Luis Martínez Kleiser obtuvo en Cuenca y provincia importantes reconocimientos como el de Hijo Adoptivo de Cuenca, en 1926; Medalla de Oro de la Provincia y una calle en la ciudad tras un homenaje compartido con Federico Muelas, Luis Marco Pérez y Leonardo Martínez Bueno en 1963. A este último punto nos vamos a referir más adelante, pero conozcamos antes al personaje que nos ocupa.
En realidad su nombre completo era el de Luis Martínez-Kleiser y García, nacido en Madrid el 6 de noviembre de 1883 y fallecido también en la capital de España el 16 de julio de 1971. Casado con María de las Nieves Rodríguez Cosmen, tuvo cinco hijos, quedando viudo en 1949. Una de sus hijas, María Luisa, se casó en la Catedral de Cuenca el 15 de febrero de 1931 con quien entonces era secretario de la Diputación, el abogado Cayo Conversa Muñoz. La boda, oficiada por el obispo Cruz Laplana, se celebró ante el Altar de San Julián, con la urna abierta del cuerpo incorrupto del Patrón de Cuenca. Asistieron numerosas personalidades de distintos puntos del país y al terminar la ceremonia se ofreció un lunch en el Obispado.

La primera vez de Kleiser en Cuenca
La primera visita de Kleiser a nuestra ciudad se produjo en torno a 1905, cuando contaba unos 22 años, gracias a su preceptor, Félix Durango. El joven escritor, que ya era doctor en leyes, profesión que no ejerció, pues se dedicó a la carrera literaria, se enamoró de Cuenca y pasó grandes temporadas en la ciudad y recorrió la provincia, en carromatos, coches de caballos y los primeros vehículos que empezaron a circular a partir de 1912.
Recorrió la Ciudad Encantada varias veces, e incluso el Ayuntamiento de Valdecabras le puso su nombre a una plaza del encantado lugar; y Priego le rindió un homenaje en 1927; recorrió la Hoz de Beteta, Moya, Alarcón, Belmonte, Castillo de Garcimuñoz, etc. Cuenca le gustó y gracias a sus posibles, pues ya escribía con asiduidad en varios periódicos madrileños, vivió en una casa-palacio de la calle de San Pedro, en lo que hoy se conoce como el Hotel Leonor de Aquitania, tras la remodelación del edificio. Adquirió el Hocino de la Hoz del Huécar, llamado Hocino de Kleiser, como aparece en algunas postales, que luego pasaría a ser el hocino de Federico Muelas y posteriormente de Antonio Saura…, aunque se le siga llamando de Muelas.

