El barrio conquense de Casablanca vivió ayer, domingo 26 de octubre, una mañana repleta de fe y convivencia con la celebración en honor al Señor de los Milagros, patrón del Perú. La comunidad peruana residente en Cuenca volvió a reunirse en el exterior de la parroquia de Santa Ana para rendir homenaje al Cristo Moreno, en un acto que, año tras año, se ha convertido en un símbolo de integración y fraternidad entre culturas.

La jornada comenzó con la Santa Misa, presidida por el párroco de Santa Ana, y continuó con la procesión del Señor de los Milagros, cuya imagen recorrió la calle Virgen del Sagrario acompañada por decenas de fieles y vecinos. Al inicio del desfile se interpretaron los himnos nacionales de España y Perú, gesto que simbolizó la unión entre ambas comunidades.

Entre los asistentes se encontraban la presidenta de la Asociación de Vecinos de Casablanca, Mari Carmen Checa López, junto con miembros de su junta directiva, y la concejala del Grupo Popular, Marta Segarra, que quisieron acompañar a la Hermandad Peruana en una jornada marcada por la devoción y el respeto.
Tras la procesión, los asistentes disfrutaron de una muestra de bailes tradicionales peruanos que llenaron de color y alegría la plaza, para culminar con una comida popular con platos típicos del país andino, compartida entre vecinos y visitantes en un ambiente de auténtica convivencia.

La presidenta vecinal, Mari Carmen Checa López, destacó la importancia de este encuentro como ejemplo de integración: «Casablanca es un barrio que celebra su diversidad y demuestra que la fe puede unirnos más allá de los orígenes. Cada año esta fiesta nos recuerda que compartimos valores, esperanza y comunidad».
El Señor de los Milagros, una de las imágenes más veneradas del Perú, tiene su origen en el siglo XVI, cuando un esclavo angoleño pintó la figura de Cristo crucificado en una pared del barrio limeño de Pachacamilla. La imagen sobrevivió a varios terremotos, convirtiéndose en símbolo de fe y esperanza para millones de devotos. Hoy, su culto se extiende por todo el mundo, y Cuenca es uno de los lugares donde esta devoción mantiene viva su fuerza y significado.
