En la Serranía de Cuenca, existe un artista que ha forjado su trayectoria a base se trabajo, esfuerzo y sacrificio. Renunciando a muchas cosas, no busca deslumbrar al circuito del arte contemporáneo. Su obra no está firmada, ni aspira a ser revolucionaria en el mercado del arte. Y, sin embargo, ha creado uno de los proyectos artísticos más singulares de la provincia de Cuenca: ‘El Paisaje Ilustrado’, un homenaje representando figuras humanas a la cultura rural instalado en plena naturaleza, entre los pueblos conquenses de Valdemeca, Huerta del Marquesado y Cañete.
Zafrilla nació en Valdemeca, en el año 1956, pero a los 15 años decidió hacer las maletas y emprender rumbo a Barcelona. Allí, la ciudad le impactó como un cambio “traumático” respecto al entorno donde pasó su infancia rodeado de naturaleza y de zonas rurales. En la capital catalana se formó lejos de la academias, su historia comenzó como la otros muchos artistas que luchan por conseguir sus sueños pintando en talleres comerciales y vendiendo su obra en la calle. “Mi carrera ha estado siempre ligada a la supervivencia”, recuerda. Fue en la Plaza del Pino donde su vida dio un giro inesperado: un comprador adquirió toda su obra en un solo día y le ofreció exponer en espacios como El Corte Inglés. “Era como subir de nivel”, explica Zafrilla.
A partir de ahí, ha construido una trayectoria de 30 años con más de 45 exposiciones, desarrollando un estilo realista, basado en el tratamiento de la luz y profundamente inspirado en Joaquín Sorolla, muy importante en su carrera además de ser el artistas donde más se ha inspirado, y en la arquitectura y paisaje mediterráneos.
Sin embargo, en 2007 sintió que su camino artístico debía regresar a sus raíces. “Tenía pendiente desarrollar todo el tema de mis orígenes, de la cultura rural que estaba desapareciendo o prácticamente ya lo estaba y se me planteó el tema de pasar a otra etapa mucho más seria y diferente, más ligada a la tierra y no a lo comercial”, explica.

De ese impulso nació El Paisaje Ilustrado, un proyecto que mezcla esculturas, pintura y paisaje en espacios abiertos, algo totalmente clave para entenderlo, y que ha transformado el entorno de Valdemeca y sus municipios vecinos en una galería de memoria viva. “Quería hacer un réquiem, un canto fúnebre a la cultura rural”, confiesa Zafrilla.
La intervención, iniciada en 2009, se compone de figuras a tamaño real, más de 40 entre las tres poblaciones donde se encuentra en la provincia de Cuenca, elaboradas en acero pintado, que representan escenas de la vida tradicional del campo de épocas pasadas. Ganaderos, agricultores, fiestas populares, procesiones o encierros, son algunas de las representaciones que se pueden encontrar. En Cañete, por ejemplo, una escultura recuerda al toro que una vez saltó la tapia durante un encierro. En Valdemeca, una figura de la Guardia Civil se ha convertido, inesperadamente, en la favorita del público ya que todos quieren fotografiarse junto a ella.

El proyecto ha contado desde el inicio con el respaldo de las corporaciones municipales y asociaciones culturales, así como con fondos europeos. La implicación de los vecinos ha sido clave. “Se entregaron a fondo, sobre todo Valdemeca. Es hacer algo que no hay en otro pueblo y con lo que la gente se identifica”, afirma el artista.
Zafrilla define su estilo como silvestre, alejado del academicismo y centrado en la desaparición del ego en la obra donde no aparece su firma en sus creaciones. Su ambición no es acaparar protagonismo, sino emocionar y conectar con el espectador desde la sencillez. La luz y el realismo son su lenguaje, y el paisaje natural es su escenario.
Aunque su propuesta ha tenido una buena acogida por parte de los visitantes y vecinos de la zona, Zafrilla no oculta su preocupación por la situación de la cultura artística en nuestro país. “Hoy día, el conocimiento sobre la disciplina artística es casi inexistente”, lamenta. “Yo creo que no ha habido una época en la historia en la que haya habido tanto desconocimiento y tanta incultura del hecho artístico. Parece mentira, pero es así. Por lo menos yo lo percibo así y lo creo. Hay otras disciplinas que se divulgan muchísimo más como la cocina, por ejemplo”.

Asimismo, para el artista, la instalación en plena naturaleza es vital: “A mí me parece que es el componente esencial. Es una obra de tinte popular, más importante para mí que la comprensión de los académicos o los del arte de vanguardia”. El Paisaje Ilustrado busca despertar la memoria colectiva, pero también revitalizar la España vaciada con una propuesta única, arraigada en la identidad local.
Y es que la implantación de este museo rural al aire libre ha atraído numerosos curiosos que se acercan, algo que supone un impulso para revitalizar las poblaciones de la zona como motor económico fomentado especialmente por el turismo. En este sentido, Zafrilla lo tiene claro: “Creo que se inserta en esa posible corriente de revitalizar las zonas que están vacías. No es la panacea, pero ayudará a que el sector sea más dinámico. Es un aliciente único, del que no hay precedente”.
Con El Paisaje Ilustrado, Luis Zafrilla ha conseguido algo insólito: hacer visible lo invisible, darle cuerpo a una cultura en extinción y convertir el paisaje de su infancia en una obra viva que habla del pasado, dialoga con el presente y, tal vez, inspire el futuro.