado que, al abrirse, contenía un cargamento valioso y un pergamino ordenando construir una iglesia y un colegio para doncellas pobres.

Foto: Cedida

O la otra historia: “Cada vez que había misa, caía un rayo y derribaba la cúpula. Pasó tres veces”.

Después el lugar ha tenido muchas vidas: fue cine, granero y almacén local, hasta su restauración en la década pasada.

Próximos pasos: acondicionar el espacio y preparar la inauguración

El equipo está ahora elaborando un dossier técnico con la ayuda de arquitectos y albañiles amigos para acondicionar la ermita: un espacio modulable, sin salas fijas, que pueda transformarse según la actividad.

Foto: Cedida

El objetivo: inaugurar en primavera-verano con los primeros talleres y actividades.

Mientras tanto, preparan también una web “potente”, con secciones de archivo, historia del edificio, actividades, podcasts y materiales descargables. Chumillas asegura que esta nueva web “no va a tener nada que envidiar” a otras como la del Museo Reina Sofía.

Un futuro colectivo en un pueblo de 500 habitantes

La acogida del pueblo, dicen, ha sido entusiasta.

“La gente está contenta. Están deseando que les enseñemos lo que vamos a hacer y poder dar una segunda vida al edificio”, afirma Jennifer. Del mismo modo, también apunta a que uno de los retos será impulsar la participación masculina en las propuestas.

Para ambos, Volumen Lab es, en el fondo, una apuesta por demostrar que la España rural no solo resiste, sino que también innova.

“Podemos hacer cosas contemporáneas, vanguardistas e internacionales desde aquí.
La distancia entre Madrid y Almodóvar es la misma en un sentido que en el otro”, concluye Rubén.

Ricardo Vega

Conquense de adopción. Graduado en periodismo por la Universidad de Castilla-La Mancha y con experiencia en medios como CMM, Agencia EFE y Las Noticias de Cuenca.
Botón volver arriba