Mario Ezno, el conquense que conquista al mundo con Manolo Bolaño

Natural de Huete, se le conoce de manera internacional

Durante la reciente presentación de El Digital de Cuenca, una figura inesperada conquistó al público con una mezcla de humor, ternura y aguda observación: Mario Ezno, titiritero de Huete (Cuenca), acompañado de su inseparable creación, Manolo Bolaño, puso la nota divertida al acto, arrancando sonrisas y aplausos con su peculiar manera de mirar el mundo a través de los hilos de su títere.

Detrás del carisma de Manolo hay una trayectoria vital intensa, moldeada por la calle, el compromiso artístico y una forma de vida nómada que desafía lo convencional. El Digital de Cuenca ha querido conocer más a fondo a este artista conquense que está llevando su arte por medio mundo, con honestidad, pasión y mucho ingenio. Así, en esta entrevista, Mario Ezno repasa sus orígenes, sus influencias, los retos superados y sus sueños por cumplir, con la misma autenticidad con la que sube cada día a escena. Porque, como él mismo dice, «la vida son dos días, y hay que disfrutarla también fuera del trabajo».

Títere Mario Enzo/Néstor Robaina

 Sobre tus orígenes y trayectoria

 ¿Cómo comenzó tu camino en el mundo del arte/música/literatura?

Por obligación. Fueron mis padres los que me empujaron a estudiar una carrera universitaria, y mi madre fue la que me apuntó a las pruebas de acceso a la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD) en Madrid. Ahí comenzó todo, ese fue el momento en el que empecé en el mundo del arte.

 ¿Recuerdas el primer momento en el que sentiste que querías dedicarte a esto?

Sí, cuando empecé a trabajar en la calle. Fue ahí, en contacto directo con la gente, cuando realmente me di cuenta de que me gustaba este trabajo. No fue durante los años de teatro o delante de cámaras, sino cuando tuve la experiencia real y directa con el público de la calle.

 ¿Quiénes han sido tus principales influencias o referentes?

Puede parecer raro, pero mi inspiración viene de gente de mi pueblo, de Huete. Una amiga de mi madre que se llama Marimar, mi tía María… Personas con un humor y una comedia innata que siempre me fascinaban. Yo los veía y pensaba: «¿Cómo pueden ser tan graciosos, tan auténticos?». Ellos han sido mis grandes referentes.

Títere Mario Enzo/Néstor Robaina

 Sobre tu obra o proyectos

 ¿Qué te inspira a la hora de crear?

Es difícil decir una sola cosa, porque depende del momento. Pero si hay algo constante es la necesidad de compartir mi punto de vista y tratar de mejorar, desde el humor o la reflexión, lo que me encuentro en la realidad.

 ¿Cómo nace tu último proyecto y qué significado tiene para ti?

Mi último proyecto es un espectáculo para todos los públicos. Es muy importante para mí porque representa un resumen de todo lo que he vivido y sufrido en la calle, todo lo que he tenido que atravesar en este viaje hasta llegar al momento en el que estoy ahora. Técnicamente, artísticamente y a todos los niveles, es un reflejo muy honesto de mi camino.

 ¿Cuál ha sido el mayor reto al que te has enfrentado en tu carrera hasta ahora?

La creación de una obra de teatro que se llamaba El titiritero. Gasté todos mis ahorros y contraté a demasiada gente. Por factores externos, el proyecto se vino abajo y yo no supe gestionarlo. No solo fue un reto profesional, también emocional. Me afectó profundamente, estuve al borde de la depresión. A partir de ahí aprendí a tomármelo todo de otra manera, con más calma. Porque la vida son dos días y hay que disfrutarla también fuera del trabajo.

 ¿Qué papel juega lo personal en tu obra?

Muchísimo. De hecho, Manolo —mi títere— es mi alter ego. A través de él puedo decir cosas que no me atrevo a decir siendo Mario. Lo que yo no puedo expresar directamente, Manolo lo saca con libertad. La marioneta, curiosamente, tiene más permiso social para decir ciertas verdades.

Proceso creativo

 ¿Cómo es un día típico de trabajo o creación para ti?

Soy un obseso de la organización. Lo primero que hago es ordenar y reparar todo, sobre todo porque vivo en una furgoneta, y eso exige tener el espacio perfectamente controlado para poder tener la mente libre. Luego me dedico a leer noticias de todo tipo de medios y tendencias ideológicas. También me reservo un rato para mí, para ver cómo estoy emocionalmente. De ahí salen ideas que voy plasmando en futuros chistes o textos cómicos.

 ¿Eres más de dejarte llevar por la inspiración o de seguir una rutina estricta?

Aunque tengo una estructura muy organizada, me gusta dejar espacio para que aparezca la inspiración. Hay días que no sale nada, y he aprendido a aceptarlo. Antes me frustraba, ahora lo entiendo como parte del proceso. Si hoy no sale, ya saldrá mañana.

 ¿Qué importancia tiene el error o el fracaso en tu proceso creativo?

