Cristina Muñoz, directora de Aframas, recibe al equipo de El Digital de Cuenca con una declaración clara y rotunda: «Somos profesionales, en un sistema organizado, que se guían por principios de autodeterminación, defensa de derechos e inclusión social, generando oportunidades con la metodología del Plan Centrado en la Persona». Así define la filosofía que mueve cada rincón de este centro.

Aframas es una asociación sin ánimo de lucro que gestiona una residencia donde viven 41 hombres adultos con discapacidad intelectual. Desde allí, además de ofrecer los apoyos necesarios para una vida cotidiana digna, se desarrollan talleres ocupacionales de carpintería, encuadernación, ocio y un «laboratorio ciudadano». «La misión es que cada persona tenga una vida digna de ser vivida. Y que, con nuestros apoyos, pueda disfrutarla plenamente», afirma Muñoz.
Talleres que son mucho más que ocupación
El taller de carpintería es un hervidero de creatividad. Bajo la supervisión del maestro carpintero Toni Calvo, los usuarios trabajan en encargos personalizados tanto para particulares como para empresas. «Desde portafotos a joyeros, hacemos todo tipo de trabajos en madera. Los chicos participan desde el diseño hasta el acabado final», explica Calvo. José Ramón Martínez, oficial de carpintería, uno de los usuarios, lo resume con entusiasmo: «Me gusta mucho trabajar en el taller de carpintería y con Toñi».

A pocos metros, el taller de encuadernación vibra con la minuciosidad del trabajo artesanal. Jesús Martínez, maestro encuadernador, coordina a siete usuarios que restauran libros, elaboran carpetas, trofeos en metacrilato y objetos personalizados. «Tenemos muchos encargos de hermandades; gustan mucho nuestros llaveros con escudos», señala con orgullo.
Más allá del trabajo, los talleres buscan establecer rutinas, fomentar habilidades laborales y, al final de la semana, permitir que los usuarios reciban una retribución económica, algo que incrementa su autonomía y autoestima.

El barrio como espacio de inclusión
Aframas también mira hacia afuera. Con el «Laboratorio Ciudadano», impulsado por el Ayuntamiento a través del programa «Semillas», se tejen vínculos con el barrio. «El objetivo es construir barrios acogedores e inclusivos, acompañar a quien lo necesite, combatir la soledad no deseada con juegos de mesa, visitas o simplemente compañía», detalla Muñoz.
Además, el centro participa en actividades intergeneracionales en residencias, ciclos de cortos de cine y colabora con la Fundación Mayores, especialmente en los barrios de Las Quinientas y Casablanca.

Educación para la autonomía
Pablo Auñón, educador social en Aframas, nos muestra otra dimensión del trabajo diario: «Nuestra labor consiste en fomentar la autonomía a través de planes personales de apoyo. Realizamos talleres de cocina, memoria, meriendas saludables o actividades como el bingo, que triunfa entre los usuarios».
Una de las iniciativas más queridas es «Conoce mi pueblo», donde los residentes preparan presentaciones sobre sus localidades de origen. «Lo hacemos con PowerPoint y lo compartimos con todos. Es una forma preciosa de conectar, de sentirse orgullosos de sus raíces y de ser escuchados», explica Auñón.
El equipo de educadores —dos personas que trabajan mañana y tarde— también organiza senderismo, visitas culturales o actividades con asociaciones vecinales. «Se trata de construir relaciones, de vivir en comunidad, de conocernos mejor», concluye.

Mucho que ofrecer
Cristina Muñoz insiste en una idea que se repite durante toda la visita: «Las personas con discapacidad no solo reciben servicios: tienen mucho que ofrecer a la ciudadanía. Este centro es prueba de ello».
Y así es. Aframas no es solo un lugar de apoyo: es un espacio de vida, de esfuerzo compartido, de dignidad cotidiana. Un centro donde cada persona cuenta. Y donde, con los apoyos adecuados, cada vida se convierte en una vida verdaderamente vivida.

