La revista en aquel estante del supermercado llamaba demasiado la atención. Disparaba un primerísimo plano de Di Caprio con unos cuantos años más que en el póster de Romeo y Julieta que cuelga en el recibidor de casa el año que se estrenó la película en 1996. Al ojear la entrevista al personaje un artículo inesperado avivó la curiosidad periodística. Decía: «Cuando el bienestar va mal». ¿Cómo? ¿El bienestar puede tener un lado oscuro? Y un poco más abajo… «¿Tu yo actual no es lo suficientemente bueno?» De repente se siente el peso de que siempre tenga que haber una mejor versión de uno mismo. «El wellness mal entendido puede convertirse en una obsesión tóxica», seguía diciendo. Un enfoque que no dejaba de ser novedoso a la par que espantaba un buen puñado de tópicos. Enseguida la pregunta pertinente: ¿Y esto también pasa en Cuenca? La respuesta solo podía venir del ámbito de las Ciencias Sociales, de la mano de expertos como Ricardo Martínez, el decano de la Facultad. Por cierto, para los más ávidos de información, la revista se llama Esquire.
Queríamos hablar un poco de un tema que a nivel social está dando bastante qué hablar. Por un lado, el wellness es un término acorde con el mundo moderno en que vivimos, el del Estado del Bienestar, pero parece que también tiene una parte oscura, ¿no? ¿Nunca estamos satisfechos? ¿Siempre queremos superarnos más? ¿Acaso no genera esto insatisfacción?
Yo creo que al final lo difícil en este mundo es tener equilibrio. Es decir, por un lado, tiene un efecto positivo, sobre todo en lo que tiene que ver con las tecnologías de la información, inteligencia artificial, los gadgets: tener un móvil que te diga que has hecho 20.000 pasos, que has quemado no sé cuántas calorías… o una app que te dice qué producto es bueno, que tiene una certificación A o B, qué alternativas son más sanas o saludables. También en los últimos años al favorecer, por ejemplo, que mucha gente pueda teletrabajar permite organizarse mejor la vida, tener más tiempo para hacer deporte, para el cuidado personal… O sea, todo lo que beneficia la parte más emocional y buscar equilibrio en el desarrollo profesional.
Pero claro, tiene una parte negativa que muchas veces genera frustraciones al marcar un canon, a lo mejor, de belleza, o que hace que nos sintamos mal por no hacer dos horas de deporte al día. Esto va a depender del tipo de trabajo que se tiene, de los vínculos personales, de las cargas familiares. Algunos de los estándares son negativos porque al final hay que aprender a gestionar el tiempo que se tiene y las actividades de cada uno y hay estándares muy altos.

«SI NO ENTRENO NO PUEDO CORRER LA MEDIA MARATÓN DE CUENCA»
En el caso de la nutrición, ¿siempre hay una dieta mejor, una que pone el foco en otro aspecto que no se había tenido antes en cuenta y es más interesante? Porque el bienestar no se acaba…
Yo también pienso que cada uno tiene que crearse su propia receta. No hay fórmulas mágicas universales para todo el mundo porque cada uno tiene sus propias circunstancias. Hay gente que incluso comiendo productos grasos no engorda y gente que come muy poco y engorda, depende de la genética y el metabolismo. También hay personas que con poco deporte que hagan les vale y se encuentran plenas de salud y otras que hacen mucho deporte y nunca acaban, siempre quieren mejorar su marca, algunas veces con pruebas muy exigentes. Nos ha ocurrido que en los últimos años ha habido casos con problemas de salud porque se ha hecho un esfuerzo mayor del que se podía. A ver, si yo no entreno es difícil que pueda correr la media maratón de Cuenca, podría hacer una carrera de 5 km si estoy habituado a salir.
Es importante saber cuáles son tus límites. Y lo más difícil de todo es aprender a gestionar el propio tiempo, las emociones y el presupuesto. Lo que acaban vendiendo en redes sociales es comer muy sano, pero es algo que suele ser bastante caro. Todos estos influencers, los youtubers, y todos los que recomiendan comprar tal producto premium por ser bio o de algún tipo de planta exótica que no se vende en España no dicen que 100 gramos de ese producto puede equivaler a lo que alguien se puede gastar en dos días. Luego también los cánones de belleza que van asociados a la cultura wellness marcan un estándar complejo.
¿Tu opinión es que el límite a esa exigencia es uno mismo? Al final uno tiene que conocerse para dejar de vivir en esa perpetua ansiedad y búsqueda de otra cosa mejor para superarse día a día…
Sí. Yo creo que al final tener un autodiagnóstico de ti mismo es importante. También considero la parte buena de decir ‘voy a cuidarme’, elegir este producto que tiene menos grasas o este otro que me va a generar más energía… Eso me parece muy bueno. Antes a lo mejor no mirabas si era bollería industrial, ahora compras pan y dices ‘¡anda, es de masa madre!’, o una bebida de zumo sin aditivos.
Lo difícil es saber gestionar el conjunto de factores de forma integral. Lo que se llama enfoque holístico, o sea, aprender que lo importante no es el resultado, sino el proceso que desarrollas, porque va a depender de muchas variables.

