Ha sido durante 42 años una figura clave en la organización de la vida institucional del Ayuntamiento de Cuenca. Jefe de Protocolo, Ordenanzas mayor, macero y coordinador de conserjes. Desde el pasado 2 de agosto está jubilado. Y aunque aún se está acostumbrando al nuevo ritmo, lo hace con la satisfacción del trabajo cumplido y el cariño de quienes han compartido camino con él.
—Chema, ¿cómo recuerdas tu llegada al Ayuntamiento?
Fue en febrero de 1984. Yo llevaba el bar del taller de Renault, y allí coincidí con don José Ignacio Navarrete de Varela. Entablamos conversación, me dijo que subiera un día al Ayuntamiento y me hizo una entrevista. Me enseñó unas mazas y me dijo: «Esto es lo que llevan los porteros de los ayuntamientos». Yo no sabía ni qué era eso. Me explicó que servirían para flanquear a las corporaciones municipales. Y así empezó todo.

—¿Cuántas corporaciones municipales has llegado a conocer?
Ocho corporaciones, porque cada legislatura tiene unos cinco años. He trabajado con seis alcaldes distintos, aunque tres de ellos —Andrés Moya, José Manuel Martínez Cenzano y Darío Dolz— repitieron mandato.
—¿Cuál fue el primer acto oficial en el que participaste?
El descubrimiento del monumento a la Constitución de don Gustavo Torner. Curiosamente, hace poco colocamos una placa con motivo de su centenario. Aquel fue el primer acto que cubrí como macero-portero.
—También compartiste muchos años de trabajo con Julián Polo.
Sí, Julián y yo fuimos los primeros maceros. Recuerdo que nuestro primer «recado» fue ir juntos a la Seguridad Social para darnos de alta como empleados del Ayuntamiento. Él se colocaba a la izquierda y yo a la derecha. Siempre flanqueábamos juntos.
—¿En qué consistía tu día a día?
Era un trabajo más mental que físico. Además del protocolo, llevaba la conserjería del Ayuntamiento. Coordinaba a 27 conserjes, entre oficinas y colegios. No era fácil, pero he tenido la suerte de contar con un equipo estupendo. Quiero darles las gracias a todos porque siempre nos hemos entendido muy bien.

—¿Qué momentos destacas del calendario institucional?
Me gustaba mucho organizar los actos tradicionales. En enero empezábamos con San Antonio Abad, con los panecillos; en febrero, La Candelaria. Luego venía la Semana Santa, que es bastante intensa, porque cada miembro de la corporación tiene que tener su sitio en todos los actos. Después, las Ferias y Fiestas de San Julián, que también requieren mucho trabajo: pregón, misa en honor al patrón, carrozas, toros… Hasta llegué a llevar la puerta de los conciertos en la plaza de toros cuando se hacían allí. Luego venían las fiestas de San Mateo, donde también hay que cuidar la ubicación de todos los miembros de la corporación.
—Hablando de San Mateo, ¿qué opinas de la decisión de fijar sus fechas?
Me parece que fue un acierto. El alcalde Manuel Ferreros fue quien decretó que se celebraran los días 18, 19, 20 y 21 de septiembre. Se gana en organización y previsión.
—Ahora que estás jubilado, ¿cómo estás viviendo el cambio?
Me estoy acostumbrando poco a poco. Llevo tres días jubilado y lo primero que he notado es que ya no me levanto a las cinco de la mañana, sino a las ocho. Antes madrugaba tanto porque me gustaba tenerlo todo bien preparado. Soy perfeccionista, lo reconozco. Me pasaba más de una hora hablando por teléfono para coordinar cosas, así que con la jubilación he decidido hasta cambiar de número (ríe).

—Has recibido recientemente el «Mandil de Honor» de la Peña El Mandil.
Sí, y les estoy muy agradecido. Ha sido un detalle precioso por tantos años organizando las fiestas de San Mateo. Recuerdo que cuando venía la empresa Vulcano a poner la traca del último día, siempre quedábamos en la Peña El Mandil a tomar una cervecita con Paco el Herrero. Allí se producía el encuentro entre Vulcano y Protocolo. Todo un ritual.
—¿Seguirás asistiendo a los actos oficiales?
Sí, pero de otra manera, más relajada, para poder disfrutarlos. Seguiré estando cerca, aunque ya sin responsabilidades.
—¿Algún mensaje para tu sucesor?
Quiero mandar toda mi energía a Julián Quejido, que me va a sustituir. Le animo a que disfrute del trabajo y le digo que puede contar conmigo para lo que necesite. Le deseo mucha fuerza y suerte para que cuando tenga que opositar consiga la plaza.