Una de las calles de mayor antigüedad en cuanto a su denominación es la de Aguirre, que aunque es muy corta, en ella figuran dos edificios muy importantes de la ciudad como lo son la Diputación Provincial y el Centro Cultural “Aguirre” e incluso parte de la Casa de Caballer, pues cuando en una parte de ese grandioso edificio estaban ubicados los talleres y redacción del desaparecido “Diario de Cuenca” (1984), antes “Ofensiva”, su domicilio era el de Aguirre, 3. El Ayuntamiento de Cuenca acordó darle el nombre de calle de Aguirre el 4 de abril de 1876, es decir, hace casi 150 años.
Por otro lado, el edificio del Centro Cultural Aguirre cumple 139 años, pues fue inaugurado el 30 de noviembre de 1886, con su nombre inicial y popular de Escuelas Aguirre, como fue el deseo de su fundador, Lucas Aguirre Juárez, el ilustre y filántropo conquense que donó su patrimonio para que se construyesen escuelas en Siones (Burgos), lugar de nacimiento de su padre, en Madrid y en Cuenca.

En este recorrido por las calles de Cuenca nos acercamos a la figura de este patricio conquense que dejó parte de su herencia en la ciudad que le vio nacer, para lo cual se formó el Patronato Aguirre, que fue el impulsor del edificio construido para Escuelas y que con el paso del tiempo se ha convertido en Centro Cultural, con Biblioteca Municipal incluida. Antes de tratar sobre la construcción del edificio es obligado conocer la figura de Lucas Aguirre, que además de dar su nombre a este Centro y la calle en la que se encuentra, cuenta además con un busto en bronce en el Parque de San Julián, realizado por Luis Marco Pérez.
Nacimiento del protagonista
Lucas Aguirre Juárez nació en Cuenca en el comienzo del siglo XIX, en concreto el 18 de octubre de 1800, en la casa número 45 de la calle de la Correduría o Correría, conocida a partir de 1881 como calle Alfonso VIII. Su padre, Andrés Aguirre, era natural de Siones, un pueblo burgalés, y se dedicaba a la venta ambulante por las duras tierras de las dos Castillas. En esos viajes no faltó la ciudad de Cuenca, que debió gustarle, pues se estableció en nuestra ciudad, abriendo una ferretería en esa calle de la Correduría y llevando además el servicio de diligencias Cuenca-Madrid. Aquí se casó con Inés Juárez y del matrimonio nacieron cinco hijos, siendo Lucas el menor. En el número 45 de la calle Alfonso VIII figura la lápida que recuerda el nacimiento y muerte de este conquense ejemplar, que en el año 1924, en el 51 aniversario de su muerte, colocó el Patronato de la Fundación Lucas Aguirre, con el rango de Excmo. Sr.

¿Cómo transcurrió la vida de Lucas Aguirre en Cuenca y cuál fue su relación con la ciudad para dejarle esa herencia?, se preguntarán muchos lectores. Según recoge Clotilde Navarro en el libro “Leer, escribir, contar en las Escuelas de Cuenca, evolución del sistema educativo durante el siglo XIX, “la pequeña tienda de los Aguirre resultó ser un próspero negocio en el que se implicaron como trabajadores todos los miembros de la familia, que además se beneficiaría de los procesos desamortizadores de ese siglo, pues con las ganancias de la tienda invirtieron en la compra de terrenos y huertas en gran parte de la provincia y casas y parcelas en la parte baja de la ciudad. Los Aguirre eran una familia rica y bien situada, aunque Lucas no siguió estudios, salvo los obligatorios de la época, y desde muy joven mostró una clara inclinación liberal.
“Los vaivenes políticos e ideológicos del complejo Siglo XIX español le acompañaron durante toda su vida e influyeron en él y en su familia. Todo iba bien para ese clan familiar, pero en pocos años mueren sucesivamente los padres y los hermanos, dos de ellos de manera ciertamente trágica, y Lucas Aguirre, soltero y sólo, a punto de cumplir los 60 años, solía viajar a Madrid para combatir la soledad provinciana, hasta que se estableció en la capital de España hacia 1860”.

