La diócesis de Cuenca celebró este domingo la festividad del Corpus Christi con una emotiva eucaristía y una solemne procesión que volvió a llenar las calles del casco antiguo de fe, silencio y belleza. Centenares de fieles acompañaron al Santísimo Sacramento, en una de las celebraciones más importantes del calendario litúrgico, que se consolida cada año como una cita ineludible para la comunidad cristiana conquense.
Los actos comenzaron con la Santa Misa concelebrada en la Catedral y presidida por el obispo de Cuenca, monseñor José María Yanguas. En su homilía, el prelado recordó que el Corpus Christi es «la manifestación pública de nuestra fe, el testimonio humilde pero firme de que Cristo vive y camina con nosotros». La ceremonia estuvo acompañada por la Capilla de Música de la Catedral, dirigida por José Antonio Fernández Moreno, maestro de capilla y canónigo.

Un desfile eucarístico cargado de simbolismo
Tras la misa, comenzó la procesión eucarística, encabezada por la Banda de Trompetas y Tambores de la Junta de Cofradías, dirigida por Francisco Javier Poyatos. La cruz parroquial, los ciriales y los guiones de hermandades y cofradías fueron tomando posición siguiendo el orden cronológico de la Semana Santa conquense. Entre ellos, destacaban los estandartes de la Hermandad de la Virgen de la Luz, la Archicofradía de San Julián, o la Hermandad de San Isidro, además de las Damas de la Congregación de Nuestra Señora de la Soledad y de la Cruz y otros movimientos religiosos de la ciudad.
Por primera vez, participaron en el cortejo representantes de Cáritas Diocesana, símbolo del compromiso social y de la caridad activa de la Iglesia.

Los protagonistas más pequeños fueron los niños y niñas vestidos de Primera Comunión, que con gran respeto lanzaban pétalos de flores al paso de la Custodia, escoltada por miembros de la Guardia Civil y la Policía Nacional.
La procesión contó con la presencia de la Junta de Diputación de la Junta de Cofradías, encabezada por su presidente Jorge Sánchez Albendea, así como representantes del Ayuntamiento de Cuenca.
Altares, oración y música para honrar al Santísimo
A lo largo del recorrido, la Custodia se detuvo ante los ocho altares instalados por distintas hermandades, verdaderas joyas efímeras llenas de simbolismo, arte floral y devoción. En cada uno de ellos, el obispo dirigió una oración ante el Santísimo, acompañado del canto sobrio y recogido del coro de la Catedral.
El cortejo se cerró con la Banda de Música de Cuenca, dirigida por Miriam Castellanos, que interpretó marchas como Cordero de Dios o Cristo de la Presentación, envolviendo el ambiente de una solemne espiritualidad.

La fe que camina por Cuenca
El Corpus Christi se afianza como una de las manifestaciones públicas de fe más importantes en Cuenca, ganando participación y fervor. Más allá del incienso, los altares y la música, esta procesión es el corazón latente de una ciudad que sigue creyendo, que sigue caminando detrás del Pan consagrado como testimonio de esperanza.
Porque en Cuenca, la fe no solo se celebra: se vive, se canta, se adorna y se ofrece. Y cuando el Cuerpo de Cristo sale a la calle, todo se convierte en altar.