La ciudad de Cuenca experimentó una tarde sumamente incierta. El firmamento encapotado advertía una tempestad, tal y como sucedió, interrumpiendo uno de los acontecimientos más apreciados del mes de junio: la procesión de San Antonio de Padua, una fecha estrechamente vinculada a la herencia de los conquenses.
Justo unos instantes antes de que comenzara la procesión, la lluvia se precipitaba con intensidad sobre la ciudad. Esto forzó a la hermandad a postergar la procesión en las proximidades de la Ronda Oeste, lugar donde se encuentra la ermita de San Antonio de Padua y de San Isidro de Abajo.
El resto de actividades programadas para la celebración de la festividad de San Antonio, en el día de su festividad, 13 de junio, sí se llevaron a cabo, como fue el reparto de la caridad y venta de roscos del Santo. Y la misa en honor al titular de la hermandad presidida por Joaquín Ruiz, párroco de la iglesia de San José Obrero.