“Allí realiza contactos y participa en los círculos intelectuales en los que se habla de la problemática de un país con una pobre estructura educativa capaz de llegar a todos los rincones y a todos los niños, y como apunta Clotilde Navarro, Lucas Aguirre concibe la idea que ha de plasmar en su Testamento, decidiendo dedicar todos sus bienes al fomento de la educación popular”. Establece unos Patronatos con el encargo de aplicar todos los bienes de su cuantiosa herencia a la erección de tres escuelas para niños y niñas pobres en Siones, el pueblo de su padre; en Madrid y en Cuenca, la ciudad en la que había nacido y vivido. Murió el 20 de marzo de 1873 y por petición del Ayuntamiento de Madrid fue enterrado en el cementerio de La Almudena.
El testamento de Aguirre
Una vez fallecido llega la hora de que se cumpla el Testamento de este conquense que había dejado gran parte de su vida en la ciudad que le vio nacer. Tras el farragoso papeleo, y la preocupación municipal de Cuenca por la tardanza, se insta a la testamentaría de Lucas Aguirre, compuesta por cinco albaceas, a tomar cartas en el asunto, entre ellos la puesta en marcha para llevar a cabo sus deseos de la erección de tres escuelas: en Siones, Madrid y Cuenca.
En el caso de nuestra ciudad, la primera piedra para edificar las Escuelas fue colocada el 3 de abril de 1876, en un acto histórico para una ciudad que contaba con unos seis mil habitantes. Fue una jornada histórica con desfile popular desde la Plaza Mayor a la Glorieta. Según relataba Rodolfo Llopis en una de las conferencias que pronunció sobre Lucas Aguirre en 1924, el filántropo conquense deseaba que el edificio de las Escuelas estuviese frente al mausoleo de los mártires de la Libertad en Cuenca. La colocación de la primera piedra tuvo su reflejo con un extraordinario dibujo en “La Ilustración Española y Americana” y el propio Ayuntamiento de Cuenca acordó dedicar a Lucas Aguirre la calle que partía desde la Glorieta de San Francisco, al día siguiente, es decir, el 4 de abril de 1876, colocando un cuadro en el Ayuntamiento y entregando los albaceas un estuche con los trofeos militares del ilustre conquense.

Sin embargo, el edificio y las Escuelas no se inauguraron hasta diez años después, cosa nada nueva por estos lares conquenses… En este caso los albaceas se mostraban poco entusiasmados, mirando más los intereses de las Escuelas de Madrid, inauguradas un mes antes. Efectivamente, hasta diez años después, y por diversas circunstancias, no se inaugurarían las Escuelas de Cuenca, hecho sucedido el 30 de noviembre de 1886, aniversario del nacimiento del padre de Lucas Aguirre.
De la crónica de la inauguración se hizo eco también “La Ilustración Española y Americana”, que envió a Cuenca a su director artístico y al dibujante Tomás Campuzano, que ya había estado en el acto de colocación de la primera piedra. Describe el semanario que “los cinco testamentarios supervivientes, señores De Galdo, De Onduvilla, Del Valle, Díez de Bustamante y De Isla, habían dirigido atenta carta a varias corporaciones y a distinguidas personas de esta corte, invitándoles al acto inaugural. Y a las siete y quince minutos de la mañana del 29 de noviembre salieron de Madrid para Cuenca, en el tren correo, en compañía de los dos primeros testamentarios nombrados, únicos que pudieron asistir a tan gran solemnidad”.
Por los dibujos de “La Ilustración Española y Americana”, debió ser un acto sumamente importante para aquella pequeña ciudad, que se estaba recuperando del saqueo que sufrió en 1874, con muy pocos medios, de ahí que Aguirre Juárez pensase en el futuro de aquellos mozalbetes con tan pocos recursos. En la estación de ferrocarril esperaban las autoridades de Cuenca a los componentes de la Testamentaría, a los que hicieron una recepción en las Casas Consistoriales, en cuyos balcones se colocaron colgaduras y una especial iluminación.

“La inauguración de las Escuelas –señalaba la acreditada Revista— se verificó a las once de la mañana del 30 de noviembre, con arreglo al siguiente programa: Reunión de los invitados en las Casas Consistoriales de Cuenca; salida de la comitiva (compuesta de más de 500 personas) en dirección a las Escuelas que se inauguraban; la banda de música de la ciudad, dirigida por el maestro Muñoz, ejecutó composiciones de los más notables maestros (con lo cual parece que hubo una banda anterior a la creada en 1895 que enlaza con la actual); lectura de las cláusulas del testamento del fundador relativas a Cuenca; historia del cumplimiento de las mandas y legados, y desarrollo de las instituciones testamentarias, por el testamentario Manuel María José de Galdo, que había sido alcalde de Madrid; discurso de contestación por las autoridades y por el alcalde del Ayuntamiento de Cuenca”, regresando la comitiva a las Casas Consistoriales.
Según recogía “La Ilustración Española y Americana”, “el acto inaugural se efectuó en el salón principal de las Escuelas, bajo la presidencia del señor Núñez de Arce, de la Universidad Central, quien tenía a su derecha al obispo de la diócesis, Juan María Valero Nacarino, el obispo Valero (que tiene plaza y calle de la que ya nos hemos ocupado), y a su izquierda al gobernador civil. Palabras esperanzadoras para el porvenir de Cuenca y un edificio el que se inauguraba que confrontaba muy bien con el Convento de San Francisco, luego denominado Parroquia de San Esteban, que muchos años después, en 1960, sería derribado en lugar de rehabilitarlo.

