Las pocetas de Palomera, uno de los rincones más frecuentados y apreciados del verano en la Serranía de Cuenca, están en peligro. Así lo denuncian los propios niños del pueblo, que han decidido pasar a la acción y pedir ayuda para proteger este espacio natural tan especial. Lo han hecho a su manera: con creatividad, sentido del humor y una gran dosis de compromiso medioambiental.
Su propuesta se concreta en un decálogo de normas cívicas con mensajes tan claros como directos. «Esto no es un baño. Ni el bosque ni los animales quieren ver tu obra», puede leerse en uno de los carteles. «Tu trasero no es el rey del bosque. ¡Llévate tu trono y tus pañuelos!», reclaman con ironía. Y dejan clara su intención: «Haz tus necesidades con responsabilidad: entierra bien y no dejes el papel como recuerdo».

El objetivo de esta campaña no es otro que llamar la atención sobre el mal uso que algunos visitantes hacen del paraje, donde no es raro encontrar restos de basura, papeles usados y hasta colillas. Por eso, los pequeños continúan con otros mensajes: «Disfruta del agua, pero no ensucies la calma. Aquí se viene a refrescar, no a contaminar», o «Espacio sin humo. Queremos respirar oxígeno, no tabaco».
Incluso se refieren a la contaminación acústica, cada vez más habitual: «La música contamina. Será un temazo, pero no hace falta que lo escuchemos todos». El decálogo concluye con una frase que lo resume todo: «El cumplimiento de las normas garantiza un disfrute para todos».
Los vecinos de Palomera respaldan esta iniciativa, pero también advierten de otros problemas que afectan a las pocetas. Aseguran que en los últimos veranos la zona ha sufrido una masificación sin control, con actitudes poco respetuosas que incluyen desde el abandono de residuos hasta la presencia de grupos practicando nudismo en espacios compartidos sin ningún tipo de regulación. «Esto a veces parece una comuna sin normas. Falta vigilancia y sobra descontrol», apuntan algunos residentes.
Pese a todo, las pocetas siguen siendo un refugio natural de gran belleza. A pocos minutos de Cuenca capital, su pequeño salto de agua, el sonido del arroyo y el frescor del entorno invitan al descanso y al baño. Un lugar pintoresco que, como bien recuerdan los más jóvenes del pueblo, solo se podrá seguir disfrutando si se cuida entre todos.