No podía faltar en el callejero de la ciudad el nombre de San Mateo, aunque cuando el Ayuntamiento en su día acordó dar el nombre del Evangelista, no lo hizo sólo porque su nombre se asociaba a la celebración de la vaquilla en el Aniversario de la Reconquista de Cuenca por Alfonso VIII, sino que incluyó en las calles cercanas a la de San Mateo los nombres de los evangelistas, San Lucas y San Marcos, acuerdo tomado por la Corporación Municipal el 29 de noviembre de 1950, según anota José Luis Muñoz Ramírez en su “Diccionario de andar por casa”. La calle de San Mateo se encuentra en el barrio de Buenavista, entre las travesías de San Lucas y San Marcos y la Avenida de Castilla-La Mancha. Faltaría en el callejero el Evangelista juanista, pues aunque la calle de San Juan existe desde siglos en el Casco Antiguo, en realidad se trata de San Juan Bautista, al haber estado junto a la Puerta de San Juan la parroquia del mismo nombre, de la que queda parte de la torre. Parece que la calle de “San Juan” sirve para los dos juanes…

CAPILLA O ALTAR DE SAN MATEO
La Capilla de San Mateo, en la Catedral de Cuenca, guarda durante el año el Pendón Real del Rey Alfonso VIII, que cada 20 de septiembre por la tarde entrega el Cabildo de la Catedral al Ayuntamiento de Cuenca, en manos del concejal más joven de la Corporación. El Pendón ocupa un lugar destacado en la Capilla, enfrente de la imagen de San Mateo, y al lado del Retablo en el que destacan las pinturas de San Mateo y San Lorenzo, obras de Martín Gómez El Viejo, encargada por el Cabildo en 1551. El Retablo lo hizo Esteban Jamete y fue restaurado en 1991 por la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense. Una imagen contemporánea de San Mateo, de García Langa, completa la capilla con una reja de forja en la que destaca el escudo de la ciudad de Cuenca.

LA FIESTA CON PREGÓN DE 1581
El nombre de San Mateo tiene un apellido muy concreto: La Vaquilla, la fiesta, que resumimos con esta sipnosis de lo que ocurre en Cuenca del 18 al 21: «Con el otoño recién llegado, de olores de uva y membrillo, cada 21 de septiembre, día de San Mateo, Cuenca celebra su fiesta más popular, la Vaquilla, que viene a conmemorar la Reconquista de la ciudad por el Rey Alfonso VIII, hecho acaecido en el año 1177.
Relatan las crónicas que el asedio de la ciudad comenzó el día 6 de enero y concluyó el 21 de septiembre con la entrada en la ciudad de las tropas mandadas por el joven Rey, que contaba 18 años de edad. El arraez moro Mohamed entregó las llaves de la ciudad al rey cristiano, quien a su vez dotó a Cuenca de Fuero y sede episcopal, fundada en 1182 por el Papa Lucio III, con Juan Yánez como primer prelado al que sucedió nuestro patrón San Julián, como segundo obispo.
Cuenta la tradición que el rey Alfonso VIII entró en la ciudad llevando junto a sí, y sobre el arzón de su cabalgadura, una talla de la Virgen del Sagrario, imagen que cuenta con capilla propia en la Catedral, que fue edificada sobre la antigua mezquita, siendo una fiel impulsora la Reina Leonor Plantagenet, esposa de Alfonso VIII. La construcción del templo catedralicio, iniciado en 1183, fue uno de los símbolos de la reconquista de la ciudad como queda recogido en la inscripción que figura entre las columnas de la Catedral, declarada monumento nacional en 1902. Conquistada la ciudad, el Rey Alfonso VIII dio por armas y blasón a Cuenca para su escudo una estrella de plata sobre un cáliz de oro, en campo rojo.
Como bien se recoge en la Declaración de Cuenca Gran Ciudad, “la reconquista por Alfonso VIII, en 1177, marca el inicio de la “ciudad cristiana” y, durante algún tiempo, el de “corte regia”, que significa: adquisición de personalidad jurídica con el Fuero, inicio del poder eclesiástico, con la sede episcopal que se inició con Juan Yánez y San Julián, y la Orden Militar de Santiago, impulso demográfico con la repoblación y afianzamiento de una base económica propia, apoyada en el binomio ganadería-industria textil.

