Las afueras de la ciudad siempre guardan algún recoveco interesante cuando menos uno se lo espera. La cárcel de Cuenca y todo lo relacionado con Instituciones Penitenciarias suele ser noticia habitual, a propósito de la reforma integral y aislamiento térmico que se está llevando a cabo, y dado que esta ciudad va a albergar el centro de formación más importante de España para los funcionarios de prisiones, cuyo proyecto de licitación sigue su curso.
Pero en este caso, justo en la rotonda de salida de la cárcel que da acceso al centro de la ciudad, figura un tótem imponente en el centro de una desnuda glorieta, bautizada en honor a los funcionarios que trabajan allí, con el rostro serio de una tal Concepción Arenal.
Para los más perezosos a la hora de echar mano de las biografías, esta escritora gallega, que Radio Televisión Española (RTVE) bautizó como «la visitadora de cárceles» en la serie que protagonizó Blanca Portillo, es todo un icono en defensa del papel de la mujer en la esfera pública. Pero también destacó por enfrentarse a las convenciones de su tiempo y afirmar en el ámbito penitenciario que lo que es digno de odio es el delito y no la persona que comete el delito. Precisamente es la frase que luce en la rotonda conquense: «Odia el delito y compadece al delincuente».
Filósofos y psicólogos de la sociedad contemporánea han apostado por establecer la misma diferencia: por un lado, los comportamientos de la persona, sujetos a evaluación e intervención, y por otro, la persona en sí misma, con el objeto de dejar algún resquicio para la reinserción o la restauración. Desde el reciente Premio Princesa de Asturias de la Comunicación, Byung Chul-Han, en su última publicación, incansable defensor de «mirar» el neoliberalismo y no consumir con hambre voraz para lograr un atención trascendente, hasta Russ Harris, estandarte de la Aceptación y el Compromiso (ACT) que apuesta por «observar» los pensamientos y sentimientos difíciles con el propósito de salir de las tormentas interiores. Ambos arrojan su particular visión del ser, más allá de la conducta, como intuyó Arenal en su reflexión acerca de las personas privadas de libertad.
Por este concepto y otros similares en torno a la beneficiencia, la filantropía o la caridad, en defensa de los más desfavorecidos, se la recuerda hoy en Cuenca, desde este cruce de carreteras en la salida hacia Madrid, como una de las pensadoras más influyentes del siglo XIX, sujeta a la crítica y el debate.
Biografía del Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha
Catálogo de obras de Concepción Arenal por la Biblioteca Cervantes