La preocupación de los residentes del barrio de Villarromán, uno de los más habitados y frecuentados de Cuenca, se incrementa debido al exceso de velocidad de numerosos automóviles que transitan diariamente por sus vías.
Aunque existen señales de restricción a 30 km/h en la mayoría de las vías residenciales, muchos conductores las pasan por alto, comprometiendo la seguridad de peatones, ciclistas y otros conductores de automóviles.
«En términos generales, se cumplen las reglas de tránsito», expresa un retirado guardia civil de tráfico que prefiere preservar su identidad. La presencia de andenes y glorietas obliga a los conductores a disminuir su velocidad. No obstante, se notan algunos conductores que exceden la velocidad establecida en las señales de tráfico.
«Hay coches que pasan por aquí como si fuera una autopista. «Yo tengo que agarrar bien a mis nietos cuando cruzamos, porque no te da tiempo ni a verlos venir», comenta Ángel Dolz, residente de la zona desde hace más de veinte años. Como ella, muchos residentes denuncian que no se respetan los límites y que falta vigilancia policial.

Según los residentes, uno de los aspectos más controvertidos es la Avenida del Mediterráneo, una de las principales vías del barrio. La extensión de la vía y la limitada existencia de badenes propician que algunos conductores incrementen significativamente su velocidad. «No se observan los pasos de cebra.» «Existen días en los que, para cruzar, tienes que jugarte la vida», añade Miguel Ángel Pérez, abuelo de dos nietas que afirma haber sufrido más de un susto en su trayecto hacia la escuela.

Por su parte, algunos vecinos defienden que no todos los conductores son irresponsables y que el problema está en una minoría. «La mayoría respetamos las normas, pero pagamos justos por pecadores», comenta Mario Gil, joven conductor.

«El problema no es el tráfico, es la falta de control a quienes se saltan las reglas», opina Miguel Ángel León, sobre todo en los pasos de cebra, que por cierto algunos llevan años sin pintarse, señala.

Cristina Moreno comenta que hay gente que sí y otros que no. Entiendo que lo primero es pintar los pasos de cebra. Otra cosa distinta son las noches; los jóvenes no respetan la circulación por las noches y da miedo.

Alexy María opina que se circula bien y se respetan las normas más que en su ciudad de Constanza (Rumanía).

José López sostiene que él nota una buena conducción. No enfrento dificultades, ya que no es un área de gran tráfico, a pesar de que he residido en el barrio durante 18 años y noto que el tráfico se incrementa progresivamente.

Las solicitudes de acciones efectivas son constantes. Algunos sugieren la implementación de más pasos elevados, radares educativos o cámaras de control de velocidad, tal como señala Benito Cárdenas.

El debate está en marcha y, al volante, mientras tanto, vecinos y conductores coinciden en un punto esencial: la convivencia entre peatones y vehículos debe ser una prioridad. En un barrio con alta densidad de población y numerosos centros educativos, la responsabilidad al conducir no es una cuestión legal, sino también cívica.