La historia de La Clementina es también la historia de Cuenca. Hace 75 años, en 1950, Luis Clemente llegó desde Madrid para jugar en la Balompédica Conquense y, movido por su espíritu emprendedor, encendió una pequeña caldera en la calle Colón. Allí comenzó a freír patatas de manera artesanal, sin imaginar que aquel modesto obrador acabaría convirtiéndose en una de las marcas más queridas por los conquenses.

Con el paso del tiempo, La Clementina fue creciendo sin perder su esencia. Primero en la calle Fray Luis de León —conocida popularmente como la del Agua—, junto a las escaleras que suben al Casco Antiguo, donde abrió su primera tienda y fábrica. En 1989 el negocio pasó a manos de Pedro Sanz y su socio Julián Calvo, y en 1991 se trasladó la producción al actual polígono industrial, manteniendo siempre el sabor y la elaboración tradicional que la han hecho inconfundible.
«Setenta y cinco años es toda una vida«, recuerda Mamen Rolania, directora administrativa de la empresa. «Luis Clemente hacía patatas mientras jugaba al fútbol. En sus ratos libres montó una pequeña caldera… y así empezó la historia de estos 75 años«.

Hoy, La Clementina sigue fabricando sus patatas de manera artesanal, sin trenes de producción ni procesos industriales. «Eso nos limita en cantidad, pero no en calidad«, señala Rolania. Cada día, de lunes a viernes, se fríen unos 1.000 kilos de patatas en crudo —unas 5 toneladas semanales— procedentes de Villaconejos de Trabaque, Sotos, Mariana y también de proveedores de Alicante. El secreto, dicen, no es tal: «solo patatas, aceite de girasol y sal«.
Con 18 trabajadores y una actividad que abarca también la distribución de productos de hostelería —golosinas, encurtidos, cafés o mobiliario para bares—, La Clementina es hoy mucho más que una fábrica: es parte del paisaje sentimental de Cuenca. Muchos conquenses que viven fuera no se marchan sin llevarse unas bolsas para revivir los sabores de su infancia.

«Lo más difícil en los negocios es mantenerse, y hacerlo durante 75 años es un éxito enorme«, destaca Rolania. «Se lo debemos al cariño de los conquenses y al compromiso de nuestros trabajadores, que sienten la empresa como suya«.

El aniversario se celebró recientemente con un emotivo acto en el campo de golf de Villar de Olalla, arropados por autoridades locales, representantes institucionales y amigos de la casa. «Miramos al futuro con esperanza«, concluye Mamen Rolania. «Seguiremos trabajando con esfuerzo y de manera tradicional, para que nuestras patatas fritas sigan siendo el aperitivo ideal de los conquenses«.
