Cuando Daniel Saiz decidió marcharse de Cuenca en 2021, no lo hizo por dinero, sino por curiosidad. «Siempre había querido vivir una temporada en otro país, aprender otro idioma y conocer otra cultura», explica desde Suiza, donde lleva casi cinco años residiendo. En ese tiempo, ha trabajado tres años como fisioterapeuta y ahora cursa un máster en finanzas, un giro radical que refleja una búsqueda de algo más que un buen salario.
Daniel encontró trabajo en el país gracias a un contacto familiar. «Estuve un mes y medio aprendiendo francés y conocí a un fisioterapeuta francés que me ofreció trabajar con él. Me gustó el proyecto y me quedé tres años», cuenta a El Digital de Cuenca.
El salario, reconoce, es atractivo: «Una persona que acaba de llegar puede cobrar unos 4.200 euros netos al mes». Sin embargo, el alto coste de vida en Suiza equilibra la balanza: «Aquí todo es más caro: el alquiler, la comida, el seguro médico… Un estudio en Ginebra puede costar unos 2.000 euros mensuales».
Pese a ello, asegura que se puede ahorrar con facilidad: «Se vive con más tranquilidad y se gasta menos. La vida social es muy diferente, ya que aquí todo empieza pronto y termina pronto. Los supermercados cierran a las seis y los restaurantes a las nueve. Eso también hace que salgas menos y ahorres más».
Cinco semanas de vacaciones
En Suiza, la jornada laboral media ronda las 42 horas semanales. «Yo trabajaba unas nueve horas diarias más la hora de comer», comenta. En compensación, las vacaciones suelen ser más generosas que en España: «Por ley son cuatro semanas, pero la mayoría de empresas ofrecen cinco, y algunas incluso seis».
El horario y el idioma fueron los mayores retos al principio. «Comer a las doce del mediodía me costó bastante», reconoce entre risas. Aun así, la experiencia le ha hecho crecer: «Aprendes a adaptarte, a valorar las cosas que tienes en España y las que te faltan».

De la camilla a las finanzas
Aunque su carrera como fisioterapeuta marchaba bien, Daniel sintió que le faltaba motivación. «No me sentía cómodo. Sentía que me pagaban por tiempo y no por conocimiento. Además, veía poca proyección laboral», confiesa. Por eso decidió cambiar de rumbo y estudiar un máster en finanzas, un campo que siempre le había interesado.
Ahora compagina sus estudios con la vida en una residencia universitaria -paga 890 euros al mes compartiendo habitación- y busca unas prácticas que le permitan aplicar lo aprendido. «Si las encuentro aquí, me quedaré un poco más, pero mi idea es volver pronto a España», asegura.
«En España hay falta de reconocimiento»
Con un hermano enfermero, Daniel conoce bien la realidad del sector sanitario español. «Hay mucha gente muy preparada que acaba sintiéndose infravalorada. Los salarios son bajos y las condiciones, precarias. Eso empuja a muchos a irse fuera o incluso a cambiar de profesión», lamenta.
Para él, el cambio pasa por reconocer especialidades dentro de la fisioterapia: «Igual que en medicina hay ramas, los fisios también deberíamos tener esa posibilidad. Eso haría que fuéramos más competentes y tendríamos más presencia en el sistema público».
Una experiencia que recomienda
A pesar de las dificultades, Daniel no se arrepiente de haber dado el paso. «Irte fuera te hace crecer, te enseña a valorar lo que tienes y lo que te falta. No es para todo el mundo, pero recomiendo probar, aunque sea unos meses. De volver, siempre se está a tiempo», asegura.

Cinco años después de dejar Cuenca, Daniel ha aprendido que vivir fuera no es solo ganar más dinero, sino ganar perspectiva. «Te das cuenta de que lo que buscas no siempre está en el salario, sino en sentirte bien con lo que haces», reflexiona.
Ahora, con una nueva etapa a la vista, tiene claro que su experiencia en Suiza le ha servido para mirar su tierra con otros ojos y valorar, más que nunca, la idea de volver a casa.