Este mes de junio se han cumplido diez años desde que Rafael asumió la presidencia de su hermandad, una de las más representativas de la Semana Santa de Tarancón. A lo largo de esta década, ha liderado una etapa de renovación, ampliación de patrimonio y apertura a la sociedad, sin perder de vista el respeto a las costumbres transmitidas por generaciones. En esta entrevista repasa sus inicios, los principales retos afrontados, los momentos más especiales y sus proyectos de futuro.
Rafael, han pasado ya diez años desde que asumió la presidencia. Si mira atrás, ¿qué recuerdos le vienen a la mente de aquel momento?
El pasado mes de junio se cumplieron diez años desde que asumí la presidencia, sin duda el momento más importante de mi trayectoria en la Cofradía. Mi vinculación comenzó en 1990, gracias a la familia de mi mujer, que me apuntó. En 1999, mi suegro Ángel me animó a entrar en la directiva, presidida entonces por Vicente Martínez «El Goloso», de quien, junto a otros veteranos como Chule, Víctor, Luis o Jesús, aprendí el funcionamiento interno de la hermandad.
Con el tiempo, y ante la necesidad de un relevo generacional, se convocaron elecciones en 2015. Animado por ellos y por mi familia, di el paso. La Semana Santa es una pasión que me inculcó mi madre desde pequeño, y que viví intensamente en Cuenca, donde soy hermano del Descendimiento. Resultar elegido presidente de uno de los colectivos devocionales más importantes de Tarancón fue una alegría inmensa, pero también una gran responsabilidad.

¿Cuáles fueron los principales retos que se encontró al inicio y cómo los afrontó?
El primer reto fue formar una directiva renovada, incorporando gente joven sin perder la experiencia de algunos veteranos para lograr un equilibrio. Teníamos por delante el 300 aniversario de la fundación, una fecha histórica. Además, quise abrir la Hermandad a toda la sociedad, fueran o no hermanos, y darla a conocer en el mundo cofrade mediante viajes y redes sociales. También iniciamos la sustitución de pasos de escayola por obras de arte de artistas reconocidos, reuniendo un patrimonio del que sentirnos orgullosos.
En esta década, ¿qué ha cambiado más en la Hermandad y en la Semana Santa?
La evolución ha sido enorme, tanto en nuestra Hermandad como en la Semana Santa de Tarancón. Hoy contamos con más patrimonio: pasos, andas, enseres, bandas de música, instrumentos y sedes. La Semana Santa, con casi cuatro siglos de historia, sigue siendo la celebración más antigua de la ciudad y una seña de identidad. Contamos con apoyo institucional, aunque sería deseable que se mantenga e incluso aumente.
¿Qué logros le hacen sentir más orgulloso?
Todos son importantes, pero el trabajo realizado para el 300 aniversario fue excepcional. Las actividades programadas marcaron un antes y un después en la historia de la Cofradía y son difíciles de repetir.

Mantener una tradición que se remonta a 1718 no debe ser fácil. ¿Cómo se logra combinar el respeto a la historia con la adaptación a los nuevos tiempos?
Ese respeto lo hemos heredado de nuestros mayores. Seguimos manteniendo las mismas costumbres, porque son nuestro pilar, adaptándonos solo a lo que los tiempos demandan y evitando cambios innecesarios. Como dice mi amigo Víctor Domínguez, presidente de la Junta de Hermandades, no podemos tirar por la borda siglos de historia por modas pasajeras. La clave está en la tolerancia y el equilibrio.
¿Ha habido algún momento especialmente difícil en estos años?
Afortunadamente, no hemos vivido situaciones graves, aunque los años de pandemia fueron especialmente tristes. El sentimiento nazareno nos ha mantenido unidos, no solo en Tarancón, sino también en las relaciones con hermandades de toda España.
¿Cómo ha evolucionado la participación de los hermanos y, en especial, de los más jóvenes?
La participación en las cofradías siempre ha sido cíclica. Actualmente, podemos estar satisfechos: los hermanos responden y los jóvenes se van incorporando poco a poco. Es fundamental transmitirles el valor de esta tradición, explicarles su historia y su fe, porque la base de todo es la fe. En este sentido, hemos impulsado la escuela capuchina y nazarena para formar a las nuevas generaciones.
Más allá de la Semana Santa, ¿qué papel juega la Hermandad en la vida social y cultural de Tarancón?
En Tarancón, varias hermandades estamos activas todo el año, organizando actividades religiosas, culturales y sociales. Como presidente de la Diputación de Actividades de la Junta de Cofradías, puedo asegurar que en Cuaresma el calendario está tan lleno que nos faltan fechas. Somos una parte esencial de la vida cultural y social de la ciudad, difícil de igualar por cualquier otra asociación.
¿Cuáles son las prioridades para el futuro inmediato?
Mantener lo conseguido, mantener viva la ilusión y que los hermanos se sientan orgullosos de pertenecer a la hermandad. Queremos reforzar la solidaridad, consolidar la banda de música y facilitar instrumentos para una mejor formación. Otro objetivo es cuidar a los banceros, aligerando el peso de los pasos para hacer más cómodo su trabajo. Actualmente, estamos trabajando para completar en 2026 el paso del Beso de Judas, con cuatro imágenes de vestir del escultor lucentino Francisco Javier López del Espino.
Después de una década al frente, ¿se plantea continuar o es momento de pasar el testigo?
Han sido diez años de mucho trabajo y de un crecimiento espectacular en patrimonio, actividades y presencia en redes sociales. Pero lo más importante ha sido la unión de los 23 miembros de la directiva, que funcionan como una verdadera familia. Sin ellos y sin los hermanos, nada sería posible. Mientras siga contando con su apoyo, continuaré al frente. Quiero dedicar un recuerdo especial a Ángel Moreno Fernández, que nos dejó hace poco más de un año.