La actividad ha devuelto la vida a este espacio que ha estado cerrado cerca de dos años. Donde antes todo era silencio, ahora resuenan talleres, versos y el giro del torno. El arte, como el barro, ha vuelto a moverse.
El Alfar de Pedro Mercedes ha vivido un mes intenso desde su reapertura el pasado 11 de octubre bajo la gestión del colectivo artístico Lamosa Lab. En estas primeras semanas, el espacio ha recibido cerca de mil visitantes y ha albergado una programación “frenética”, según sus responsables, con talleres, visitas guiadas, encuentros de poesía, conciertos y exposiciones.
“Las primeras semanas fueron más tranquilas porque aún había gente que no sabía que el Alfar estaba abierto, pero estas dos últimas han sido frenéticas”, explica Daniel Raposo, uno de los co-directores del espacio junto a Verónica Moreno y Jazmina Fuentes a El Digital de Cuenca. Señala que han recibido varias propuestas externas que ya están poniendo en marcha, mientras otras siguen por definir, pero el balance general es positivo.

Entre las actividades programadas se encuentran un taller de reciclaje de chistes, un encuentro de teatro, talleres de danza y una exposición de retratos de vecinos del barrio de San Antón, resultado de un trabajo de dos años de una estudiante de la Universidad de Castilla-La Mancha. Raposo califica estas iniciativas como “interesantes” por su vinculación directa con el entorno.
Un público intergeneracional
El co-director destaca que una de las sorpresas de este primer mes ha sido la variedad de edades de los asistentes: “Desde niños y adolescentes hasta personas mayores”, resume, y lo define como un público “intergeneracional”.
“Programamos actividades para todos los públicos porque creemos que la cultura debe ser accesible y compartida por todos”, añade. El espacio, además, se ha consolidado como un recurso educativo: de miércoles a viernes, el Alfar recibe visitas de colegios que trabajan con materiales didácticos adaptados por edades, disponibles en la web de Lamosa.

Raposo recuerda la importancia patrimonial del lugar, que estuvo cerrado casi dos años: “Es un edificio del siglo XVI, con mucha historia, no solo por Pedro Mercedes, el último alfarero que lo habitó, sino por toda la herencia anterior”.
Talleres y actividades con lleno completo
Durante este primer mes, prácticamente todas las actividades han completado aforo: los talleres de torno y cerámica, escritura creativa, dibujo o las visitas comentadas. La exposición homenaje al artista y profesor Gonzalo R. Cao, inaugurada el pasado 8 de noviembre, congregó a más de 150 personas.
“Estamos muy contentos con la respuesta. La gente tiene ganas, creemos que es un lugar donde la cultura se comparte y se vive, la experimentamos juntas y juntos”, señala Raposo, destacando que “ese duende del que hablaba Pedro Mercedes sigue presente”.
A lo largo de este mes, el equipo ha recibido numerosos comentarios positivos sobre la manera abierta y cercana de disfrutar la cultura. Entre los deseos del público está que la licitación actual, que finaliza el 31 de diciembre, pueda extenderse. “Cuando decimos que el 31 de diciembre acaba la programación, todos preguntan: ‘¿pero por qué?’”, asegura Raposo.
Expectativas y continuidad
La reapertura del Alfar ha sido posible gracias a la financiación del Consorcio Ciudad de Cuenca, que mantiene la actividad hasta final de año. Desde Lamosa confían en que el Ayuntamiento encuentre la fórmula para garantizar su continuidad.
“Sabemos que hay intención de que el espacio siga abierto, pero aún no se nos ha comunicado nada oficialmente. De momento seguimos centrados en el día a día y en hacer el mejor trabajo posible”, explica Raposo.
A pesar de la incertidumbre, el equipo no pierde la esperanza. “Nos da fuerza ver que la gente valora el espacio y nos transmite que quiere que siga abierto. Ojalá llegara otra licitación, estaremos deseosos, y que fuera por al menos un año —mejor si pudiera ser más—. Es tiempo necesario para que un proyecto se haga fuerte y se consolide. Nos encanta nuestro trabajo, nos encanta este lugar y ofrecerlo abierto a la comunidad y a la ciudad”, añade, recordando además el compromiso del colectivo con el barrio de San Antón, donde viven y trabajan.
Planes para noviembre y diciembre
Con la mirada puesta en las próximas semanas, Raposo destaca que el objetivo del colectivo es “llenar todas las actividades, darle toda la vida posible al espacio e intentar exprimir al máximo tanto los recursos como el propio Alfar”.
Desde Lamosa Lab animan a quien aún no se haya acercado a que lo haga: “Una vez que vengan, van a tener ganas de revisitarlo. No solo por el espacio en sí, sino también por su valor patrimonial y la importancia de conservar los trabajos artesanales hechos a mano. Es redescubrir el pasado y la historia que sigue viva”.