El pasado 29 de octubre se cumplió un año de la tragedia provocada por las terribles inundaciones que asolaron Valencia y su área metropolitana. Aquel episodio de lluvias torrenciales dejó 229 víctimas mortales, dos personas aún desaparecidas y graves daños materiales.
Doce meses después, la sensación que experimentan quienes vivieron en primera persona aquella trágica tarde-noche sigue siendo de pánico y angustia. Les resulta difícil pasar página, aunque cada día se esfuercen por olvidar lo vivido y pensar que hay que comenzar de nuevo.
Es el caso del conquense Antonio López, vecino del barrio de Casablanca de Cuenca durante su infancia y parte de su juventud, que por motivos laborales se trasladó hace años a tierras levantinas, concretamente a Benetússer, a tan solo cuatro kilómetros de la ciudad de Valencia.

“Recordar lo vivido me produce ahogo y malestar”
Cuando contacté con él para que contara a El Digital de Cuenca cómo están llevando la recuperación material de los daños ocasionados por la DANA y, sobre todo, cómo se encontraba anímicamente, en un primer momento declinó hablar.
“Recordar lo vivido me produce ahogo y malestar”, me confesó. Lo entendí y así se lo comuniqué. Pero al día siguiente, Antonio me llamó: había cambiado de opinión porque, según me dijo, “toda la solidaridad que recibimos merece ser mencionada”.
“En diez minutos el agua se llevaba los coches calle abajo”
Antonio recuerda que aquella tarde la DANA le sorprendió en casa. “Ese día, por las alarmas que había, el Ayuntamiento decidió cerrarla. Escuchaba mucho jaleo en la calle sin saber qué pasaba, porque el día estaba tranquilo y no se percibía nada extraño, como otra tarde cualquiera de octubre”.
“De repente empecé a ver llegar el agua muy despacito, y le dije a mi hijo que cambiara el coche de sitio. En apenas diez minutos vi desde la ventana cómo el agua se llevaba los coches calle abajo. Ya no pude bajar a moverlo. Si lo hubiera hecho, probablemente no sé qué hubiera pasado. A partir de ese momento, todo fue un desastre”.
Aunque él y su familia no sufrieron daños físicos, sí padecieron pérdidas materiales importantes. “Perdí dos vehículos, el de mi hijo y el mío. El Consorcio de Seguros nos dio una indemnización y la Generalitat Valenciana nos concedió 4.000 euros por la pérdida de los coches. Claro que valían mucho más, pero algo es algo. Hemos tenido que comprar coches nuevos”.

“Mi barrio fue de los más perjudicados”
Su barrio fue uno de los más afectados. “Vivimos en línea recta, a un kilómetro del barranco del Pollo. Cuando se desbordó en Paiporta, toda esa agua vino hacia nosotros arrasando todo a su paso. A día de hoy seguimos sin ascensor en mi bloque y sin trasteros, a la espera de la reforma. Seguimos esperando nuevas ayudas. Tampoco hay farolas en algunas calles, que fueron arrastradas por los coches”.
La recuperación, lamenta, va muy lenta. “Hay que sanear los garajes, cambiar las cañerías, renovar toda la infraestructura del alcantarillado… Todo es demasiado lento”.
El ánimo, confiesa, está dividido. “Hay vecinos que lo tienen más o menos superado, pero muchos otros no. Hay bajones. A veces te pones a recordar y te hundes. Algunos están muy bajos de moral”.

“A mí el mensaje de alerta me llegó cuando el agua ya lo arrasaba todo”
Antonio reflexiona sobre lo ocurrido. “No sé si se podía haber evitado. Llevamos un año entero hablando de eso. Lo que sé es que las lluvias empezaron a 60 kilómetros de Valencia, desde por la mañana, y llegaron a mi pueblo sobre las ocho menos veinte de la tarde. A mí el mensaje de alerta me llegó a las 20:10. El agua llevaba ya veinte minutos arrasándolo todo. Mi barrio estaba totalmente anegado”.
“La noche fue terrible —relata con emoción—. Escuchaba gritos de auxilio por todas partes, gente desesperada. Un vecino de la planta baja tuvo que ser rescatado. Al día siguiente, me levanté como siempre, con la intención de ir a trabajar. ¡Ignorante de mí! Cuando bajé a la calle, todos andábamos como zombis viendo el desastre”.

“Si no hubiera sido por los voluntarios, habríamos tardado mucho más”
Pese a todo, Antonio quiere destacar la parte humana. “Tengo que agradecer la colaboración ciudadana, que fue fantástica. Si no hubiera sido por los voluntarios, habríamos tardado mucho más en limpiar todo. Quiero agradecer especialmente a la Hermandad del Nazareno de Tarancón, que nos ayudó desinteresadamente y nos hizo llegar dos furgonetas con material”.
Por último, lanza un mensaje de gratitud y esperanza: “Gracias a El Digital de Cuenca por acordarse de nosotros. Aquí todavía queda mucho por recuperar, material y humanamente. No solo en mi pueblo, sino en todos los de alrededor, que están igual”.
