En Cuenca existen procesiones que resuenan en el núcleo de la ciudad; sin embargo, existen otras, más pequeñas, más privadas, que se ocultan con la intensidad de lo auténtico. En el modesto y acogedor barrio de Tiradores Bajos, el domingo 1 de junio, al aparecer el Cristo del Amparo en la calle, el barrio se transformó en emociones hondas, en miradas cruzadas de los vecinos y en lágrimas sinceras.
A las 20:00 horas, la imagen del Cristo del Amparo, en compañía de la Virgen Milagrosa y del Niño Jesús, salía de la parroquia del Cristo del Amparo para recorrer las calles del vecindario de Tiradores Bajos en procesión. La Banda de Tambores y Trompetas de la Junta de Cofradías de la Semana Santa de Cuenca daba inicio al cortejo, seguido por la cabecera y los hermanos mayores de la Hermandad del Cristo del Perdón, que está estrechamente vinculada a la Hermandad del Cristo del Amparo.

También desfilaban la Reina y Damas de las fiestas del barrio, junto a vecinas vestidas de manolas. La presidencia religiosa recaía en el párroco de la iglesia de Cristo del Amparo, Declan Huerta Murphy; la presidencia civil la ostentaba el concejal Víctor Manuel Fernández, acompañados de miembros del PP.

La Banda de Música de Cuenca, bajo la dirección de Mirian Castellanos, concluía el desfile, aportando armonía musical al andar de las imágenes por las íntimas calles del vecindario. Muy emotiva resultó la procesión por la calle del padre Ricardo Rábanos, el benefactor del barrio en aquellos años de escasez y pobreza.
En resumen, fue una procesión distinta. Porque lo que se vive en la tarde-noche en el barrio de Tiradores Bajos es puro evangelio cotidiano. Vecinos que se conocen de toda la vida, generaciones unidas por una imagen que no es solo una talla, sino parte de su propia historia y de la ciudad de Cuenca.