La parroquia de San Fernando celebró este domingo, 26 de octubre, el 30º aniversario de la consagración de su iglesia con una jornada festiva en la que participaron numerosos vecinos del barrio.
Los actos comenzaron con una Eucaristía de catequesis a las 12:15 horas. Después, los más pequeños disfrutaron de juegos infantiles en el parque contiguo, mientras que una barra con aperitivos y una gran paella vecinal pusieron el broche final a una mañana de convivencia y buen ambiente.

Durante la celebración, la comunidad parroquial quiso rendir homenaje a quienes han formado parte de la historia de San Fernando, recordando especialmente a los sacerdotes Marcelino y Daniel, que durante años sirvieron con generosidad y que hoy son recordados con cariño.
La parroquia, situada en la calle Hermanos Becerril, 18, fue fundada en 1985 gracias al impulso del sacerdote Domingo Muelas Alcocer, que promovió la construcción de una pequeña capilla en la popular Plaza de la U. A medida que el barrio fue creciendo, también lo hizo la vida parroquial, hasta que en 1995 se levantó el actual templo, convertido desde entonces en punto de encuentro para miles de conquenses.
La consagración del templo, celebrada el 29 de octubre de 1995, fue presidida por el entonces obispo de Cuenca, Monseñor José Guerra Campos, en una ceremonia solemne que reunió a autoridades eclesiásticas, civiles y militares, además de numerosos fieles. Según recoge el acta de inauguración, el acto comenzó «entre el volteo de las campanas y los acordes de la Banda de Música de Cuenca», con una procesión que trasladó las imágenes de San Juan del Castillo, San Román, San Fernando, Nuestra Señora de la Milagrosa y Nuestra Señora de Lourdes hasta el nuevo templo.
A las puertas del edificio, el obispo fue recibido por el arquitecto Jesús Sanz Julián y el constructor Aurelio González Villarejo, quienes entregaron al prelado los planos y la llave del templo. Éste, a su vez, la confió al párroco, recomendándole la apertura solemne de las puertas como signo del inicio de la vida parroquial en el nuevo recinto.

Durante la liturgia, Monseñor Guerra Campos bendijo las aguas, los muros y el altar, y vertió el Santo Crisma en las doce cruces de mármol que aún pueden verse en las paredes de la iglesia. También encendió el cirio pascual y depositó reliquias de santos bajo el altar mayor, símbolo de unión entre la nueva iglesia y la fe de quienes la precedieron.
Treinta años después de aquel 29 de octubre de 1995, la parroquia de San Fernando sigue siendo un espacio de fe viva y compromiso vecinal, tal y como deseaban sus fundadores. Las palabras del acta de consagración siguen resonando con fuerza: «Para que surta los efectos oportunos y permanentes en la vida de la comunidad de San Fernando».
