La siniestralidad en las carreteras interurbanas sigue siendo una de las principales preocupaciones en materia de seguridad vial. Aunque en las ciudades se concentra la mayoría de los accidentes, las vías fuera del casco urbano, donde se circula a mayor velocidad, suelen registrar los siniestros más graves, especialmente en provincias con baja densidad de población como Cuenca.
Según un análisis llevado a cabo por la empresa Informes Mecánicos, a partir de datos oficiales de la Dirección General de Tráfico (DGT), la A-3 -que conecta Madrid con Valencia atravesando Cuenca- ha sido identificada como la carretera más peligrosa de la provincia durante 2023, con un total de 50 siniestros.
Le siguen, aunque con cifras considerablemente más bajas, la N-420, con 17 accidentes; la N-320 y la CM-2100, ambas con 8 accidentes; y la CM-200, con 7.
En Castilla-La Mancha, la A-3 se sitúa entre las vías con mayor siniestralidad, solo por detrás de carreteras como la A-5 en Toledo, on 90 accidentes; la A-42, también en Toledo, con 80; la A-2 en Guadalajara, con 61; y la A-4 en Toledo, con 53.
Un dato curioso
Uno de los aspectos más destacados del informe es que la mayoría de estos accidentes no se producen bajo condiciones adversas. De hecho, el 90 % ocurren con el asfalto seco y limpio, el 72 % durante el día con luz natural, el 88 % en condiciones meteorológicas despejadas y el 71 % en situaciones de tráfico fluido.
Además, dos de cada tres accidentes tienen lugar en tramos rectos de la vía. Estos datos apuntan a un factor común determinante: la falta de atención o despistes al volante, incluso cuando las condiciones aparentes invitan a una conducción segura.