Tras más de cuatro décadas al servicio de Almodóvar del Pinar y sus pueblos cercanos, Ricardo Carrión ha dejado la farmacia del municipio, dando paso a la joven farmacéutica Silvia Santiago. Un relevo generacional que asegura la continuidad de un servicio esencial en la comarca y pone en valor la labor de quienes ejercen la profesión en zonas rurales.
Nacido en Valencia, con raíces familiares en Alborea (Albacete), Ricardo llegó a Almodóvar del Pinar en 1981, con 23 años y recién graduado en Farmacia por la Universidad de Valencia. “Yo quería trabajar en un pueblo”, recuerda con El Digital de Cuenca. “Conocía la vida rural de Alborea y buscaba ese contacto cercano con la gente que no encontraba en la ciudad”.
Los comienzos fueron humildes en una época distinta con un solo teléfono en el bar del pueblo, los pedidos a la cooperativa farmacéutica de Cuenca se hacían a mano y los medicamentos llegaban en el autobús de línea. “Si pedías algo a las 12 del mediodía, a las 4 y media de la tarde ya lo tenías”, cuenta rememorando los retos de aquellos tiempos sin informática ni logística moderna como la que se dispone en la actualidad.
Una farmacia, un vínculo con la comunidad
La farmacia rural no es solo un negocio, sino que es un servicio vital. Ricardo lo explica con sencillez: “Aquí conoces a todo el mundo, sabes quién toma qué medicamento y puedes dar un consejo personalizado. Es gratificante ver que tu labor es reconocida por la gente del pueblo, no por políticos, sino por quienes te conocen”.
Durante estos años, no solo atendió a Almodóvar del Pinar, sino también a Paracuello, Monteagudo de las Salinas, Solera de Gabaldón y también Arguisuelas y Chumillas, estos últimos donde además tenían botiquines desplazándose entre semana asegurando que incluso los vecinos de los pueblos más pequeños recibieran su medicación. La farmacia explica que además funcionó como un filtro sanitario ya fuera resolviendo problemas de salud menores, aconsejando a pacientes y derivando al médico cuando era necesario.
Las guardias, los horarios estrictos y la responsabilidad constante fueron lo más complicado del trabajo: “Una farmacia única en un pueblo no puede cerrar ningún día del año. Las vacaciones eran cortas, cuatro o cinco días como mucho, y tenías que coordinarte con sustitutos, que no siempre era fácil”, explica Ricardo.
Señalando que las vacaciones más largas que recuerda fueron nueve días tras casarse.
Momentos difíciles y gratificantes
La pandemia de COVID-19 supuso un desafío extremo. “Tuve que llevar medicamentos a la residencia de Carboneras. Fue duro, muy duro, ver a gente enfermar y morir. Pero también fue un año de buena voluntad de la gente, muy agradecida y la verdad es que lo recuerdo con pena, pero con orgullo porque dimos un buen servicio”, recuerda.
Sin embargo, los recuerdos positivos abundan. “Hay muchas anécdotas, pero sobre todo destaco lo agradecidos que han sido todas las personas. Ha sido una vida dedicada a los demás”, resume.
El relevo y el futuro de la farmacia rural
Silvia Santiago, de Barchín del Hoyo y con experiencia en Motilla del Palancar, toma ahora el relevo. Ricardo asegura que deja la farmacia en “buenas manos” y que la joven profesional continuará prestando servicio a todos los pueblos de la comarca. “Es una chica joven, súper preparada, simpática, agradable, súper profesional y con muchas ganas de trabajar. La gente lo notará”, asegura.

Sobre el futuro de la farmacia rural, Ricardo es claro: “Es un problema grave. La despoblación amenaza la supervivencia de muchos pueblos y sus farmacias. La cooperativa ha hecho una labor inmensa, pero los políticos aquí tienen que implicarse de verdad y dar facilidades a las farmacias rurales para que sigan subsistiendo y sigan dando el servicio que están dando”. Destaca especialmente la necesidad de revisar las guardias, que considera inhumanas, y de implementar medidas que hagan viable económicamente las farmacias de pueblos pequeños.
Una nueva etapa personal
El 30 de septiembre marcó su último día al frente de la farmacia tras 44 años con motivo de su jubilación, un momento que describe con satisfacción: “Dejar la farmacia en buenas manos me reconforta. Ahora toca descansar, disfrutar de hobbies como la caza, el golf, las setas, y pasar más tiempo con la familia”.
El Ayuntamiento de Almodóvar del Pinar reconocerá oficialmente la labor de Ricardo Carrión, un gesto que él recibe con humildad: “No soy muy partidario de homenajes ni de placas, no es algo que me llene mucho. El reconocimiento de la gente es lo que realmente me satisface. Lo de las placas y homenajes es un trámite que hay que cumplir”, asegura. Aun así, Ricardo se muestra agradecido y dispuesto a participar en el acto. El alcalde, Paco Ibáñez, ha previsto que el reconocimiento tenga lugar alrededor de la festividad de la Inmaculada.
Ricardo Carrión deja una huella imborrable en Almodóvar del Pinar, un legado de profesionalidad y cercanía que Silvia Santiago continuará.