La danza oriental en Cuenca que permite «dejarte fluir»

Beatriz López nos abre las puertas de su local en Diego Jiménez 25

Ya lo decía Paco, que las Casas de Cuenca podían descolgarse en cualquier momento que presenciaran un acontecimiento increíble. Como el de Beatriz López, una violinista profesional que después de haber terminado los estudios en el Conservatorio Superior de Albacete ha conseguido dedicarse a lo que realmente ha sido su pasión toda la vida: la danza oriental y su fusión con otras disciplinas de baile. Sus espectáculos dentro y fuera de la provincia, y las clases grupales en su local de Diego Jiménez desde 2016, con casi medio centenar de alumnas, siguen abriendo las bocas de sorpresa en el entorno de la artista.

Actuación de Beatriz López en las fiestas de Casablanca/ Néstor Robaina

«Disfruté un montón la actuación en las fiestas del barrio de Casablanca donde usé abanicos y velo bailando un tango», empezó exclamando en El Digital de Cuenca para romper el hielo. Sus ojos claros, su melena rizada, su rostro extremadamente comunicativo y sonriente embelesan por igual a espectador y a interlocutor, sobre todo cuando da razones de por qué no se puede reducir su danza a cuatro pasos: «La gente no sabe que la danza oriental se puede fusionar y da un montón de juego porque moviliza todo el cuerpo, de hecho se basa en las disociaciones, en el trabajo por capas, y eso permite que cualquier disciplina artística se pueda fusionar». También ha actuado en Almodóvar del Pinar con Sheila Zamora de ‘A tu vera’ cantando copla, hace de partener con el mago Albert, organizó actividades en el Centro Joven, fue dama del barrio de Las Quinientas, la han llamado para espectáculos en Madrid, Valencia, Barcelona…

Y qué no ha hecho si con tres años empezó a bailar flamenco: «Tengo la foto que mi madre me pintaba unos colores y un lunar y todo», por aquello de que no fuera creíble el dato. Lo cierto es que se crió así, el flamenco le ha acompañado toda su carrera de bailarina y desde que se especializó en danza oriental y después en fusión ya no se lo imagina por separado.  

Beatriz López en su estudio de Diego Jiménez durante la entrevista/ Néstor Robaina

MÚSICA Y BAILE, DOS CARAS DE UNA VOCACIÓN ARTÍSTICA 

En su trayectoria, la música siempre ha estado ligada con la danza, ya que esta le ha permitido interpretar el ritmo como ella lo siente y en los años que lleva de profesora ha corroborado que la oriental es la más femenina que existe, en el sentido de que no hace falta tener un cuerpo específico ni reunir unas condiciones ideales. A las pequeñas de 3 años les propone ejercicios de elasticidad y fuerza con instrumentos para que se relajen y lo pasen bien. Incluso las más veteranas de 74 años las «superan en energía». Son las ventajas, literalmente, de una danza para cualquier edad y condición. «No quiero decir que sea fácil, pero no requiere la perfección de una apertura de gimnasia rítmica por ejemplo, entrenamos elasticidad con estiramientos que mejoran la flexibilidad, pero cada uno hasta donde llegue», matizó. Al final de curso también hacen pequeñas actuaciones, graban en exteriores para algún video temático en fechas especiales y «lo pasan pipa».

Sin embargo, en otra etapa de su vida ella «quería ser violinista», pensaba que bailar no era una obligación mientras que a tocar el violín le dedicaba ocho o nueve horas diarias de estudio. Sin darse cuenta, la danza era lo que iba tejiendo el lienzo de su vida y empezó a dedicar los fines de semana a acudir a talleres, congresos y concursos. De esta forma, música y baile empezaron a ser sagrados y para ella tenían que nacer de un arte.

Beatriz López como violinista en la Misa de inauguración de las fiestas de Casablanca/ Néstor Robaina

La culpa de que empezara probando con la danza oriental como una dedicación profesional la tuvo una telenovela sobre la cultura árabe que se llamaba El Clon. La presidenta del barrio habló con su madre y le comentó que había unas vecinas interesadas: «Mira, es que nos gusta cómo baila tu hija», le animaron. Y a partir de ahí no le quedó más remedio que aceptar la realidad, menos violín y más darbuka (instrumento propio de la danza oriental).