El Ayuntamiento de Cuenca le concedió el título de Hijo Adoptivo en 1926, cuando contaba 43 años de edad por los siguientes motivos:
Aunque lo mereciera luego, fue un poco precipitado. El 15 de noviembre de 1926 el Ayuntamiento de Cuenca le concedió el título de “Hijo Adoptivo” por el artículo divulgador “Bellezas naturales de Cuenca”, publicado en Abc el 10 de noviembre de ese año. Se da el caso curioso de que en el texto no aparece ninguna fotografía de Cuenca, y además sobre el título se inserta una fotografía a media página del descarrilamiento de un tren en Belmez.
Había tanta necesidad en Cuenca de olvidar ese latiguillo de ciudad inexistente, que en la edición del 15 de noviembre y con el título “Pro Cuenca”, Manuel Cano escribía desde Madrid un amplio texto en el que decía, entre otras cosas que “el señor Kleiser, con su trabajo de hoy –canto vibrante de entusiasmo— hunde, de una vez para siempre, en el abismo, la fatídica leyenda y muestra al mundo entero la verdad de una población noble, activa, con bellezas sorprendentes, con vida propia”. Solicita al alcalde, Cayo Conversa, un rápido acuerdo de nombrarle hijo adoptivo de la ciudad del Cáliz y la Estrella. Y efectivamente, la Comisión Permanente, presidida por Conversa, padre del que sería luego yerno de Kleiser, como hemos comentado antes, aprobó el nombramiento.
Dado que era un personaje muy asiduo en la ciudad, con porte y distinción, en general la noticia del nombramiento de hijo adoptivo fue bien acogida, aunque hubo otras opiniones distintas desde el periódico “La Voz de Cuenca”, que en primera instancia resaltó la publicación de Kleiser, señalando que era un artículo hermoso y muy interesante. El habitual colaborador, Basiliso Martínez Pérez, en un largo texto titulado “¡Señor, cuánta humildad!”, referido a la petición de Manuel Cano en “El Día”, decía con bastante razón que no se podía dar un título así por un artículo. “A este paso tendremos en Cuenca una larga lista de hijos adoptivos”.
En nota de redacción se citaba a otros escritores locales y foráneos con méritos similares como Pallardó, Medina Pinilla, Jiménez de Aguilar, Zomeño, Rodolfo Llopis, Garrido, Benítez y otros. El director, Daniel Calvo Portero, en otro texto titulado “Con toda imparcialidad”, decía: “Celebramos cuanto se haga por honrar a los amantes de Cuenca”, pero con el mismo criterio pedía el nombramiento de hijo adoptivo para Rodolfo Llopis por su trabajo en la Guía de 1923 y sus artículos en La Voz y en el diario madrileño “El Sol”, que los publicaba sin coste, mientras que en “Abc” había que pagar alguna cantidad, apuntaba. La polémica estaba servida y Kleiser tardó algún tiempo en recibir el título.
Tuvieron que pasar tres años y para entonces había escrito otros artículos sobre Cuenca, la provincia y sobre la Semana Santa, en ABC, Blanco y Negro y La Esfera. El 8 de abril de 1929 recibió el pergamino con el nombramiento de Hijo Adoptivo de Cuenca, y pocos días antes había publicado un extenso trabajo sobre la Semana Santa, además del famoso artículo de “Di que eres de Cuenca y entrarás de balde”, que ocupó la tercera página de ABC y dos páginas más, con el antetítulo “El pasado glorioso”.
Esa frase venía a resumir los favores y bienes que recibió Cuenca de su rey conquistador Alfonso VIII, que la dotó de un Fuero que fue modelo de su época. Tras citar títulos, prebendas y distinciones reales; la concesión de la Serranía de Cuenca y del Fuero más importante, entre los de Castilla y León, venía a decir Kleiser que Cuenca se sintió agradecida y vanidosa de no tener que pagar “portadgo ni montadgo de Tajo acá”, por cuya concesión se hizo proverbial el dicho. “Dí que eres de Cuenca y entrarás de balde”. Recordaba Kleiser que “grande y poderosa fue Cuenca en aquel entonces”, con su fábrica de moneda, como Burgos, Toledo, Sevilla o La Coruña, únicas ciudades patrias que gozaban de ese privilegio, sus tapices y lanas, seis imprentas y molino de papel”.
No podemos olvidar los trabajos que sobre la Semana Santa dejó el escritor enconquensado en la Hemeroteca Nazarena.

Luis Martínez Kleiser fue un auténtico propagador de la Semana Santa de Cuenca, y ya en 1926, tras ser nombrado hijo adoptivo de Cuenca, la Hermandad entonces denominada Jesús ante Anás y Caifás (Ecce Homo de San Miguel), le nombró cofrade. Al efecto, en la Semana Santa de 1928, “El Día de Cuenca” se hace eco de la presencia de Kleiser como nazareno, señalando en un suelto que “en la procesión del Silencio asistió por vez primera como hermano el inteligente y católico literato, el cantor de las bellezas de Cuenca, don Luis Martínez Kleiser, dando con ello ejemplo de amor a lo que es típico en nuestra ciudad, la Semana Santa”.
Por cierto, en esa Semana Santa de 1928 no salió ninguna de las tres procesiones del Viernes Santo, debido a la lluvia, y ello lo comentamos porque existe un documental de cuatro minutos de Tomás Jaramillo, de Guadalajara, editado por la Diputación alcarreña, que al ser montado se tituló como “Semana Santa de Cuenca 1928”, cuando todo parece indicar que es de 1929, dado que aparecen imágenes del viernes santo y la Torre de Mangana había cambiado su aspecto.
Queda claro que este importante escritor dejó una buena colección de textos sobre la Semana Santa que revalorizan aquellos desfiles de los años veinte. Si Martínez Kleiser se preocupó de dar a conocer nuestra ciudad y provincia, con sus bellezas naturales y monumentales, y de desterrar el latiguillo socarrón del ¿Existe Cuenca?, también fue uno de los impulsores no sólo de dar a conocer una Semana Santa castellana sencilla, austera, de recogimiento y sentimiento, en la que el paisaje era el mejor reclamo, sino de darla a conocer a través de un lenguaje de tipismo y lirismo al mismo tiempo.

