Tras casi cinco décadas de silencio, las tres campanas de la Iglesia de los Frailes de San Clemente están a punto de volver a sonar juntas. La más antigua de ellas, “La Purísima”, data de 1807 y es considerada la joya del campanario, mientras que las otras dos, Nuestra Señora del Carmen y Nuestra Señora del Pilar, fueron fundidas en 1940 durante la presencia de los padres carmelitas en el convento.
Estas campanas forman parte del último paso del ambicioso proyecto de restauración integral de la iglesia, que incluye la reparación del tejado, la recuperación del interior con altares, sepulcros y pinturas históricas, y la restauración de la cripta, inaugurada recientemente. Según el párroco-arcipreste de San Clemente Alberto García, las campanas representan la guinda del pastel de un proyecto que ha implicado a vecinos, parroquia, Diputación de Cuenca y Obispado.
“El conjunto de la iglesia necesitaba una restauración profunda”, explica el párroco a El Digital de Cuenca. “El tejado estaba prácticamente derruido, algunas bóvedas ya presentaban escombros en el interior y las campanas, aunque aún podían sonar, no podían voltear con seguridad debido al deterioro de sus yugos y de la espadaña, una estructura singular donde las tres campanas están colocadas en vertical, una sobre otra”.

El proceso de restauración está siendo realizado por especialistas de Albacete, expertos en campanas y relojes de torre. Los trabajos consisitrán en la limpieza del bronce, reparación de fisuras y grietas para asegurar un sonido limpio y compacto, instalación de yugos de madera adaptados al peso de cada campana, y colocación de badajos nuevos, respetando el volteo manual al estilo de los frailes franciscanos y carmelitas que vivieron en San Clemente. Algo que considera muy importante.

El desmontaje de las campanas se realizó el pasado 5 de noviembre, con la colaboración de albañiles locales para extraer los yugos de hierro incrustados en la espadaña.

Cabe destacar que detectaron que una de las campanas posterior a 1940 presentaba impactos de balines, pequeños proyectiles de plomo incrustados en el bronce. Los campaneros comentaron que se trataba de un hallazgo curioso y aún no se conoce con certeza su origen; podrían ser fruto de antiguas gamberradas o de disparos ocasionales. Este detalle, aunque no afecta la integridad de la campana, añade un interesante matiz histórico, mostrando cómo el paso del tiempo deja su huella incluso en elementos de gran valor patrimonial.

El regreso de las campanas se espera para el puente de la Inmaculada, en el mes de diciembre, cuando también serán expuestas al público para que vecinos y visitantes puedan conocerlas de cerca, fotografiarlas y apreciar su valor histórico antes de volver a colocarlas en la iglesia.
La campana más antigua, La Purísima, tiene un valor histórico único: fue donada en 1807 por Francisco de Paula Sandobal y Togores, un murciano casado con una mujer de San Clemente, y forma parte del legado histórico y artístico de la localidad.

Las generaciones más jóvenes quizá nunca han visto estas campanas volteando juntas; para ellas, será la primera vez en casi 50 años.
García destaca también la importancia simbólica de esta restauración. En sus seis años como párroco señala que le ha dado tiempo para comprobar el “cariño” que tiene la gente a la Iglesia de los Frailes. Recordando que la propia rehabilitación se veía un “imposible”, con lo cual tras el trabajo realizado es un “sueño hecho realidad”.

El templo data del año 1503, lo que la hace la más antigua de todo San Cemente, más incluso que la propia parroquia donde se encuentra, el convento franciscano de Nuestra Señora de Gracia. El párroco destaca el patrimonio artístico de la localidad, señalando que el pueblo tiene arte “por los cuatro costados”.
Además, la intención es que la vuelta de las campanas coincida con el inicio del Año Franciscano, el 10 de enero de 2026, en el octavo centenario de la muerte de San Francisco, fundador de la orden que construyó la iglesia.
Con esta intervención, la Iglesia de los Frailes, la más antigua de San Clemente, alcanza la rehabilitación completa de su estructura y patrimonio, permitiendo que la comunidad recupere una tradición sonora que llevaba décadas olvidada, y que vuelve a llenar el cielo de San Clemente con un sonido que conecta pasado, presente y futuro.