Hace justo un año, la lluvia no dio tregua y el agua lo cubrió todo. Calles convertidas en ríos, coches arrastrados, familias atrapadas. La Depresión Aislada en Niveles Altos (DANA) golpeó con fuerza la provincia de Valencia, dejando tras de sí calles anegadas, viviendas arrasadas y familias que lo perdieron todo. En medio de aquella tragedia, el espíritu solidario se impuso sobre la adversidad. Aquellos días difíciles sacaron a relucir la solidaridad y la generosidad de las personas, que se volcaron con los damnificados desde distintos puntos del país. Entre las múltiples muestras de apoyo que surgieron, destacó la protagonizada por la Hermandad del Nazareno de Tarancón, que no dudó en movilizarse para ayudar a los afectados de la localidad valenciana de Benetússer.

«Todos los años organizamos un festival solidario, y cuando vimos lo que estaba ocurriendo en Valencia se nos ocurrió aprovechar esa ocasión para recoger todo lo posible», recuerda Rafael Luján, presidente de la Hermandad. «A través de mi hermano contactamos con un compañero de trabajo que vive en Benetússer y nos informó de las necesidades más urgentes. Así supimos que lo prioritario eran pañales, productos de limpieza y artículos básicos para el hogar«.
«En Tarancón siempre que ocurre algo así, la gente responde —añade Luján—. Somos un pueblo solidario, y la Hermandad del Nazareno siempre está al servicio de quien lo necesita».
Durante los días 6, 7, 8 y 9 de noviembre, coincidiendo con la festividad de La Piedad, la Hermandad organizó puntos de recogida en Tarancón. Empresas y particulares se volcaron con la causa, destacando la colaboración de Aluminios Jovi, Hostal Elvira y la empresa ACECOM, que cedió de forma desinteresada un vehículo para el transporte de los materiales. A la iniciativa se unieron también vecinos y amigos de Horcajo de Santiago y de El Acebrón, que quisieron aportar su granito de arena en la campaña solidaria.
Con las furgonetas cargadas de ayuda, los directivos Augusto Bustos y Vicente Olivas, junto con varios colaboradores, emprendieron viaje hacia Benetússer. «Nos costó mucho llegar al destino, pero lo conseguimos«, recordaba Olivas tras aquella experiencia. «El paisaje era desolador, lleno de lodo y barro. Nos traemos un recuerdo agridulce para toda la vida, pero también el orgullo nazareno de haber podido ayudar».
Bustos, por su parte, evocaba el impacto emocional del momento: «Impresiona ver la realidad desde allí. Nos emocionó el agradecimiento sincero que nos mostraron. Venimos contentos de haber podido ayudar, pero es sobrecogedor percibirlo desde dentro».

En Benetússer, los vecinos recibieron emocionados la llegada de los nazarenos conquenses. La presidenta de la comunidad afectada transmitió su agradecimiento «por no olvidarse de nosotros cuando más falta hacía«. Aquella entrega fue, más que una ayuda material, una inyección de ánimo en medio del barro y la tristeza.
Aquel viaje, lleno de dificultades y emociones, se convirtió en una de las acciones solidarias más recordadas de la Hermandad. Hoy, 29 de octubre, al cumplirse un año de la tragedia, los nazarenos de Tarancón vuelven la vista atrás con la satisfacción de haber respondido con fe, entrega y humanidad a una catástrofe que unió corazones a más de 200 kilómetros de distancia. Un año después, el recuerdo de aquella DANA sigue siendo doloroso, pero también una lección de humanidad. «A veces la fe se demuestra con hechos —dicen desde la Hermandad— y aquel viaje fue una forma de llevar esperanza donde todo era barro».
