El pasado 13 de julio abrió sus puertas en Palomera un nuevo espacio cultural único en la provincia de Cuenca: La Casa de las Marionetas, un centro alternativo de creación, exhibición, formación y divulgación del arte de los títeres. Detrás de esta iniciativa está el titiritero Fernando Moya, alma de la compañía Títeres Cacaramusa Teatro. Hablamos con él sobre este proyecto innovador y profundamente arraigado al territorio.
—¿Cómo nace la idea de crear La Casa de las Marionetas?
—Nace de una necesidad profesional y vital. Necesitábamos un espacio en el que poder producir nuestros espectáculos, pero también queríamos que fuera un lugar vivo, donde compartir el arte de las marionetas con el público, formar a nuevas generaciones y abrir las puertas a otras compañías. En definitiva, crear un pequeño centro de referencia, aunque sea desde lo local.

—¿Por qué Palomera?
—Porque nos recibió con los brazos abiertos. Desde el primer momento sentimos el cariño y la acogida del pueblo, y quisimos que el proyecto naciera aquí, en conexión con su gente y su entorno. También porque es un lugar que inspira tranquilidad, concentración y creatividad, cosas fundamentales para el trabajo artístico.
—¿Cómo es el espacio que habéis creado?
—La casa cuenta con una sala de representaciones, una zona expositiva con marionetas de nuestra compañía y de distintas partes del mundo, una biblioteca especializada, aulas para talleres, y una pequeña zona para residencias artísticas. Es un espacio pensado para crecer con el tiempo y según la demanda. Poco a poco, iremos llenándolo de vida.
—La arquitectura del edificio llama la atención por su integración en el entorno. ¿Cómo fue ese proceso de diseño?
—Fue fundamental contar con Enrique Martínez Gil como arquitecto. Desde el primer momento entendió nuestras necesidades y el alma del proyecto. Teníamos claro que el edificio debía integrarse en el paisaje urbano de Palomera, sin desentonar. Y en el interior queríamos un espacio funcional y diáfano, que pudiera transformarse según los usos, pero con una estética singular, con carácter. Enrique lo consiguió con creces, con creatividad y sensibilidad.

—¿Además de espectáculos, también hay una dimensión formativa?
—Sí, vamos a impartir cursos y talleres dirigidos a profesionales, docentes, estudiantes de escuelas de arte dramático, y también a niños y niñas a través de campañas escolares. Queremos que este sea un lugar donde aprender, experimentar y jugar con los títeres desde muchas perspectivas.
—¿Cómo ha sido la acogida de esta iniciativa en sus primeros días?
—Muy ilusionante. La apertura fue muy especial, con una primera representación para agradecer a los vecinos su apoyo. Sentimos que el proyecto ya es un poco suyo también.
—Este proyecto fue premiado en 2022 por la Diputación de Cuenca. ¿Qué ha supuesto ese reconocimiento?
—Fue un empujón muy importante, tanto a nivel económico como simbólico. Ganamos el Primer Concurso de Proyectos Empresariales Innovadores INTEGRA 4.0, y eso nos reafirmó en la idea de que el arte y la cultura también pueden ser emprendimiento, también pueden generar comunidad y futuro.

—¿Cómo imaginas la Casa de las Marionetas dentro de unos años?
—Llena de movimiento. Con funciones, talleres, artistas en residencia, y sobre todo con personas que entren, miren una marioneta… y salgan un poco más felices o más inspiradas. Ese es el objetivo.
Programación de este fin de semana en La Casa de las Marionetas
Este sábado y domingo, a las 22:00 horas, La Casa de las Marionetas acoge las funciones del Titiritero Bululú Théâtre – Horacio Peralta.
Con algunas historias sin palabras, una música que seduce y los recuerdos de un titiritero como hilo conductor, el espectáculo promete momentos de emoción, poesía y buen humor. Una cita para disfrutar en familia o con amigos en un entorno único.
