Sonó con fuerza el solemne pasodoble Plaza de Las Ventas en el paseíllo, mientras Simón Casas, tan vehemente, le daba una chapa espléndida a Juan Bautista. Aunque musicalmente, y digamos que a nivel artístico, lo mejor del festejo de este miércoles en Cuenca tuvo lugar tras el arrastre del quinto toro. Una aficionada de la peña Los Pies Redondos, Andrea Cifuentes, en la andanada del 5, amiga de El Digital de Cuenca y con un talento arrollador, se arrancó por la Potra Salvaje con un éxito formidable, mucho mejor que los payos bronceados que destrozan cualquier fandango en mitad de una faena. Hasta para eso tuvo clase Andrea, para cantar cuando no había toro en la plaza. Puso patas arriba a una Cuenca que parecía algo más tranquila que en la tarde anterior.

Adormecida, aunque no tanto como la embestida del pírrico primer toro de El Pilar, un novillo infame que no debió pasar el reconocimiento y que fue el preludio de una corrida asquerosa. De blanco y oro, Alejandro Talavante lo fue lidiando, con una actitud igualmente exhausta. El paso por el caballo, ridículo. Como el del toro indultado por Fernando Adrián, ese ‘Batidero’ de Román Sorando al que casi no hubo ni que curar. El simulacro de puyazo no le metió ni las cuerdas. Impensable no hace tanto.

Pidió permiso el matador a Emiliano antes de llevar al toro con un temple abrumador. Porque Talavante es capaz de ralentizar el toreo, pero sobre todo por la mortecina embestida del choto, como un peregrino llegando de rodillas a las puertas del templo. Calidad, toda la que atesora esta ganadería, en horas bajísimas. Casta y emoción, ninguna. Daba pena verlo pasar por allí y por eso los tendidos no hicieron ni caso, incluso hasta se molestaron. El torero, con una pulcritud exquisita, consiguió administrar el fondo del toro para alargar un trasteo qué naufragó en la irrelevancia. Toreando, además, con la distancia de seguridad que no ha recuperado desde su retorno pandémico. La espada cayó muy delantera y desprendida, con las lógicas protestas de los santos abonados conquenses.

Mejor presentado y con más vida, el segundo toro de la corrida, ‘Guajiro’ de nombre. Llamarse ‘Guajiro’ en El Pilar es como apellidarse García en España. U Ortega, como Juan, tan delicado con el percal. Manufactura de lujo su toreo. Anduvo muy asentado. Y muy capaz, que es algo que se le viene cuestionando esta temporada. Siempre sostengo que Juan Ortega solo sabe torear bien. Y para ser figura hace falta también saber torear mal. Tener recursos y, a veces, saber manejar las trampas del toreo a tu favor. Porque el toreo es un camino recto, pero conviene conocer los atajos para llegar antes al triunfo. Lo dan los años y las horas de vuelo. Pese al buen hacer del torero, el toro no permitió nada. Otro monumento a la falta de casta. La sorpresa en esta ganadería es que salga un toro con emoción. Cuando se selecciona en base a lo que te dice la figura de turno, la ganadería se va a la mierda. Esbozó Ortega las líneas maestras de su toreo, pero en versión demo. Un poquito por la derecha, algún resquicio al natural y varios remates de esos en los que torea hasta el último vello del cuerpo. Lo mató perfecto al segundo intento. Sin mácula, Ortega. Y sin toro. Cuando no puede ser…

Marco Pérez saludó a su primero, un toro alto, de poco perfil y que no entraba por los ojos, con un capote que no ha debido conocer ninguna tintorería. Las vueltas, llenas de barro. Convirtió la lidia en otro trámite. Como no toreó sin caballos, experimenta ahora la sensación de torear una mole cruda. Quitó, sin éxito, por chicuelinas. El de El Pilar -sin picar- se lo comió. Estuvo rápido Elías Martín, su lidiador, para salvarlo del percance. Empezó la faena de muleta con una solvencia aplastante después de brindar al público. Ahormando al toro y enseñándolo a embestir. Por abajo, aunque sin exigirle. Graduando milimétricamente el compás de cada muletazo. Todo esto, con la muleta en la mano derecha.

Al natural cambió la película. Más desdibujado e incapaz, siempre fuera de cacho y a merced de un toro que no se comía a nadie. En un traspiés, el animal casi se lo echa a los lomos. Ahí se enfadó Marco y fue cuando empezó a apostar. Y cuando de verdad comenzó a imponerse al de El Pilar. Aunque lo hizo más por la vía populista del arrimón por péndulos. Hasta tres ejecutó, abusando del pico y más pendiente de si al público le gustaba su quehacer que del toro, que ameritó mejor trato. Quiso rematar por manoletinas, pero ni el viento ni su pericia posibilitaron el lucimiento. Todo muy atropellado. Muy forzado.

