Con la llegada del otoño, la provincia de Cuenca se viste de ocres y dorados, ofreciendo el escenario perfecto para escapadas tranquilas entre naturaleza, patrimonio y tradición.
Entre sus joyas escondidas, el municipio de Mira, en la Serranía baja conquense, destaca como un destino ideal par quienes buscan desconexión, historia y paisajes con alma. Ubicado en un entorno privilegiado, conserva la esencia de los pueblos serranos y no pasa desapercibido para quienes lo visitan.
Arquitectura serrana
El casco histórico de esta localidad, con casas serranas y calles empedradas, invita a dejarse llevar por un ritmo pausado. En el corazón del pueblo se alza la Iglesia Nuestra Señora de la Asunción, una construcción de origen gótico con añadidos barrocos, y cerca de allí se encuentra la casa natal de Antón Martín, discípulo de San Juan de Dios y figura destacada de la historia religiosa del siglo XVI.

Aunque hoy apenas quedan restos, el cerro donde se levantaba el antiguo castillo medieval de Mira ofrece una vista panorámica del valle y alberga el misterioso Pozo Mortero, protagonista de leyendas locales que hablan de pasadizos subterráneos hasta el río.
Un museo en sus muros
Mira ha sabido reinventarse sin perder su esencia. Un claro ejemplo es el proyecto ‘Museo en los Muros’, impulsado por el Centro Dramático Rural, que convierte las fachadas del pueblo en lienzos para murales artísticos que dialogan con la historia y la vida cotidiana.
Pero este pueblo no es solo patrimonio y arte. Sus alrededores son ideales para el senderismo otoñal. Los más aventureros pueden explorar caminos hacia el río Ojos de Moya, disfrutar del cromatismo de los viñedos y almendros o simplemente pasear por las huertas que bordean el pueblo.

En definitiva, Mira es un destino perfecto para una escapada. Patrimonio, arte, leyendas y un entorno natural de los que ya no abundan. Un pueblo que no busca impresionar, pero sí quedarse en la memoria.