Por la noche se celebró un banquete en las mismas Escuelas, pronunciándose notables discursos y brindis, seguidos de recepción en los salones del Gobierno Civil y baile con espléndido buffet en las Casas Consistoriales. Entre los periodistas y escritores desplazados a Cuenca se encontraba José Ortega Munila, padre de Ortega y Gasset. El banquete fue servido por el afamado restaurante Lardy, de Madrid, que instaló unas cocinas en el patio de las Escuelas, y además se repartieron 500 kilos de pan entre los pobres. En las ilustraciones del dibujante Tomás Campuzano, para la Revista “La Ilustración Española y Americana”, se aprecia el paisaje de la Hoz del Huécar, una perspectiva de las Casas Colgadas, y entre ambos dibujos, un tercero en medio con las cocinas del Lardy en el patio de las Escuelas Aguirre.
Además, los señores testamentarios de Lucas Aguirre, para que los niños matriculados en las Escuelas y los pobres de la localidad tomaran también parte en el general regocijo, repartieron entre éstos algunos socorros y abrieron una libreta en la Caja de Ahorros de Madrid (por no haberla aún en Cuenca) a cada uno de aquellos, para que aprendan en los albores de su existencia lo que vale y significa la virtud del ahorro”. Todo un acontecimiento para la ciudad que también disfrutó de una corrida de vaquillas enmaromadas, gestión que llevaron a cabo los concejales Luis Sanz y Gironés, así como una velada de teatro con la obra “Los dos hijos”, de Fernando Bremón; concierto de la Banda de Música, y baile, como bien recoge Clotilde Navarro en su amplia y documentada obra sobre “La Enseñanza primaria en el Siglo XIX”.
También informaba la revista que “el edificio Escuelas de Aguirre” está situado en la parte baja y nueva de la población y comprende tres escuelas para niños, niñas y párvulos, pudiendo asistir en junio más de 300 alumnos; están dotadas de buen mobiliario y un material pedagógico perfeccionado con arreglo a los recientes progresos, y los profesores tienen la habitación en el mismo edificio.

Aunque se inauguraron en 1886, hasta seis años después, en 1892, no comenzó la actividad escolar, sin que el Ayuntamiento hiciese reproches a los patronos por esa tardanza. Clotilde Navarro apunta en su libro que en el año 1929 asistían a las Escuelas Aguirre unos 320 alumnos, que contaban con cuatro maestras y dos maestros de primera enseñanza. En su libro “Cuenca en el recuerdo”, Antonio Rodríguez señala que el solar se llamó Portales de Esquivel, en la huerta del convento de San Francisco, y que el proyecto del edificio fue obra del arquitecto Rodríguez Ayuso, el mismo que hizo el de las Escuelas Aguirre de Madrid, con cierta parecido a las de Cuenca, que desde 2006 es la sede de la Casa Árabe de la capital de España.
Sus escuelas
Desde ese año 1892 las Escuelas Aguirre cumplieron el papel que quería su fundador, y como bien señala Clotilde Navarro, hasta que ya a mediados de los años cincuenta del reciente Siglo XX perdieron su importancia debido al desarrollo de las nuevas ideas educativas. El edificio quedó cerrado y fue utilizado de manera esporádica para diversas actuaciones. Una de ellas fue como academia de ensayo de la Banda de Música de Cuenca. En abril de 1955, Gustavo Torner presentó en las Escuelas Aguirre una de sus primeras grandes exposiciones, mientras en la Diputación exponían conjuntamente Lorenzo Goñi y Luis Roibal. También se presentaron algunos nuevos “pasos” de Semana Santa. El local de Aguirre era un buen recurso para el Ayuntamiento ante cualquier iniciativa cultural, y una de ellas fue la de habilitar como hospital el amplio pasillo de entrada en 1985, para el rodaje de la serie de televisión “Clase media”.
La rehabilitación del edificio Aguirre comenzó en el año 1982, fecha en la que el Ministerio de Administraciones Públicas destinó una inversión de cien millones de pesetas a esta obra, con ocasión del Quinto Centenario del Descubrimiento de América. La financiación en los años siguientes para la consolidación del edificio, en el que se invirtieron más de 300 millones de pesetas, corrió a cargo del Ayuntamiento de Cuenca, de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y del Patronato “Lucas Aguirre”, que aportó una partida de 23 millones de pesetas para esa rehabilitación.
Para convertir el edificio de las Escuelas en Centro Cultural se formalizó un convenio entre el Ayuntamiento y el Patronato para que se dedicase a usos educativos para la población, como demandó su fundador. En lo que era el patio se levantó un amplio edificio con aulas para cursos y clases nocturnas.
Su centro cultural
El 9 de junio de 1999 se reinauguró el edificio como Centro Cultural “Aguirre”. Desde el Ayuntamiento se hacía hincapié en que la apertura del edificio era un acontecimiento importante para la ciudad, en palabras del entonces concejal de Cultura, Jesús Cordente, quien apuntaba que la intención era darle un uso extraordinario desde el punto de vista cultural, como era el deseo del fundador Lucas Aguirre. El edificio alberga la Biblioteca Municipal, que entonces contaba con 21.000 volúmenes, a los que se añadían otros 8.000 volúmenes de la biblioteca de Fernando Zóbel, la de Federico Muelas y el fondo de la Casa Zavala.