Una ciudad de origen antiquísimo que empezaba a contar como plaza fuerte cuando se inició la conquista de la Península por los musulmanes, que la denominaron “Conca” ciudad fuerte e inexpugnable que está en medio de dos collados tan altos e asperos que la facen fuerte: e debajo dellos pasan los ríos que nombran fluvios Sucro e Huecar. Encima dellos en un collado está su fundación”. Hasta que Alfonso VIII la conquistó el 21 de septiembre de 1177.
La celebración de San Mateo se remonta a los primeros años de la Reconquista, aunque el documento más fidedigno sobre la institución de la festividad cívico-religiosa en el día de San Mateo, en el aniversario anual de la Conquista de Cuenca por el Rey Alfonso VIII, se encuentra en el Archivo Municipal, data de 1581 y es el expediente número 8 del Legajo 1.131. Comienza así: “Testimonio del pregón que se dio en 19 de septiembre de 1581 para la celebridad del día del Señor San Matheo, con los atabales y trompetas de la Ciudad.
El muy ilustre Señor Don García Busto y Villegas, Corregidor de las Ciudades de Cuenca, Huete y sus tierras por su Majestad, Hago saber a todos los vecinos y moradores de esta Ciudad como el Ilustrísimo Sr. Obispo de Cuenca y los muy Ilustres Señores Cabildo de la Santa Iglesia y Regimiento han instituido y ordenado de hacer y celebrar la fiesta del glorioso y bienaventurado apóstol y evangelista San Mateo, en cuyo feliz día fue nuestro Señor servido, que estando esta Ciudad poseída de moros fuese ganada y restituida por el cristianísimo Rey Don Alfonso el Noveno”.

“Se le denominó Alfonso VIII, con posterioridad al año de mil ciento y setenta y siete teniendo presente la gran merced que nuestro Señor en tal día nos hizo, para que con más devoción se celebre y solemnice su fiesta, así en lo espiritual como en lo temporal… Asimismo se ha ordenado por la ciudad que en cada año haya fiesta de toros la víspera de este glorioso santo y el día haya regocijos y máscaras a cabo lo cual se deja de hacer esto por las graves causas que lo impiden”.
Constituida la fiesta como tal la celebración ha venido teniendo en el tiempo dos aspectos que le han dado carta de naturaleza: la conmemoración histórica con la participación y presencia de la Corporación Municipal, acompañada por el pueblo (las peñas) y la celebración festiva en torno al toro (la vaquilla).
Durante muchísimos años la fiesta de San Mateo estuvo ceñida a los días 20 y 21 de septiembre, ampliándose la celebración en la década de 1970, siendo el año más pródigo el de 1978, con ¡seis días! de vaquilla, desde el 19 al 24 de septiembre.

Fechas
Las fechas quedaron fijadas definitivamente entre los días 18 al 21 de septiembre, en un acuerdo del Pleno Municipal en 1995, y la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha la declaró como Fiesta de Interés Turístico Regional en el año 2001
Coinciden los días finales del verano con las fiestas que celebra Cuenca, primero a su Patrón San Julián y días más tarde con la Vaquilla de San Mateo. Septiembre fue el mes festivo por excelencia para la ciudad en torno a San Julián y San Mateo, aunque al pairo de los tiempos las fiestas patronales fueron trasladadas a la segunda quincena de agosto. En un rápido análisis sobre las fiestas más íntimas de la ciudad, no cabe duda de que las de San Mateo tienen el más cálido sabor conquense, las de mayor participación, porque no en vano las gentes de Cuenca son protagonistas de todo lo que ocurre en torno al Casco Antiguo de la ciudad.
Salvo algunas excepciones de fuerza mayor, podemos decir que cada 21 de septiembre Cuenca ha celebrado su Vaquilla de San Mateo con la devolución del Pendón y la suelta de la vaquilla, previa la actuación de la Banda de Música con sus airosos pasodobles.

Como todas las fiestas de añeja tradición, las de San Mateo han crecido en el tiempo en el número de participación con la inclusión de las Peñas a partir de 1978, año del primer desfile. Si la fiesta matea convoca cada año sin más a los conquenses, las peñas le iban a dar otro realce, otro colorido, que se ponía de manifiesto con los desfiles de inicio y final de fiestas.
Pregonar la fiesta de la Reconquista de Cuenca se ha convertido en costumbre desde 1984. Desde ese año, distintos personajes de la vida conquense se han asomado al balcón del Ayuntamiento para recordar la historia y ensalzar las fiestas mateas, en tanto que peñistas y público en general corean las frases de los distintos pregoneros, que finalizan con el coreado ¡Viva Cuenca! y ¡Viva San Mateo!
Y tras el pregón, el homenaje a los personajes populares de la fiesta, entre ellos los maromeros, que han ido pasando el testigo de la maroma, con apellidos y nombres populares, de una genealogía que ha ido uniendo a distintas familias. El saludo del alcalde supone el comienzo de cuatro días en los que la ciudad vive con plenitud estas fiestas tan arraigadas en la vida conquense.
En su celebración festiva, la Vaquilla de San Mateo tiene que girar sobre el elemento histórico que la conforma, como lo es la Reconquista de la ciudad por el Rey Alfonso VIII. El traslado del Pendón Real, en la tarde del 20 de septiembre y la devolución el día 21, son los actos de mayor solemnidad de la histórica celebración.
Así, en la tarde del día 20, y desde los arcos del Ayuntamiento, la comitiva municipal parte hacia la Catedral, acompañada por las peñas y ciudadanos. La Corporación acude hasta el templo catedralicio bajo mazas, acompañada de la Banda de Música de Cuenca. En el primer templo espera el Cabildo que acompaña a la Corporación hasta el altar mayor. Desde comienzos del siglo XX es costumbre que el Pendón sea portado por el concejal mas joven de la Corporación.

