Con motivo del centenario de Gustavo Torner, uno de los grandes nombres del arte español del siglo XX, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid acoge una exposición-homenaje comisariada por el historiador del arte Arturo Sagastibelza, uno de los mayores conocedores de su figura. En esta entrevista, Sagastibelza repasa las claves de una trayectoria única, marcada por la profundidad intelectual, la fidelidad a Cuenca y una extraordinaria versatilidad creativa que abarca desde la pintura a la museografía.

Una figura capital del arte del siglo XX
¿Cómo definiría en pocas palabras a Gustavo Torner como artista y como persona?
Creo firmemente que Gustavo Torner es uno de los artistas más relevantes del siglo XX. Como creador, es profundo, inteligente, coherente. Como persona, íntegro, discreto y generoso.
¿Qué lugar ocupa dentro del arte abstracto español y europeo?
Ocupa un lugar capital. Por desgracia, los artistas españoles, salvo contadas excepciones, son poco conocidos fuera de nuestras fronteras. Torner merecería mucho más reconocimiento internacional del que ha tenido.
¿Qué rasgo define mejor su estilo: geometría, sobriedad, espiritualidad…?
Lo que mejor lo define es la intensidad y la profundidad conceptual. Su obra es siempre inteligente, cargada de pensamiento. Tanto es así que un profesor de filosofía está escribiendo un libro en el que defiende que Torner merece figurar, aunque sea con un pequeño capítulo, en la historia de la filosofía.

«Hay mucho de Cuenca en Torner, y mucho de Torner en Cuenca»
¿Cuánto de Cuenca hay en Torner, y cuánto de Torner en Cuenca?
Muchísimo. Nunca ha querido abandonar Cuenca; tras recorrer medio mundo, siempre ha vuelto aquí, donde mantiene su único estudio y ha realizado toda su obra.
Y también hay mucho de Torner en Cuenca. Desde esculturas como A la Constitución (1986) o el Monumento Conmemorativo del VI Congreso Mundial Forestal (1966) hasta hitos como su participación en la creación del Museo de Arte Abstracto Español junto a Fernando Zóbel, el diseño del Museo Tesoro de la Catedral o el Espacio Torner y su donación de 88 obras al Ayuntamiento. Su huella es enorme.

«Un artista entre la razón y el misterio»
¿Es Torner más racional o más intuitivo?
Todo artista es ambas cosas. El arte no se puede racionalizar del todo. Si se pudiera explicar completamente, dejaría de interesarnos. Torner plantea en su obra las grandes preguntas que nos inquietan: el sentido de la vida, el dolor, la muerte… Y aunque su grado de racionalidad es alto, también hay mucho de inconsciente y de misterio en su creación.
¿Qué le obsesiona en su trabajo?
Él mismo lo expresó perfectamente en 1968: «Querría que mi obra dejara traslucir el misterio del mundo, mezcla de asombro y temor».
¿Tiene manías o métodos de trabajo particulares?
Ha trabajado en campos muy diversos: pintura, escultura, grabado, tapiz, vidrieras, fotografía, escenografía, museografía… Su ritmo de trabajo no es el del artista que pinta cada día, sino el de un creador polifacético, abierto a múltiples lenguajes.
El centenario en la Real Academia
¿Qué criterios han seguido para seleccionar las obras expuestas en Madrid?
El espacio obligaba a una exposición reducida, así que buscamos que fuera de gran impacto visual. Elegimos pocas piezas, pero de gran formato y enorme fuerza expresiva. Y el resultado ha sido impresionante.
¿Alguna obra especialmente significativa?
Más de la mitad nunca se habían mostrado antes. Destacaría dos: Imposible vuelo (1977) y Edipo (Homenaje a Strawinsky II) (2008). La primera es muy sencilla, la segunda muy compleja, pero ambas igual de conmovedoras. Todas las piezas, en realidad, son magníficas.
¿Cuál ha sido el mayor reto curatorial?
Exponer obras tan potentes sin que se molesten entre sí. Por eso optamos por un montaje muy limpio, que prioriza la presencia de la obra. Con ello también rendimos homenaje al concepto museográfico de Torner, que siempre defendió que lo esencial era la obra de arte, por encima de todo.

El legado: arte, pensamiento y cultura
¿Sigue influyendo Torner en los artistas actuales?
El arte contemporáneo es muy diverso y a veces confuso, con mucho espectáculo, oportunismo y política. Pero quien se acerque a la obra de Torner encontrará una fuente inagotable.
¿Es un artista difícil de entender para el gran público?
Lo es, como todo arte auténtico. La gente suele confundir «reconocer» con «entender». El arte de Torner no representa, presenta otra realidad. Exige sensibilidad, atención, disposición. Pero también ofrece una belleza formal poderosa.

Un maestro de la museografía
¿Cómo valora su trabajo junto a Zóbel y Rueda en el Museo de Arte Abstracto?
Trascendental. Fue una aportación decisiva para el arte español del siglo XX.
¿Qué aporta Torner al diseño museográfico español?
Una contribución absolutamente relevante. Ha diseñado exposiciones para la Fundación Juan March, ha remodelado el Museo del Prado, ha diseñado el Centro José Guerrero de Granada y el Espacio Torner, entre otros muchos. Su labor museográfica es extraordinaria y a veces ha eclipsado su propia obra artística.
¿Qué papel le otorga al arte como herramienta pedagógica o espiritual?
Dedicó gran parte de su vida a la difusión del arte. Para él, como para Eliot, el arte es lo que hace que la vida valga más. En ese sentido, Torner ha sido arte y cultura hechos persona.

«Aún me sorprende»
¿Qué ha descubierto personalmente trabajando sobre él?
Que sigue sorprendiéndome. Cuanto más lo estudio, más misterioso y poderoso me resulta. Su obra tiene un magnetismo que no se agota.
¿Qué debería aprender un joven artista de hoy al estudiar a Torner?
Mirar con atención. Leer sus textos. Escuchar a los críticos que han escrito sobre él. Y no quedarse en la superficie, sino profundizar.
¿Con qué palabras le gustaría que Cuenca lo recuerde en este centenario?
Con gratitud y admiración. Con el orgullo de contar con un artista de tal magnitud.
¿Cómo resumiría su aportación al arte español en una sola frase?
Una contribución absolutamente original, en la que van unidas la calidad artística y la profundidad humana.