Cuenta con un amplio salón de actos, que lleva el nombre del profesor “Juan José Brihuega”, sala de exposiciones y parte del Archivo Histórico Municipal. No cabe duda de que el Centro Cultural Aguirre está realizando una extraordinaria actividad en este edificio que es todo un símbolo de la Cuenca del Siglo XIX y con ello se ha convertido en un ámbito para la convivencia, la cultura, el progreso y la libertad, que es lo que quería y deseaba Lucas Aguirre y Juárez.
Por otro lado es fácil observar en el número 45 de la calle Alfonso VIII, la placa con la inscripción de la fecha de nacimiento de Lucas Aguirre, con una aureola de laurel. En 1924 se cumplían los 51 años de su fallecimiento, y el Patronato de Lucas Aguirre organizó durante parte de febrero y marzo unas conferencias semanales en las Escuelas, en las que intervinieron Rodolfo Llopis, que glosó la figura y obra de Lucas en dos sesiones; Federico García Sandoval, que habló sobre el problema agrario; Calixto Moraleda, con el asunto pecuario y Manuel Cardenal, que incidió en el poco desarrollo cultural.

Estas jornadas iban a concluir el 20 de marzo, fecha del 51 aniversario, y al efecto el Patronato publicó una nota con el título “Al pueblo de Cuenca”: “El día 20 de marzo se cumple el Cincuenta y un aniversario del fallecimiento del gran filántropo conquense excelentísimo Sr. Don Lucas Aguirre y Juárez. Con tal motivo, el Patronato actual, con el fin de perpetuar más su memoria, descubrirá una lápida conmemorativa en la casa donde nació Don Lucas, el año 1800, la señalada con el número 45 de la calle de Alfonso VIII. El descubrimiento de la lápida se efectuará el día 23 del corriente y esperamos una gran asistencia”
Nadie contaba con las dificultades meteorológicas y el 23 de marzo de 1924 resultó un día tan lluvioso que hasta el río Júcar se desbordó. El acto del descubrimiento de la placa quedó suspendido y eso sí, la placa quedó en su sitio, y ya no se llevó a cabo su inauguración. El río, sobre su nivel ordinario, llegó a alcanzar cerca de cuatro metros, saltando sobre el puente de los Descalzos, inundando las fábricas de luz de Las Grajas y llevándose la línea de la del Batán.
Su aspecto en el Recreo Peral y San Antón era imponente, y en la carretera de Uña se cortó la poca circulación. Las huertas de la Alameda, donde también tenía propiedades el Patronato Aguirre, quedaron arrasadas. El siguiente año, 1925, y en las mismas fechas, se volvieron a organizar conferencias para el mes de marzo con intervenciones de Rodolfo Llopis y Daniel Portero, y a partir de entonces se empezó a gestar la idea del monumento a Lucas Aguirre, por suscripción popular, colaborando de manera expresa los niños.

El monumento, que no era el del boceto inicial, según Antonio Rodríguez, fue inaugurado el 8 de septiembre de 1927 en el Parque de Canalejas (luego Retiro y finalmente San Julián), en el último día de las fiestas sanjulianeras y durante el acto pronunció unas palabras el científico conquense Ángel del Campo Francés, que había sido premio “Lucas Aguirre” como mejor alumno conquense.
(Datos: www.elblogdecuencavila.com Facilitados por José Vicente Ávila)