«Empezó a irme súper bien con el baile y cada día mejor, yo disfrutaba más, incluso me hacía más feliz, me di cuenta de que la carrera de violinista era súper sacrificada, dos días sin tocar y pierdes nivel, en cambio en la danza no pasa tanto», expresó con satisfacción al resumir su camino de crecimiento personal.

UN PARTO MÍTICO

Beatriz acaba de ser madre y su caso fue la comidilla de todas las matronas del Hospital, que por cierto varias de ellas son sus alumnas. Destacó la importancia de la «tribu», de hacer piña en grupo, de alentarse juntas. «Fue verdad que disfruté del parto y todos me miraban como si estuviera loca», y tiene una explicación.

«Ya se hacía en Egipto entre mujeres para dar a luz, se formaba un corro, las mujeres bailaban y la que estaba embarazada al moverse daba a luz tranquilamente; ahora puedo decir que es verdad, porque di a luz en 15 minutos y todo fue natural, palabra, al final el útero es un músculo y estaba entrenado». También ha tenido en clase algunos hombres y corrobora los beneficios para la parte masculina.

La motivación para apuntarse a sus clases y grupos especiales también puede ser psicológica, ya que este tipo de movimientos permiten expresar emociones que quizá en otros contextos resulte más difícil y se repriman inconscientemente. De hecho, suele notar más rigidez los primeros días de clase: «Al final es reencontrarte, sacar sentimientos tanto para bien como para mal, el día que estás contenta lo expresas y cuando no, lo canalizas, hay gente que ha superado depresiones con la danza, o por lo menos que le ha ayudado y han conseguido sonreír».

Y no solo eso, sino que también mejora el estado de ánimo y potencia la autoestima: «Al principio les cuesta mirarse en un espejo, parece una tontería, pero veo cómo van cogiendo seguridad, no sabes la de problemas que hay con conseguir gustarse al verse la propia imagen».

Decoración del local con simbología árabe egipcia y fotos de momentos especiales/ Néstor Robaina

SELKIS Y NUIT

Selkis y Nuit es su nombre artístico y la decoración de su local. «Beatriz López está bien, pero está muy visto» (risas). Se siente más segura entre acepciones de antiguas diosas egipcias como Selkis la protectora y Nuit la que acoge, sobre todo cuando la gente le dice que «una academia solo de una cosa es imposible».

Ha estado en Marruecos y Tánger, pero reveló que hoy en día para formarse en danza oriental no hace falta viajar, de hecho en esos lugares «es donde menos» se encuentra formación en realidad. No obstante, hay congresos por todo el mundo donde acuden profesoras muy reconocidas y en los que Beatriz también ha participado. «Es curioso, pero donde más se ha trabajado esta técnica y se ha elevado a un nivel artístico muy respetable es en Rusia, Ucrania y Argentina, de hecho allí hay una escuela enorme con una profesionalidad absoluta», confesó.

Su trabajo también le cuesta que la gente perciba la danza oriental como una disciplina profesional que lleva muchos años de estudio y se le quite la falsa imagen que la infravalora por desconocimiento: «Tenemos que partir de la idea de que ideológicamente todavía no está muy bien considerada, la confunden un poco, parece que haya que ponerse una faldita y operarse todo, enseñar la tripa y hacer dos movimientos no tiene nada que ver, la danza oriental es una conexión con una misma, con tu esencia femenina».

Conociendo su caso y otros muchos que seguramente esconda la ciudad no se puede decir que no haya oferta cultural y de ocio en Cuenca. Porque artistas hay, y de los buenos: «Lo que no hay son ganas de conocer, falta interés», apuntilló. Además, prometió que la danza oriental «engancha desde el minuto uno» porque cada movimiento es un reto de superación y deja abierta la creatividad. Sin querer desmerecer otras disciplinas, incidió como factor clave que permita libertad absoluta y no haya normas 100% establecidas: «Yo también tengo formación en jazz lírico que viene de la danza clásica, pero en la oriental puedes crear fusiones y dejarte fluir». Desde luego hoy en día estarán sobrevaloradas muchas cosas, ya sean las vacaciones o las preguntas de los periodistas en las ruedas de prensa, pero lo que nunca dejará de perder el valor que tiene es el arte.

Almudena Collado

Redactora de El Digital de Cuenca. Nacida en Cuenca. Más de 10 años de experiencia en medios de comunicación en radio y televisión como Cadena COPE, CMM y profesora de Onda Radio en Universidad Francisco de Vitoria.
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