La Feria Taurina de San Julián vivió su jornada de tronío porque Cuenca sigue siendo Cuenca. La plaza de toros volvió a vestirse de gala a pesar de las ausencias de Roca Rey y Morante de la Puebla. La sustitución de los grandes nombres no apagó la ilusión ni el colorido de una tarde que, más allá del ruedo, se vivió también en tendidos, palcos y aledaños
Cuenca supo recomponerse con un aire de resiliencia festiva. Los aledaños de la plaza de toros eran un hervidero de aficionados antes de que comenzara el festejo.

Los niños Marcos Guijarro y Virginia Reillo esperaban ansiosos la firma de su torero favorito, Morante de la Puebla. Ante la ausencia del sevillano, se resignaban sonrientes: «Le diremos a Fernando Adrián que nos firme los capotes».

Una integrante de la Peña «Pies Redondos» lo resumía con naturalidad: «Me da igual que hayan cambiado a los toreros. A mí me gusta mucho el ambiente que se vive en los toros».

Un grupo de aficionados procedentes de Badajoz, Fuenlabrada y Villamayor de Santiago llegaron hasta la plaza tras un día completo en la ciudad. «Cuenca es extraordinaria, como belleza paisajista», afirman entre risas al contar que se enteraron del cambio de toreros en el taxi.

Álvaro Martínez, llegado desde Madrid, venía a ver a Morante, pero se mostraba igualmente entusiasmado con el cartel: «También me gusta Fernando Adrián. Siempre vengo algún día a la feria».

Desde Cañamares bajaron Alfonso Guadalajara, Evelio Vindel, Jesús Herranz y José Antonio Pérez. «Va a ser mejor que con los toreros anunciados —comentaban—, estos van a dar el cayo».

En la andana del 8 se dejaron ver tres paisanos de Albacete, Emilio Sánchez, José Luis Sánchez y Pedro Alcantud. «Se han caído los titulares, pero los sustitutos van a levantar la plaza». Emilio recordaba con orgullo a su abuelo, «Villalta», mozo de espadas de Chicuelo II, figura nacida en Iniesta y también ligada a Albacete.
Los palcos institucionales y de honor también ofrecieron su particular paseíllo social. En el del Ayuntamiento se encontraban el alcalde Darío Dolz, la delegada de la Junta en Cuenca, María Ángeles López, el gerente del Área Integrada de Cuenca —y por tanto del Hospital Universitario—, José Antonio Ballesteros Cavero, el presidente de la Junta de Cofradías de Cuenca, Jorge Sánchez Albendea, además de Joaquín Caparrós, leyenda del fútbol en España.

En el Tendido de 8 se dieron cita representantes del Partido Popular como Paco Núñez, presidente regional y diputado en las Cortes de Castilla-La Mancha; la diputada nacional por Cuenca, Beatriz Jiménez; y el portavoz municipal Álvaro Barambio.

El palco de la Diputación Provincial también acogió a los diputados Martín Lapeña, Jesús Ángel y Mayte Megía. Junto a ellos se encontraba el delegado de la Junta en materia de Sanidad, José María Pastor, así como varios alcaldes de la provincia, entre ellos Carrizo, de Tarancón; Ortega Fernández, de Tribaldos; y Antonio Flores, de Villarrubio, entre otros.
Mientras que en el palco VIP se vivió un ambiente más empresarial, con Apolinar Cocerá compartiendo tarde con clientes e invitados.
La tarde fue un carrusel de emociones, brindis sentidos y esa mezcla tan conquense de tradición y modernidad. Una corrida marcada por las ausencias, sí, pero también por la categoría de quienes ocuparon su sitio. Porque, al final, la Feria de San Julián es eso: una pasarela de nombres, gestos y momentos que se comentan tanto en las gradas como en las terrazas del centro al acabar la corrida.
El tronío estuvo en la plaza, en los tendidos y en las calles de Cuenca. Y eso, en clave social, también cuenta como decimos en El Paseíllo Social.