Imposible pasar por delante y no pararse. Entre botes de pintura y aguarrás salta la noticia cuando el pequeño dibujo que sostiene una joven en la mano queda reflejado así de grande en la pared. Son dos estudiantes de tercer curso de la Facultad de Bellas Artes. Y son los responsables de esta fantasía en uno de los puntos de encuentro más famosos de la ciudad, la esquina de la calle Aguirre con la peatonal San Francisco, frente a San Esteban. ¿El motivo? El vino. Uno de los mayores reclamos turísticos de la provincia de Cuenca y de la región.
Lidia Arias cuenta en El Digital de Cuenca que la ha contratado un empresario de vinos que quiere abrir un local tipo vinoteca con servicio de sommelier y degustación gourmet. Todo muy sofisticado, incluido el dibujo que ha hecho ella misma después de meditar el propósito y los objetivos de «Degustar», como se va a denominar a este espacio. «Me contactaron en la UCLM y me gustó mucho la estética que tenía el negocio, dije que aceptaba el trabajo y me traje a mi ayudante pintor», sonríe emocionada.
Cuenta que el detalle de las uvas y el vidrio de la botella en círculos con las puertas tipo cristalera conforman un «trampantojo» buscado por los dueños para transmitir una lectura determinada: «Quise poner primero la materia prima, la viña, de donde se extrae el vino, y luego utilizar el interior del local como puerta para acceder al misterio». Todo ello echando mano de «simetría y elegancia», gracias a las vidrieras del interior.
Sin embargo, donde está el quiz de la cuestión es en el centro del dibujo. «Digamos que es como el Santo Grial, que sería la botella de vino», desvela Lidia con satisfacción. De manera que quien entre pueda sentirse Indiana Jones o simplemente un conquense al que le apasiona el mundo de la enología.
A los artistas todavía les quedan tres días para terminar su obra, y el local estará abierto a finales de mes.











