Cuando el aire del otoño empieza a refrescar los paisajes manchegos, hay destinos que invitan a viajar en el tiempo sin salir de la región. Uno de ellos se encuentra a menos de dos horas de Madrid y se ha ganado un lugar destacado entre los pueblos mágicos de Castilla-La Mancha.
Se trata de Belmonte, en la provincia de Cuenca, una localidad incluida en la red nacional de ‘Los Pueblos Mágicos’, una iniciativa que nació de la mano del Instituto de Desarrollo Local y Estudios Sociales IDL y de la que forman parte más de 130 municipios de España.
Belmonte destaca no solo por su valor patrimonial, sino también por su historia, su arquitectura singular y su capacidad para ofrecer al visitante una experiencia cultural auténtica. «Es una villa histórica», señala la plataforma. Su relevancia se remonta a la época visigoda, aunque su mayor esplendor llegó en el siglo XIV, cuando fue concedida como villa a don Juan Fernández de Pacheco, primer Marqués de Villena, en 1398.
Durante ese periodo florecieron algunas de las construcciones más emblemáticas de la villa. «Con el Marquesado de Villena se construyó el Castillo de Belmonte, la Colegiata de San Bartolomé, el recinto amurallado y otros edificios importantes que hacen que actualmente Belmonte sea una Villa declarada Conjunto Histórico Artístico», explica ‘Los Pueblos Mágicos’ en su página web.
Un castillo único
Uno de los grandes emblemas del municipio es el Castillo de Belmonte, ubicado en el cerro de San Cristóbal. «De estilo gótico-mudéjar, fue declarado Monumento Nacional en 1932», destaca la plataforma. Su estructura en forma de estrella lo convierte en una joya única dentro de la arquitectura militar española. «No hay ningún otro castillo en España con este tipo de planta», subraya.
Sus artesonados del siglo XV, especialmente los del Salón Regio y el Oratorio, son una magnífica muestra de arte mudéjar, que aún conservan restos de su policromía original. La visita al castillo en otoño, con la luz dorada envolviendo sus torres, es una experiencia visual y emocional difícil de olvidar.
El coro historiado más antiguo de España
Pero Belmonte no es solo su castillo. Otro de sus tesoros es la Colegiata de San Bartolomé, construida en 1459 sobre la antigua iglesia del pueblo. «De factura gótica, en su interior se funden diferentes estilos artísticos, sorprendiendo las obras artísticas que alberga entre sus muros», cuenta la plataforma. Entre sus joyas destacan las rejas platerescas de Hernando de Arenas y los retablos de sus trece capillas. Mención especial merece el Coro de Egas Cueman, del año 1454, considerado como «el coro historiado más antiguo de España y que perteneció a la Catedral de Cuenca».
Así, Belmonte se revela como una opción ideal para una escapada otoñal cargada de historia, arte y patrimonio. Caminar por sus calles empedradas, explorar su castillo estrellado y descubrir los secretos de su colegiata es sumergirse en siglos de memoria viva.