Si Santiago Calatrava hubiera pasado por Cuenca, quizá habría reivindicado la marquesina de la calle Mariano Catalina como una de sus obras maestras: una estructura inclinada, con cierta torsión, capaz de desafiar la verticalidad… pero no la lluvia ni el sol. Lamentablemente, en este caso no se trata de una apuesta estética, sino del mal estado en el que permanece desde el pasado 6 de junio, cuando amaneció dañada y sin visos de reparación inmediata.
La instalación, utilizada como parada de las lanzaderas que conectan el centro de Cuenca con la estación de AVE Fernando Zóbel, seguirá igual y sin fecha concreta para su arreglo. Así lo han confirmado fuentes del Ayuntamiento de Cuenca a El Digital de Cuenca, reconociendo que la marquesina forma parte de las actuaciones previstas en la zona del futuro intercambiador, pero sin comprometerse a que esté lista para el 1 de septiembre, fecha prevista para la entrada en funcionamiento de la línea.
Desde el consistorio aseguran que “se está trabajando en la zona del intercambiador de manera global” y que la marquesina “forma parte del mobiliario que va a ir inserto en la zona del intercambiador”. No obstante, a la pregunta directa de si estará reparada para el 1 de septiembre, la respuesta fue tan breve como contundente: “No”.

Esta falta de concreción y de acciones inmediatas ha sido duramente criticada por el Grupo Municipal Popular, y que anunció que en el último Pleno presentaría un ruego para exigir la reparación urgente de esta marquesina, que lleva casi dos meses rota, en un estado que consideran “lamentable, sucio y peligroso”.
“El Ayuntamiento parece resignado a que esa sea la imagen que se lleven los turistas nada más llegar a Cuenca”, denunció el concejal Juan Guadalajara.
Desde el PP acusan al gobierno municipal de abandonar lo básico, escudándose en la “provisionalidad” de la parada mientras destinan 8.000 euros en señalización para un intercambiador del que, afirman, que ni siquiera saben cuándo ni cómo terminarán las obras.

La situación actual pone en entredicho la capacidad del consistorio para garantizar unas condiciones mínimas de seguridad y salubridad en un punto neurálgico del transporte urbano de Cuenca. Mientras tanto, vecinos y visitantes seguirán usando una infraestructura en ruinas y sin una perspectiva de mejora inmediata.
