A veces el lenguaje puede jugar una mala pasada, lejos de quitarle mérito a su riqueza. Y es que la famosa expresión «ponerte mirando a Cuenca» puede convertir el tópico gracioso en algo manido, teniendo en cuenta la perspectiva del conquense que se levanta por la mañana con la suerte de contemplar el Cerro Socorro o los patos meneándose por la Hoz en pleno centro.


Ponerte mirando a Cuenca está muy bien si lo que se busca es una risa fácil, pero es que Cuenca tiene mucho más que esa simple frase y quien la dice puede caer en una expresión con desencanto por mero desconocimiento de los tesoros de la tierra. En el fondo, no se puede valorar como algo despectivo porque ponerse mirando a Cuenca no solo es una frase (o una metáfora más bien), sino que si se atiende a la literalidad del texto haría referencia a la cantidad de patrimonio que tiene esta ciudad para admirar, además de la belleza de sus paisajes.

A ver si sirve con estos 20 gigantes del pasado. Del siglo XII al XVIII hay para elegir: 1. Ayuntamiento; 2. Casa del Corregidor; 3. Casas Colgadas; 4. Puente de San Pablo; 5. Catedral de Cuenca y Palacio Espiscopal; 6. Convento de la Merced; 7. Convento de San Felipe Neri; 8. Convento de San Pablo (Parador de Turismo); 9. Arco de Bezudo y Lienzo de Muralla; 10. Hospital de Santiago Apóstol; 11. Iglesia de Nuestra Señora de la Luz; 12. Iglesia de San Andrés; 13. Iglesia de San Miguel; 14. Iglesia de San Nicolás; 15. Iglesia de San Pedro; 16. Iglesia de Santa Cruz; 17. Iglesia del Salvador; 18. Posada San José; 19. Ruinas de la iglesia de San Pantaleón; 20. Torre Mangana.

Si no, no pasa nada, aún hay más, ya que la densidad de población de la provincia de Cuenca es de 11.59 habitantes por kilómetro cuadrado, mientras que la de Madrid para hacerse una idea es de aproximadamente 837.27 habitantes por km2. La calidad de vida pega un grito con semejante proporción (o desproporción).
Según el mapa, no hay paz para los malvados del vocabulario… La ruta del mimbre, en Priego (de la Alcarria a la Sierra) y Valdeolivas (pantocrátor románico); el viaje a la Alcarria y el mar de Castilla, en Huete (ciudad monumental), Buendía (ruta de las caras) y Ercávica (ciudad romana en Cañaveruelas); la joya de las civilizaciones, en Segóbriga (Parque Arqueológico romano), Uclés (El Escorial de La Mancha) y Huete; la Orden de Santiago, en Uclés, El Hito (La laguna), Horcajo de Santiago (El Vítor), Villamayor de Santiago (encrucijada manchega) y Puebla de Almenara; la patria de los caballeros: de don Quijote al Cid, en Mota del Cuervo (Los molinos de viento), La Mancha húmeda, Belmonte (Castillo del Marqués de Villena) y Villaescusa de Haro (ciudad de los obispos); el espectáculo de la naturaleza, en la carretera paisajística de Beteta (hoces y ríos); la cuña de rocas y ríos, en la Ciudad Encantada, Nacimiento del Río Cuervo y Callejones de Las Majadas (la otra Ciudad Encantada); las huellas de millones de años, en Torcas de Los Palancares (abismos inesperados) y Lagunas de Cañada del Hoyo; por tierras de Moya, en Carboneras de Guadazaón (La Hijuela de los Corporales de Daroca), pinturas rupestres de Villar del Humo, Valles del Cabriel, Cañete (tierra de Álvaro de Luna) y Moya (sede del marquesado); sorpresas de La Manchuela, en Villanueva de la Jara (el legado de Santa Teresa) y Hoces del Cabriel (Los cuchillos); del Medievo al Renacimiento, en Alarcón (castillo y ciudad medieval), San Clemente (el Renacimiento) y Castillo de Garcimuñoz (Jorge Manrique); de la Roma clásica al Románico, en Hoz de Valdeganga, Valeria (ciudad romana) y Arcas (el esplendor del Románico).

Con un pequeño zoom en el icono del oso (arriba a la derecha) se descubre el pequeño Cabárceno de Cuenca, en el corazón de la Serranía. A lo largo de 910 hectáreas se despliegan las especies más características de la fauna ibérica local como ciervos, muflones, gamos, aves rapaces, cabras monteses, jabalíes, lobos ibéricos y osos pardos, que viven en libertad entre las vertiginosas piedras calizas de este paisaje natural.

Por último, vale la pena detenerse un momento a mirar más detalladamente algunas de las rutas de Cuenca en el apartado ‘joyas de civilizaciones’, ya que a unos pasos de la Autovía A-3 se encontrará el viajero con Segóbriga, en el término municipal de Saelices, del que se ha dicho que es uno de los parques arqueológicos más completos de la Península. Pero también admirará el Retablo Mayor de Tarancón, un soberbio ejemplo del plateresco con más de 15 metros de altura, o se topará con el Monasterio de Uclés, cuya majestuosidad, calidad artística e importancia histórica le valió el sobrenombre de El Escorial de La Mancha. Por no hablar del Monasterio de Nuestra Señora de La Merced en Huete que alberga un Museo de Arte Contemporáneo con obras de Dalí o Picasso.






Total, una ciudad que fue inscrita en la Lista de Patrimonio Mundial por ser un ejemplo excepcional de ciudad fortificada medieval, que ha conservado su entorno natural intacto y se encuentra sobre un singular enclave que domina las hoces de los ríos Júcar y Huécar, no es para tomársela a la ligera con latiguillos comerciales y chismes populares. Hoy se recordará como el día en que las célebres Casas Colgadas reclamaron su categoría de icono cultural y turístico de la ciudad.