En Lagunaseca, un pueblo de apenas cincuenta habitantes enclavado en plena Serranía Alta de Cuenca, se esconde un tesoro que pocos conocen. En el sótano del Ayuntamiento aguarda una colección de cerca de un centenar de obras de arte, fruto de la pasión y el empeño del sacerdote Mariano Vélez, natural del municipio y restaurador autodidacta. Su sueño es que estas piezas, muchas de ellas de temática religiosa, puedan exhibirse en un pequeño museo que dé vida cultural a la localidad y sirva como nuevo atractivo turístico.
Bodegones, vírgenes y escenas marianas forman parte de esta colección que Vélez ha ido reuniendo a lo largo de más de medio siglo. «Restaurar un cuadro me hace feliz», confiesa. «Detrás de cada lienzo hay una historia de paciencia, colores, barnices y muchas horas de dedicación».
Su amor por el arte comenzó cuando observó los trabajos de restauración de unas pinturas románicas del siglo XIV en Valdilecha, en Madrid. Aquella experiencia despertó una vocación que fue madurando con los años.
De Vallecas a Lagunaseca: una vida entre el sacerdocio y los pinceles
Mariano Vélez nació en Lagunaseca, pero se trasladó siendo niño con su familia a Madrid. Allí se formó como sacerdote y desarrolló su labor pastoral en distintos pueblos de la diócesis y en barrios tan populares como Vallecas y Tetuán. Paralelamente, comenzó a colaborar en el taller de restauración de la Catedral de la Almudena, donde aprendió las técnicas y secretos del oficio.
Durante años, compatibilizó la vida parroquial con su pasión por la restauración, dedicando buena parte de su tiempo libre a devolver el color y la vida a lienzos deteriorados.
Sus frecuentes visitas al Rastro de Madrid, el gran mercado de antigüedades de Europa, le llevaron a adquirir las primeras piezas de su colección. A través de contactos con coleccionistas fue ampliando su fondo hasta alcanzar el centenar de obras, la mayoría de temática religiosa. Entre ellas destaca un lienzo que representa a Jesús curando a un ciego y que, según varios expertos, podría estar vinculado a un autor de relevancia.
Un sueño para el pueblo: el museo de la Serranía
Al jubilarse en 2020, Vélez decidió reunir todas las obras dispersas por distintas parroquias y llevarlas a su pueblo natal. Su objetivo: que sirvieran para crear un pequeño museo en Lagunaseca, un municipio rodeado por el Parque Natural del Alto Tajo, junto al Parque del Hosquillo y a pocos kilómetros del nacimiento del río Cuervo.
Sería, asegura, una forma de sumar cultura al atractivo natural de la zona, junto a las famosas torcas y los artesonados del siglo XVI de la iglesia parroquial.

De momento, las obras descansan en el sótano del Ayuntamiento, a la espera de encontrar un espacio que garantice su conservación frente a la humedad y otros factores ambientales. Pero el proyecto avanza. En junio de 2022, el presidente de la Diputación Provincial de Cuenca visitó Lagunaseca y, tras reunirse con el alcalde, Joaquín Fernández, y con el propio Vélez, ofreció la colaboración de la institución para estudiar las ubicaciones posibles del futuro museo y asegurar la protección de las piezas.
Fe, arte y raíces
Recorrer la colección de Mariano Vélez es adentrarse en una historia de fe y amor por el arte. Más allá de la calidad de las obras, lo que realmente conmueve es el espíritu de quien las restauró con paciencia y devoción. «Cada cuadro tiene algo que decir, una historia que contar», afirma.
Su sueño —ver convertido su legado en un rincón del arte en plena Serranía conquense— sigue vivo. Y con él, la esperanza de que Lagunaseca, este pequeño pueblo del alma serrana, pueda presumir algún día de un museo nacido del esfuerzo y la pasión de uno de sus hijos más queridos.