El desconocido pueblo de Cuenca que merece una visita: tiene un puente romano y es Conjunto Histórico-Artístico

Llegó a albergar más de 80 familias hidalgas, lo que le valió el apodo de 'Pequeña Corte de La Mancha'

Al sur de la provincia de Cuenca, en plena llanura manchega, se alza un lugar que sorprende por su historia, su riqueza patrimonial y su autenticidad. Pasear por sus calles es hacer un viaje al pasado a través de edificios renacentistas, iglesias imponentes, puentes romanos y casas nobles que transmiten esplendor. Sin embargo, sigue siendo una joya poco conocida fuera de Castilla-La Mancha. 

Durante siglos, este municipio fue capital de la Mancha Alta y de la Mancha de Montearagón, lo que puede dar una idea de la importancia histórica y económica que tuvo en su día. En el siglo XVI llegó a albergar más de 80 familias hidalgas, lo que le valió el apodo de ‘Pequeña Corte de La Mancha’. 

Este lugar es San Clemente, una villa con raíces que se remontan a la Edad del Bronce y que conserva vestigios celtíberos, romanos y visigodos. Uno de sus grandes tesoros es el puente romano sobre el río Rus, considerado el mejor conservado de la provincia. También se ha documentado el paso de una calzada romana y la existencia de antiguas villas romanas en la zona.

Época dorada

Su historia cobra fuerza en época medieval, con su origen cristiano ligado a la aldea de Rus y su posterior integración en el Marquesado de Villena. En 1445 recibió el título de villa de manos del Maestre de Santiago, y más tarde, su apoyo a los Reyes Católicos en la guerra sucesoria le valió el privilegio de mercado franco y su incorporación a la Corona de Castilla. A partir de entonces vivió su época dorada, reflejada en la arquitectura civil y religiosa que aún se conserva.

Foto: Turismo JCCM

Conjunto Histórico-Artístico

San Clemente fue declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1980, y desde 1992 cuenta con dos edificios declarados Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento: el Antiguo Ayuntamiento y la parroquia de Santiago Apóstol. Además, cuenta con numerosos edificios importantes.

El visitante puede recorrer un casco urbano salpicado de palacios, conventos, puentes medievales y ermitas, junto con construcciones singulares como el pósito del siglo XVI, la antigua cárcel, el arco barroco que une el ayuntamiento con la iglesia, y numerosas casas populares manchegas.

En el ámbito cultural, la localidad alberga dos museos de gran interés: el Museo Etnográfico de Labranza, instalado en una torre vigía medieval, donde se exhiben utensilios del campo, herramientas antiguas y objetos domésticos tradicionales; y el Museo de Obra Gráfica, sede de la Fundación Antonio Pérez, que reúne una colección de arte gráfico contemporáneo de referencia nacional.

Foto: Turismo JCCM

Una gran gastronomía

La experiencia no estaría completa sin mencionar su gastronomía manchega, que incluye platos como el gazpacho manchego, los duelos y quebrantos, las migas, el morteruelo o las gachas, con el cordero como gran protagonista. Todo ello acompañado de vinos, quesos y embutidos artesanales elaborados en la propia localidad.

San Clemente es mucho más que un bonito pueblo manchego. Es historia viva, arte, tradición y sabor. Un lugar que espera ser descubierto y disfrutado con calma.

María López

Graduada en Periodismo por la Universidad de Castilla-La Mancha. He pasado por Cadena SER, Castilla-La Mancha Media y El Español.
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