El esfuerzo silencioso de quienes trabajan en las fiestas de San Mateo sostiene la alegría de miles de conquenses y visitantes. Madrugar cuando los demás descansan, repartir hielo, cerveza o recoger basura en cantidades récord forma parte del sacrificio de una fiesta que no se entiende sin ellos.

Amanece en la Plaza Mayor de Cuenca después del primer día de las fiestas de San Mateo. Mientras unos descansan, otros velan para que todo salga bien.

Pedro Torijano, de la Peña Alfonso Octavas, está de guardia en la mañana de este viernes. A primeras horas ya prepara lo necesario para la tarde. «Ayer fue un día duro, con el desfile y todo lo que vino después. Fuimos apretados de tiempo, pero el ánimo de todos los peñistas fue muy bueno. Me ha tocado madrugar muy a mi pesar«.

Desde las seis de la mañana, Alberto Bonilla, del servicio de limpieza, recorre las calles. «Vamos limpiando desde la calle de San Pedro hasta la Plaza Mayor. Notamos que los compañeros de la noche han hecho una gran labor».

Marco Olmeda, distribuidor de cerveza, junto a otros compañeros, se encarga de abastecer a los bares. «Al caer en fin de semana se trae más que otros años, casi el doble que el pasado. Perfectamente se pueden consumir 3.000 litros en varios bares. Son 24 palés diarios de cerveza. Normalmente es un camión al día, pero en San Mateo son cinco camiones diarios».

Ramón Castillo, un histórico comerciante de la Plaza, ha vivido ya 66 San Mateos. Jubilado, ahora es su familia quien atiende la tienda. «Yo he vivido otra vaquilla de tomate y pata. Ahora no me gusta tanto jaleo y me voy al campo en San Mateo», comenta mientras descargan hielo para la vaquilla de la tarde.

Precisamente, del hielo se encarga Adrián Muelas, repartidor, desde primeras horas de la mañana. «Los bares, peñas y todo el mundo en general nos piden. Repartimos unos 1.500 kilos de hielo a diario, solo en mi empresa, porque hay más repartidores».

Luisa López, del restaurante El Secreto de la Catedral, afronta unas jornadas intensas en la hostelería. «El primer día de San Mateo fue muy intenso, pero lo viví con mucha alegría. Ver la plaza con tanta gente y con buen tiempo me alegra mucho. Estoy contento de trabajar a pesar de que otros estén de fiesta; así lo elegí yo. Además, San Mateo debería ser siempre festivo local y unirse al fin de semana, porque multiplica la actividad y genera riqueza en una economía circular».

El servicio de limpieza redobla sus esfuerzos. Miguel Arteaga, encargado de la recogida de basura, explica que «recogemos el cuádruple de basura que un día normal. Desde las 7 de la mañana trabajamos en la calle del Castillo, Plaza Mayor y Anteplaza. Hoy ya llevamos un camión con 8.000 kilos. Anoche, solo desde la Posada de San José hasta el Castillo, se sacaron 3.000 kilos».

Miguel Jarque, tabernero durante cuarenta años en la bajada a San Miguel, recuerda que «Tuve un buen inicio de fiestas, con bastante clientela, y para el fin de semana tengo buenas expectativas».

Ellos, junto a muchos otros trabajadores y voluntarios, son los protagonistas silenciosos de la otra cara de San Mateo: la del sacrificio diario para que otros disfruten de la fiesta.