CADA PERSONA TIENE QUE BUSCAR SU PROPIA FELICIDAD
¿Sería la forma de sacudirnos como sociedad la obsesión por el wellness de las conversaciones grupales que puede hacer que alguien se sienta culpable por el estilo de vida que lleva?
Sí, hay un efecto pernicioso por las aplicaciones que comparten datos con los compañeros: cuánto has andado, por dónde has ido, si has comido sano. No entiendo que si a una persona le gustan los torreznos tenga que andar después 5 kilómetros o desayune avena con leche porque las magdalenas tienen más carbohidratos. Cada persona tiene que buscar su propia felicidad y a lo mejor hay gente que es feliz haciendo mucha actividad y gente que no necesita 10 horas de deporte.
Puede que el término wellness se haya disfrazado de un tufillo muy moderno y queda un poco desfasado no subirse al carro de lo saludable… ¿Por qué este fenómeno se extiende tan rápido?
En sí no es malo. Aprender a identificar qué elementos tiene cada comida o andar todos los días 4 kilómetros es bueno porque se queman calorías y te sientes mejor. A lo mejor hasta duermes mejor. Lo que pasa es que también hay mucha pseudociencia, ves a muchos influencers vendiendo cosas que no son científicamente probadas ya que además del bienestar físico existe el bienestar emocional. Habrá que hacer deporte si te refuerza hacerlo con amigos o te ayuda a socializar o te viene bien para la salud. Pero también hay un efecto llamada en cuanto a su mercantilización. Mucha gente acaba vendiendo un curso, un entrenamiento, un gimnasio, unos productos naturales, una oferta que no necesitas…

TU AMIGO HA HECHO UN RECORRIDO HASTA EL PUENTE DE VALDECABRAS
¿Cuándo acaba siendo una esclavitud?
La idea es consolidar hábitos. Hay acciones que si se repiten habitualmente y suponen cuidarte de alguna forma te refuerza positivamente. Sabiendo que el exceso es malo, cada persona debe saber cuál es el punto, no todos somos iguales. Quienes teletrabajan a lo mejor comen más sano, pero yo creo que, en sentido amplio, cada uno tiene que ser consciente de lo que hace.
Son pequeños micro hábitos que te refuerzan. Si todos los días en mi smartwatch me sale una ventanita felicitándome porque he dado 5.000 pasos me puede venir bien, o si me envía un mensajito de lo que hacen mis amigos: ‘mira, tu amigo ha hecho esta actividad, se ha ido a andar y ha hecho un recorrido hasta el puente de Valdecabras y ha vuelto’, pues es un refuerzo positivo importante. Gente que a lo mejor es sedentaria y no tiene autodisciplina puede que necesite contratar a un coach, un entrenador personal o tener apoyo psicológico ante algunas dificultades. En todo caso, sería buscar un equilibrio, que es lo más difícil en esta vida.

