Dejó un soberbio estoconazo tras un pinchazo que le valió una oreja generosa. La vuelta al ruedo fue traumática. Primero, para una aficionada que veía la corrida en la barrera del 6 y que tuvo que ser socorrida por Francisco Pulido, antiguo regidor conquense y médico de carrera, que se la llevó con la ayuda de la Policía Nacional. Y segundo, para el pobre gallo cuyo destino era acabar en manos de Marco Pérez. Voló desde el tendido 2. Y no volará más. Aunque igual lo indultan, que está de moda.

La alzada de cuarto era portentosa. De hechura, feísimo. Un toro más para las calles que para la feria de Cuenca. Se encampanó nada más salir en el mismo burladero donde aguardaba Talavante, que tuvo que recular para que no le repasara el degradado. El comportamiento del zambombo fue similar al del primero, dormido, sin celo y con la dosis de casta rebajada. Sangró mucho tras el puyazo, previo a una lidia magistral de Álvaro Montes, que le vino como anillo a la pezuña al toro. Se vino arriba y casi desmonta a Talavante en el arranque con la muleta. Faena muy irregular, con momentos brillantes sobre el pitón derecho y con tremenda incertidumbre al natural. No consiguió imponerse a un toro que tenía muchísimo que torear. Lo quería todo por abajo. Asomaron otra vez los pitos en el nudo del trasteo. Volvió a alargarlo, sumido una vez más en la más absoluta irrelevancia. Talavante, que ya suma muchos paseíllos desde su regreso, continúa sin despejar las brumas de un presente diletante. Su placer es torear, es evidente, pero un placer que cualquier mortal con traje de luces puede asimilar. Y si es malo buscarlo de una manera seglar, peor aún es convertirlo en una necesidad. Y viendo cómo suma y suma corridas, apena mucho que Talavante se haya convertido en un funcionario del arte. Él, que ha sido uno de los artistas más geniales del siglo XXI.

El quinto toro, otro pan sin sal. Que se movió sin gracia en los primeros tercios. Algún capotazo suelto le robó Juan Ortega, pero no consiguió esa reunión que convierte su toreo en algo faraónico. Le brindó la faena a Moisés Fraile, ganadero titular del día. No sé si con guasa, porque el lote fue como para no matar ni una más.

Se pasó de medida Ortega, que volvió a demostrar que de recursos anda escaso. No entendió a un animal que no merecía casi ni ponerse. El final, una suerte de macheteo ayudado al hilo de las tablas, tuvo sabor. Coronó la tarde con un espadazo, otra vez al segundo intento. Bastante paradójico que lo único medianamente fiable de un torero de arte sea la espada.

Para rematar el espanto, un sexto toro, inválido desde que silenció a Andrea, la Potra Salvaje de Cuenca, la gran triunfadora de la tarde. El colorado fue el más serio de la corrida. Al menos en apariencia, porque le faltaba remate. Se tapaba por la cara. Marco Pérez pasó de puntillas con el capote para intentar mantener en pie al amago de bravo. Los tendidos se giraron, un días más, contra la presidencia para solicitar la devolución. Lo adecuado, en realidad, sería haber echado para atrás la corrida completa, pero a las 12 del mediodía. Emiliano volvió a equivocarse y mantuvo en el ruedo al pobre ‘Sombreto’. Primer muletazo de Marco Pérez: toro al suelo. Enhorabuena, presidente. Segundo muletazo de Marco Pérez: toro al suelo. Tercero, toro al suelo. No debió haber un cuarto. Pero hubo como 40 muletazos más. Y en el 41, obviamente, toro también al suelo. Marco miraba a la cuadrilla, que le apremiaba a seguir. Nunca en la historia ha habido más antitaurinos vestidos de luces. Este niño es el que venía a suceder a El Juli. Diego Capel era el nuevo Messi y Jesé, el Cristiano Ronaldo del futuro. Y si yo no tuviera el cable suelto sería la secuela de Oriana Fallaci, claro que sí. Tarde para el olvido en una Cuenca que no merece este oprobio.

FICHA DEL FESTEJO
Miércoles 27 de agosto de 2025. Cuenca. 4ª de la feria de San Julián. 3/4 de plaza. Toros de El Pilar, mal presentados, desiguales y de juego nefasto, sin casta y sin raza.
Alejandro Talavante: leves pitos y silencio.
Juan Ortega: ovación en ambos.
Marco Pérez: oreja tras aviso y ovación.
/Fotos: Nestor Robaina/




























































































































































































































































