La relación de Martínez Kleiser con Cuenca debió seguir increscendo porque posteriormente recibió la Medalla de Oro de la Provincia.
El 29 de octubre de 1930 Martínez Kleiser recibió un homenaje de la ciudad de Cuenca en un acto celebrado en el Teatro Cervantes, recogido con todo lujo de detalles tanto por “El Día” como por “La Voz”, con la presencia del “todo Cuenca”, editando el Ayuntamiento el folleto “Las bellezas naturales y las grandezas históricas de Cuenca”.
En el año 1944, la Diputación editó el libro “Cuenca, Paisajes y Monumentos”, con veinticuatro artículos de Luis Martínez Kleiser publicados en ABC y Blanco y Negro, con prólogo de Ángel González Palencia, y el 16 de enero de 1946, fue recibido como Academico de Lengua de la Real Academia Española, con el sillón R.
El 2 de noviembre de 1955 el señor Martínez Kleiser recibió la Medalla de Oro de la Provincia, “en mérito a su labor literaria”, en el Salón de Actos de la Diputación, de manos del gobernador civil, Juliá Andreu, siendo presidente de la Corporación Provincial, Manuel Lledó Briz. Entre su más de medio centenar de títulos figuran dos novelas conquenses: “Los hijos de la Hoz” y “Talegos de talegas”.

El momento de su calle
Con tantos galardones, ya solo faltaba una calle en Cuenca para Kleiser, además en vida, cosa que no era muy normal antiguamente…
No fue un homenaje solo para Kleiser, sino compartido para tres conquenses tan ilustres como el escritor Federico Muelas y los escultores Luis Marco Pérez y Leonardo Martínez Bueno, el 30 de junio de 1963. Fue idea del alcalde Rodrigo Lozano de la Fuente, que tres años después habilitaría las Casas Colgadas para el Museo de Arte Abstracto Español.
Con ese motivo se descubrio la placa de “Calle Luis Martínez Kleiser” a la paralela situada junto a la Casa de Cultura y a la glorieta González Palencia y la calle Astrana Marín, tres personajes que tenían mucho en común. Era la parte nueva de Cuenca, la de los cerros y la greda, y por ello Federico Muelas publicó en “Ofensiva” en su sección “Cartas sobre la mesa”, que “para una de estas rinconadas, para uno de estos miradores, para una de estas callejas, para uno de estos pasadizos, pido yo el nombre de don Luis Martínez Kleiser, primer paladín de Cuenca cuando sus propios hijos negaban su condición y demasiados tantos nombres que mi discreción ha echado al zurrón del olvido, se decían oriundos de Toledo o de Madrid”.

Estaba claro que Federico Muelas pedía una calle en la zona del Casco Antiguo. Manifestó Kleiser que el médico le había prohibido hablar en público, por lo tanto, en lugar de hablar voy a leer. Y entre otras cosas señaló: “Yo me felicito de esta ocasión que, sin proponéroslo, me brindáis al declarar públicamente que mi mérito ha sido sólo el de estar enamorado de Cuenca sin haber nacido en ella; que mi galardón secreto es el de ver plasmado el ambiente de vuestra serranía en mi novela “Los hijos de la Hoz”; el de haber inspirado con mis publicaciones en ABC un soneto a Cuenca que me dedicó Pérez Zúñiga en “El Nuevo Mundo”.
Artículo que se ha podido hacer gracias a la inestimable y esencial ayuda de José Vicente Ávila.