Muchísima. Por ejemplo, hace poco en Valladolid, el espectáculo fue mal, y eso lo viví como un fracaso. Pero ahora entiendo mejor por qué pueden fallar las cosas. Yo trabajo mucho con crowd work e improvisación, y hay muchos factores que no dependen solo de mí: el público, el espacio, la técnica. Cuando el error es mío, me duele más. Pero si viene de cosas que no puedo controlar, ya no me machaco como antes.

Títere Mario Enzo/Néstor Robaina

 Visión y compromiso

 ¿Sientes que el arte tiene una responsabilidad social?

Completamente. El arte es un espejo de la sociedad, y nosotros, los artistas, tenemos el deber de mandar mensajes críticos, reflexivos, a veces también esperanzadores. Somos altavoces, estamos expuestos al público, y eso implica una responsabilidad social que debemos canalizar bien.

 ¿Qué mensaje te gustaría que se llevara el público de tu obra?

Más que un mensaje, una sensación. Me interesa mostrar una forma de vida que no se enseña en las escuelas. Algo distinto, que me he ido forjando con los años. Una especie de «sí se puede», que invita a creer en uno mismo y entender que nadie va a sacarte adelante si no lo haces tú. Y sobre todo, que disfrutar es importante: se trata de pasarlo bien, de echar un buen rato.

 ¿Cómo ves el panorama actual en tu disciplina? ¿Qué cambiarías?

Hay muchísimo talento, pero también mucha competencia. Y sobre todo, muchos gastos. Lo que cambiaría es introducir más ayudas tecnológicas para reducir los costes de producción y realización de espectáculos. Porque ahí está el gran problema: en lo económico. Mucha gente con talento se queda por el camino por falta de apoyo o recursos.

Títere Mario Enzo/Néstor Robaina

 Futuro y proyectos

 ¿En qué estás trabajando ahora? ¿Qué se viene próximamente?

Estoy escribiendo pequeños textos sobre experiencias vividas en los 57 países que he visitado. Los cuentos desde mi punto de vista y también desde el de Manolo, mi títere, que les da el giro cómico. Quiero llevar esto a salas pequeñas, a open mics o bares, en formato monólogo de stand-up, pero con una marioneta de hilo, algo que creo que nadie más está haciendo ahora mismo.

 ¿Tienes algún sueño profesional aún por cumplir?

Sí: actuar en el auditorio de Cuenca y llenarlo. Que venga gente de toda la provincia a verme y compartir conmigo ese momento sería, de verdad, la hostia.

 ¿Qué consejo le darías a alguien que empieza en el mundo artístico?

Que sea constante. Esta carrera es muy dura, tiene muchos altibajos, y hay que estar preparado para reinventarse y cambiar el enfoque mil veces. A mí me ha llevado diez años llegar hasta aquí. He estado a punto de dejarlo muchas veces, he tenido que hacer otros trabajos… Pero si sigues, si eres constante, acabas encontrando el equilibrio entre lo que quieres contar, tu crecimiento personal y la parte económica.

 Preguntas rápidas

 ¿Un libro o disco que te marcó?

La danza de la realidad, de Alejandro Jodorowsky. Es un libro que me abrió la mente como artista. Y tuve la suerte de conocerlo en persona en Madrid.
Y un disco: Back in Black de AC/DC. Lo descargué en Ares cuando no existía Spotify. Me transmitía una energía increíble, me ponía de buen humor siempre. 

¿Un lugar que te inspira?

Mi pueblo: Huete. Pero no tanto por el paisaje, sino por su gente. Cada vez que llego allí, siento que estoy dentro de una obra de teatro viva. Hay personas muy graciosas, muy auténticas, con historias increíbles. Observarlas es una fuente constante de inspiración.

 ¿Con qué artista te gustaría colaborar?

Con los artistas castellanomanchegos, con quienes ya estoy colaborando y me encantaría seguir haciéndolo. Tenemos un humor y una cultura muy parecidos, y es muy fácil crear juntos desde ese entendimiento común. Pero tengo uno que no es castellanomanchego ni español, pero siempre fue mi referente: Barti en Alex, un titiritero con el que he coincidido muchas veces y que podría decir que es mi profesor sin que él lo sepa, jajaja. Sería un sueño trabajar con él algún día antes de que se jubile, que creo que le queda poco.

 ¿Tu mayor virtud y tu mayor defecto?

Mi mayor virtud: la constancia.
Mi mayor defecto: la cabezonería y un pronto que a veces me hace actuar sin pensar demasiado.

Este titiritero es Mario Ezno, un optense  de medio mundo que ha querido dejar su impronta en esta entrevista: un tipo amable y muy comprometido con su trabajo, que convierte cada escenario —ya sea una plaza, un teatro o un pequeño pueblo— en un lugar donde el humor y la verdad se dan la mano. Porque, como él mismo dice, «a veces una marioneta dice más que mil discursos».

Rafael Torres

Nacido en Cuenca. Estudiante del Grado de Periodismo en 4 ° curso en la Facultad de Comunicación de Cuenca
Botón volver arriba