Adiós a todo un mítico local de un pueblo de Cuenca

Tras 26 años detrás de las barras, Fernando y Rosa ponen fin a su etapa al frente del Pub Toiber

El pasado sábado 8 de noviembre será una fecha que quedará en el recuerdo ya que no fue una noche cualquiera en San Clemente. Después de 26 años detrás de la barra del Pub Toiber, Rosa María y su marido, Fernando, bajaron por última vez la persiana de un local que se convirtió en punto de encuentro, refugio y hogar para varias generaciones. Una historia que comenzó en 1999, “sin experiencia, pero con muchas ganas”.

“Mi marido y su hermano tenían una peletería” recuerda en una conversación con El Digital de Cuenca, pero aquello empezó a “flojear”. En aquel entonces, Fernando conocía el espacio porque se acercaba a pasar el rato como podría hacerlo otro vecino. Fue entonces cuando se enteró que los dueños del pub lo traspasaban, y en cuestión de una quincena de días “ya estábamos dentro, ni lo pensamos mucho”, recuerda Rosa con una mezcla de nostalgia y humor.

“Yo siempre digo que lo que no hace una persona, lo puede hacer otra. Y así empezamos los cuatro: los dos hermanos y las dos cuñadas. Ninguno habíamos trabajado en hostelería, pero le dije a mi marido: si tú lo haces, pues nos echamos todos para adelante”.

Con aquella decisión el 12 de octubre de 1999 abrían por primera vez las puertas del Toiber. Los comienzos fueron duros. “El miedo, el no saber… Mi marido perdió cinco o seis kilos los primeros meses. Yo soy más decidida, pero él lo pasó peor”. Años más tarde, Rosa y Fernando se quedaron a cargo del negocio.

Con el tiempo, el Toiber se convirtió en algo más que un bar. Fue, como dice Rosa, “la casa de todos”.
“Aquí la gente venía con un problema de su casa y me lo contaba. Me decían: ‘Rosa, tómate un vino conmigo, que te tengo que contar una cosa’. Y nos sentábamos en la barra. Hablaban con Fernando o conmigo, pero nunca se han sentido solos”.

Recuerda que los primeros años al abrir pudieron ser los más exitosos, aunque su trayectoria ha tenido altibajos. Rosa recuerda con especial dificultad los años de la crisis de 2008 y la pandemia del COVID-19, momentos de incertidumbre que lograron sobrellevar y superar. Aunque el Toiber es conocido como pub, en los últimos años ampliaron su oferta con pizzasque tuvieron buena aceptación entre los clientes.

“Fue una tarde que no tiene explicación”

El pasado sábado, día del cierre, fue una jornada que Rosa difícilmente podrá olvidar.
“Fue emocionante, de verdad. Vinieron de Ibiza, de Toledo, hasta de fuera del pueblo. Cada uno que pasaba era un abrazo, otro abrazo, otro más. Lloramos muchísimo. No tiene explicación la tarde tan emocionante que vivimos”.

El propio alcalde, Víctor Luis Camacho, junto con los concejales Rocío de la Fuente y Antonio Huerta pasaron por el pub para ser partícipes de esta multitudinaria despedida en un momento muy especial que ha ocupado un espacio en el corazón de todos los sanclementinos. Rosa, se ha mostrado muy agradecida por el cariño tanto de esta corporación como de las anteriores.

Foto: Redes sociales Pub Toiber

A lo largo de los años, el Toiber resistió crisis, modas y hasta una pandemia, pero siempre mantuvo su carácter familiar. “Nosotros hemos tenido siempre mucha clientela, pero muy familiar. A lo mejor será por nuestra forma de ser. En verano, por ejemplo, montábamos 28 o 30 mesas y la gente esperaba de pie a que se levantara alguien. Hemos funcionado bien, gracias a Dios.”

Un cierre forzado, pero con relevo

La decisión de cerrar llegó casi por obligación. El paso de los años y algunos problemas de salud han hecho que Rosa no pueda continuar al frente del negocio. “Ya no podía seguir trabajando”, reconoce. Fernando, por su parte, ha decidido prejubilarse también. “A mi marido le queda un año para jubilarse, pero dice que sin mí no podría seguir la actividad. Y es que no sabría trabajar con otra persona. Siempre hemos estado los dos juntos, salvo en verano con algún camarero”, por lo que era los dos o ninguno.

Foto: Google Maps

Aun así, el Toiber no baja definitivamente la persiana.
“Lo hemos traspasado a un chico que ya tiene otro bar en el pueblo. Él mismo dice que ‘el Toiber tiene que ser el Toiber de toda la vida’. No va a cambiar el nombre ni la esencia. Estuvo el sábado con nosotros y dijo que ahora entendía por qué la gente hablaba así del bar. Así que seguirá abierto, con la misma línea y el mismo espíritu”.

“Esto ha sido mi vida”

Rosa lo tiene claro: el Toiber ha sido su historia.
“Esto ha sido nuestra vida. Yo no había trabajado antes, y el bar ha sido todo para mí. Hemos vivido con la gente del pueblo. Me da pena pensar que ya no abriremos, porque a estas horas pensaba: ‘ahora vendrán fulanito, menganito…’. Hemos trabajado muy bien y nos dimos cuenta el sábado lo mucho que nos quería la gente en el pueblo”. Una respuesta que no se esperaban de aquella forma.

Entre los recuerdos, hay también hueco para el humor. Como aquella broma al primer camarero:
“Le pedía cócteles raros, cosas difíciles, y el pobre sudando. A la media hora dejó el abridor y dijo: ‘¿Quién es esta señora?’. Dijo que se iba a casa porque no aguantaba a aquella mujer (refiriéndose a Rosa)” por lo que en un momento el joven dijo “ ‘Tú que eres tu cuñada y tu hermano que es su mujer la aguantáis’. Tuvimos que decirle que era una broma, fue un poco dura. Luego nos reímos mucho y seguimos siendo amigos”.

“Ahora toca vivir un poco”

Tras cerrar una etapa, Rosa y Fernando se preparan para otra más tranquila.
“Tenemos tres nietos, dos mellizos y una niña, que son nuestra locura. Queremos dedicarles tiempo, ir a la playa, disfrutar. Durante todos estos años no hemos podido ir a bodas ni cumpleaños, porque siempre trabajábamos los fines de semana. Ahora toca vivir un poco ahora que somos jóvenes”.

Y al final, cuando se le pregunta qué mensaje deja a todos los que alguna vez cruzaron la puerta del Toiber, la voz de Rosa se quiebra.
“Han sido el motor de nuestro trabajo. Sin ellos no hubiéramos sido nosotros. Venías a veces con un mal día, y enseguida alguien te decía: ‘¿Qué te pasa hoy, Rosa?’. Aquí no podías tener mala cara. Esa gente nos ha dado vida.”

“El Toiber ha sido mi vida”, concluye Rosa, con una mezcla de orgullo y emoción contenida recordando todos los años que ella y Fernando dedicaron al bar y a su clientela. Después de tanto tiempo, toca cerrar una etapa, mientras el pub seguirá abierto bajo nuevas manos.

Ricardo Vega

Conquense de adopción. Graduado en periodismo por la Universidad de Castilla-La Mancha y con experiencia en medios como CMM, Agencia EFE y Las Noticias de Cuenca.
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