Una vez que el edil más joven porta el Pendón de Alfonso VIII, se inicia una procesión litúrgica en el interior del templo, pasando por la Capilla de San Mateo, hasta la puerta de la Catedral, donde el concejal muestra la Enseña al pueblo, a los acordes del himno nacional.
Desde la Catedral, hasta el Ayuntamiento, el desfile de la Corporación Municipal con el Pendón y el acompañamiento de las peñas tienen momentos muy emotivos. Un repostero, con la imagen de la Virgen del Sagrario, luce en el balcón del Ayuntamiento como símbolo de que ese día el Pendón estará bien guardado en las dependencias municipales.
El día 21 de septiembre, por la mañana, se repite la ceremonia, partiendo de nuevo la Corporación Municipal desde el Ayuntamiento, con el concejal portando el Pendón Real, y la Banda de Música, para entregar la Bandera de Alfonso VIII al Cabildo en la Catedral, celebrándose seguidamente la misa en honor de San Mateo.
Cada tarde, previa a la suelta de la vaquilla, la Banda de Música de Cuenca interpreta una serie de pasodobles, algunos de ellos netamente conquenses. Es como una especie de paseíllo en la tensa espera de que aparezca la vaquilla en la plaza. Las notas musicales invitan al baile y las gentes de camisetas multicolores se arremolinan junto a la más que centenaria banda conquense, unida también en su historia iniciada en 1895, a la fiesta matea.
El cohete anunciador es el aviso de hay que ir con la música a otra parte. Es la hora de los maromeros y de la vaquilla. Todos los alcaldes de turno han coincidido en el Bando en un aspecto muy importante de respeto hacia el animal: “Las reses no podrán ser hostigadas, castigadas, pinchadas ni molestadas con cualquier instrumento que pueda dañar su integridad física. No pudiendo tampoco ser asidas del rabo, cuernos o cualquier otra parte del cuerpo”.
“La fiesta consiste en correr delante de las vaquillas, para que los mozos y mozas puedan demostrar su destreza y habilidad, bien trotando airosamente sobre el empedrado, haciendo quiebros artísticos, sorteando astutamente la cercanía del astado o esquivando con no menos arte y tronío los empellones de la multitud”.
Fiestas de San Mateo que nos ofrecen cada tarde una paleta pictórica desde las Casas Consistoriales, con sus tres arcos de medio punto, la Catedral, el edificio de las Petras con su fuente, y las sencillas fachadas de colores que conforman este escenario tan goyesco de la “fiesta táurica” –como denominó “Chicuelito” en su Pregón de 1989– recogida por artistas y pintores tan distintos y distantes en su procedencia: Fernando Zóbel, Lorenzo Goñi, Bonifacio, Kozo Okano, Alfonso Cabañas, Óscar Pinar, Carlos Pérez, Nicolás Mateo, Luis Buendía, Óscar Pinar, Damián de Dios, José María Lillo, Emilio Morales, Amancio Contreras, Miguel Ángel Moset, Pedro Romero, Adrián Navarro, Tomás Bux, Elena Sopeña, Julio Porras, El Manchas… y tantos autores de los carteles que desde 1985 se han editado de las fiestas mateas.
En cualquier rincón del Casco Antiguo se pueden contar a miles de personas compartiendo la merienda y la amistad, la fiesta de la más íntima como alegre celebración. Las plazas y calles de San Miguel, San Pedro, Trabuco, Ronda, Zapaterías, la Merced, San Nicolás, Pilares, Ronda de Julián Romero, el Trabuco, la Ronda de Julián Romero o la Ronda del Júcar, se inundan de jóvenes y mayores, niños y jubilados, en torno a una celebración que es común para todos: las fiestas de San Mateo, en la Reconquista de Cuenca.
Además de la merienda de cada tarde, los concursos de gachas por las mañanas vienen a recoger la tradición gastronómica de la tierra, junto a otros concursos para la grey infantil y la suelta matinal de la vaquilla en el día grande de San Mateo, o como no hace muchos años los concursos de cucañas y rotura de botijos.
La música de la verbena durante cuatro noches pone el broche de cada día a la fiesta de San Mateo en la Plaza Mayor. Y así cada año, desde que en 1177 Cuenca quedó conquistada por el Rey Alfonso VIII, que le dio Fuero y tierras. Y por ello, lo celebramos ¡por siempre jamás!.”
(Datos: www.elblogdecuencavila.com Facilitados por José Vicente Ávila)