En plena temporada estival, los ahogamientos son un problema recurrente en España. La provincia de Cuenca, no es ajena a esta realidad. Ríos, embalses, piscinas públicas y privadas reúnen cada verano a miles de personas en busca de alivio frente al calor, pero también se convierten en escenarios potencialmente peligrosos si no se actúa correctamente.
José Antonio García Carrasco, delegado de la Federación de Salvamento y Socorrismo en Cuenca, lanza un mensaje claro: “El agua siempre tiene un riesgo”. Con décadas de experiencia y más de un millar de socorristas formados en la provincia, alerta sobre la falta de formación adecuada, la escasa valoración de la figura del socorrista y las consecuencias de bañarse en zonas sin vigilancia.
Los datos oficiales hablan por sí solos. “En Cuenca se registraron seis muertes por ahogamiento el año pasado. Pero hay estudios que señalan que por cada persona fallecida, entre tres y cinco más necesitan atención médica. Eso nos sitúa en más de 30 personas atendidas en la provincia por incidentes en el agua”, explica García Carrasco.

Hasta el momento de la realización de esta pieza, se ha contabilizado una víctima en la provincia por ahogamiento en el mes de marzo. Aún así, el delegado de la federación en Cuenca advierte que todavía quedan los meses más peligrosos.
Sin embargo, insiste en que estas cifras podrían quedarse cortas ya que algunos casos no se contabilizan.
Aunque pueda parecer que los niños son los más vulnerables, la estadística rompe mitos. “El mayor número de fallecidos por ahogamiento se da en hombres, espñoles, de entre 45 y 70 años. Y aunque no es el perfil del ahogado el niño, hay un incremento importante de fallecimientos”.
En este sentido, García Carrasco insiste en la vigilancia constante del menor, sobre todo, en las tres y las seis de la tarde son las horas más peligrosas donde se producen el mayor número de accidentes acuáticos en niños. El delegado de la federación en Cuenca entiende que es a causa de que se “descuida” al menor y tienen consecuencias fatídicas.
Por ello, la importancia radica en la prevención ya que, en un porcentaje altísimo, este tipo responden al prototipo de accidente prevenible.
En Cuenca, las zonas no vigiladas como embalses, ríos y piscinas privadas son donde más se concentran los problemas. “Los ríos tienen corrientes, remolinos, obstáculos. El bañarse siempre en aguas abiertas tiene un problema añadido, un impacto nos puede causar algo tan simple como una pérdida de conocimiento y podemos terminar ahogándonos. Son entornos cambiantes y peligrosos, es desaconsejable siempre tirarse de cabeza y mucho más si no se ve el fondo”.
En la provincia se supervisan actualmente ocho zonas de baño repartidas en espacios naturales de gran valor. Estas incluyen dos áreas habilitadas en el embalse de Buendía, el río Guadiela a su paso por Albendea, la laguna del Tobar en el municipio de Beteta, el río Escabas en Cañamares, el embalse de la Toba dentro del término de Cuenca, el río Cuervo en Santa María del Val y el río Júcar a su paso por la capital.
El delegado de la provincia de Cuenca de la federación alerta del peligro de formaciones exprés. “Un socorrista no se forma en un fin de semana”, afirma con rotundidad. La Federación de Salvamento lleva más de 1.000 socorristas formados en Cuenca desde que comenzaron. “El perfil es joven, generalmente estudiantes que trabajan una o dos temporadas y luego dejan de ejercer”.
García Carrasco insiste en la necesidad de formación continua y acreditada: “No vale cualquier curso. Hay entidades que ofrecen formaciones rápidas, baratas, sin garantías. Un socorrista tiene una responsabilidad muy alta. Hago un llamamiento a que, desde las autoridades municipales o empresas privadas, contraten a socorristas formados por una entidad acreditada con una formación contrastada. Nosotros, desde la Federación, no solo creemos que ofrecemos una buena formación, sino que también otorgamos una licencia y actualizaciones”.
Además, denuncia la precariedad del colectivo: “No siempre se les paga acorde a su responsabilidad. Y muchas veces deben desplazarse a zonas rurales sin apoyo para alojamiento o transporte. Si encima no cuentan con medios ni con la consideración de profesional, es difícil motivarles”.

García Carrasco considera que no hay escasez de socorristas . “Cada año formamos a suficientes socorristas para cubrir la temporada. Hacemos hasta cuatro cursos al año, con unos 15 o 20 alumnos por curso, pero las circunstancias complican la cobertura en zonas alejadas si el socorrista no tiene coche o si tiene que asumir costes de alquiler”.
Además, insiste en que no todas las piscinas necesitan socorrista, solo aquellas de uso público con más de 100 metros cuadrados de lámina de agua. Por lo que las piscinas de comunidades y hoteles van a requerir la presencia de este profesional.
En cuanto a los medios disponibles, el decreto autonómico exige un botiquín, dispositivos de flotación como el aro salvavidas y una tabla de rescate. Pero para García Carrasco eso no es suficiente: “Deberían añadirse tubos de salvamento, que son más eficaces que el aro. Además, la indumentaria del socorrista debe ser visible y distintiva, no puede ir vestido como cualquier otro trabajador de la piscina”.

Desde la Federación, se trabaja todo el año en campañas de concienciación. “Procuramos hacer exhibiciones que van siempre con algún taller de prevención de riesgos en diferentes puntos como en Las Pedroñeras, Tarancón y, posiblemente, en Cuenca este verano hagamos algún tipo de actuación también”.
Afortunadamente, cuentan con respaldo institucional: “Concretamente en Cuenca tenemos un acuerdo con la Diputación Provincial y los cursos de formación, igual que otras las actividades que hacemos, de difusión y promoción deportiva, también se acogen al programa de subvenciones de la Diputación Provincial de Cuenca. Y, luego, los ayuntamientos con los que trabajamos pues siempre hay buena disposición e incluso ayudas para hacer estas actividades de promoción y difusión”.
Para concluir, García Carrasco, resume así los consejos que hay que tener en cuenta a la hora de bañarse:
“Primero, bañarse en zonas vigiladas o, si no es posible, nunca hacerlo solo; segundo, con los niños, vigilancia activa y cercana, a la distancia de la mano; tercero, evitar siempre cambios bruscos de temperatura, cuarto, evitar zambullirse de cabeza en ningún caso y el quinto punto sería siempre respetar las normas”.
